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domingo, 26 de julio de 2009

Por sus frutos los conocereis



Dios te bendiga!!.

¿De qué trata la vida cristiana? Se trata de conocer a Dios y a Su hijo Jesucristo y dar fruto. En el evangelio de Juan, Jesús dijo:

Juan 15:16

No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.

También Pablo dijo en

Romanos 7:4
Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.


En la parábola del sembrador Jesús habla de los cuatro diferentes tipos de personas que escuchan la Palabra de Dios.
El segundo y tercero eran aquellos que fueron infructuosos, mientras que en el último, el loable, es el que “oye y entiende la Palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta y a treinta por uno.” (Mateo 13:23)

Por lo cual, lo que Dios planeó para los cristianos no era solamente creer y sin cambio alguno.
El ser solamente un tipo de árbol o dar el mismo tipo de fruto que daban antes. El hecho de que no demos fruto le importa a Dios.
Déjame repetir esto: Dios no tiene la intención de que solo vayas por la vida. Dio te hizo una criatura única, te dio dones, sí, a ti, únicamente, y te comisionó para que hicieras una cosa: para que fueras y llevaras fruto.
Pronto veremos cómo se hace, pero ten en mente que Dios ha dado dones a cada uno de sus hijos, desde el más joven hasta el más viejo, del más podre al más rico, desde el analfabeta hasta el más educado, Él les ha dado dones únicos y desea que llevemos mucho fruto.
Veamos de nuevo lo que el Señor dijo en Juan 15:

Juan 15:8
En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto”

Juan 15:1-2
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador... y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”

El Padre se regocija cuando sus hijos producen fruto. Observa que tiene cuidado especial al podar, limpiar a todos aquellos que llevan fruto para que ¡lleven más! El Padre no quiere más ramas en la vid... quiere ramas fructíferas, no, ramas ABUNDANTEMENTE fructíferas, ramas que den fruto a su máximo potencial.
Hoy, muchos cristianos se hacen a un lado esperando que alguien más “se encargue del show” en lugar de ellos.
Un “profesional”, porque ellos no son.... “profesionales”, pero Pedro y los otros – la mayoría de ellos pescadores del primer siglo no eran profesionales en ese sentido.
¡No se graduaron de ningún seminario y ni siquiera lo necesitaban! ¡El único título que tenían era el de pescadores!
Hay algunos por ahí que aunque han creído, no se les ve que lleven fruto en su vida. Una vida cristiana sin cambio, es una vida cristiana sin fruto, son una contradicción de sí mismos.
Y con esto no quiero decir que cristianos apasionados con celo de Dios y su Palabra no cometen errores, ¡claro que sí!.
Pero cristianos apasionados rechazan el llamado masivo, que dice: “sigue la corriente... es suficiente con ir el domingo al templo, sentarse en la banca, cantar y escuchar el sermón, luego regresar a casa y olvidarse de todo hasta el próximo domingo”. Los cristianos apasionados no se arriesgan.
No se conforman con menos. Buscan a Dios y quieren crecer en Él, quieren acercase más y más a Él y a Su Hijo, quieren que Cristo se manifieste en sus vidas tanto como sea posible.
Los cristianos apasionados tienen, valga la redundancia, pasión por el fruto y visión por Cristo, y la novedad es que Dios quiere que seas como ellos, quiere que seas un CRISTIANO APASIONADO o por decirlo de otra forma un cristiano con pasión por Dios.
Un cristiano caliente, no uno tibio (Apocalipsis 3:15), que seas una rama fructífera que florece y da fruto a su máxima potencia. De eso se trata la vida cristiana.

Fruto: ¿Qué es?
Para ponerlo fácil yo diría que fruto es una vida cambiada, centrada en Cristo, una vida a la que hemos muerto a nosotros mismos para que Cristo viva a través de nosotros (Gálatas 2:19-20).
Una vida que busca complacer a Dios y no a uno mismo o a la gente; una vida cuyo tema central y prioridad es Dios. Veamos lo que dice la Escritura:

Gálatas 5:22-25
22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.


Lo que quiere decir con espíritu es el nuevo hombre, Cristo en nosotros. Vivir de acuerdo al nuevo hombre produce el fruto mencionado en los versículos anteriores, el carácter del nuevo hombre es el que Cristo tiene. Leamos

Efesios 2:10:

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.


Dios ya ha preparado de antemano las buenas obras en las cuales debemos andar. A cada uno de nosotros nos ha dado dones únicos, como un árbol plantado y destinado a dar fruto. El objetivo de esto es complacer al Padre y llevar fruto.

1 de Pedro 4:7:11

7 Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.
8 Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.
9 Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.
10 Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
11 Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

En este pasaje da instrucciones de “como ser” en varias cosas. Velad en oración, tener ferviente amor los unos a los otros, ser hospitalarios sin murmurar.
Observa también que cada uno de nosotros a recibido un don de Dios.
Dios a dado dones únicos a cada uno de Sus hijos.
Como cada una de las partes del cuerpo es única y puesta en su lugar con una función, así también cada uno de nosotros: hemos sido puestos por Dios en el cuerpo de Cristo, la iglesia, y hemos recibido cada uno dones únicos para funcionar ahí (1 de Corintios 12:12-27).
Y lo que Pedro nos dice aquí es simplemente una cosa: ¡FUNCIONA! Dios no ha dado dones a ciertos individuos solamente; no ha dado dones solo a tu pastor o sacerdote. Este pasaje no se refiere a un grupo específico de personas dentro de la comunidad cristiana.
Por el contrario, se refiere a todos los cristianos, ¡incluyéndote a ti! Observa que también dice que se ministren los unos a los otros. Yo te ministro a ti, tu me ministras a mí.
Hoy usamos la palabra “ministrar” para describir a alguien con un rol más que nada administrativo.
Así al pastor o el sacerdote de la comunidad de creyentes local se le llama “ministro”.
Es el único que se supone que puede ministrar, mientras que todos los otros que no son pastores ni sacerdotes y que no toman parte en la administración de la comunidad son los que reciben la ministración, pero ¿nunca pueden ministrar? Ésta es la idea que implícita o explícitamente reside en la mente de muchos.
Bueno, pues la noticia es que esta idea no es originada por Dios ¡ni es fundamentada en las Escrituras!
La idea que la Escritura promueve es la siguiente: cada uno de nosotros ha sido dotado por Dios de manera única y de la misma forma ha sido puesto en el cuerpo de Cristo.
En las Escrituras no existen tales cosas como clero o laicado.
Como dicen las Escrituras, todos nosotros somos sacerdotes de Dios.
Veamos cómo lo pone Pedro tan maravillosamente:

1 Pedro 2:9
Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

1 Pedro 2:5
“vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”


Se espera que cada uno de nosotros funcione en su don, ministrando unos a los otros.
Lo que 1 de Pedro 4:7-11 nos dice es que te debes de ocupar en los dones que Dios te dio. Enfócate en tu don y ejercítalo.
No se trata de que si tienes un “ministerio” o no, porque en realidad ¡sí tienes uno!
¡Eso es un hecho! Y lo que Pedro dice es ocúpate en eso, ocúpate ministrando de acuerdo a tu don.
De nuevo, aunque lo anterior son frutos y puede que parezca que ocuparse haciendo o caminando producirá fruto, esta no es la imagen completa.
Ocuparse ejecutando nuestros dones presupone una relación viva con el Señor Jesucristo.

Filipenses 1:9-11
9 Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento,
10 para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo,
11 llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.

Los frutos de justicia “son por medio de Jesucristo” no por nuestras fuerzas. Además, su resultado es la gloria y alabanza de Dios.
Como Jesús explica en Juan 15, Él es la vid y nosotros los pámpanos:

Juan 15:4-5,8
4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Producir fruto, presupone que somos permanentes en la Vid. Y nosotros no somos la Vid.
¡Es Cristo! Nosotros somos los pámpanos, es imposible para un pámpano producir fruto si no permanece en la Vid.
Del mismo modo con nosotros, es nuestra unión con Cristo la que puede hacernos, los pámpanos, producir fruto.
En este caso, los pámpanos no son nada más que la forma en que la Vid produce fruto. Ministrar y ejercer las buenas obras que Dios preparó para nosotros presupone, por lo tanto, una relación apasionada con el Señor Jesucristo, a quien queremos complacer.
El enfoque no es precisamente en las obras mismas sino en Cristo, y a través de nuestra unión con Él, como permanecemos en Él, “por medio de Jesucristo” como la epístola de Filipenses dice, el fruto se hace evidente.
Avanzando un poco más en esto, Cristo habló de falsos profetas y dijo que los reconoceremos por sus frutos.

Mateo 7:15-20
15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.
19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
20 Así que, por sus frutos los conoceréis.


Permanece en Cristo, porque el que permanece en Cristo y Cristo en él solo puede producir una cosa: ¡mucho fruto!
Fruto: Podar
No sé mucho de jardinería, pero sé desde que estaba en la escuela que para que una planta pueda producir fruto necesita ser podada de vez en cuando. Como quiera ésta no es una definición completa.
Buscando en internet encontré la siguiente definición en wikipedia: (ver:
http://es.wikipedia.org/wiki/Poda)


La Palabra habla sobre los falsos profetas (Mateo 7:5),
falsos Cristos (Mateo 24:24),
falsos apóstoles (2 Corintios 11:13),
falsos hermanos (Gálatas 2:4, 2 Corintios 11:20),
falsos maestros (2 Pedro 2:1),
obreros fraudulentos (2 Corintios 11:13).
Hay algo para identificar a este tipo de personas, me refiero al ¡fruto!, y el fruto bueno solo puede venir a través de “Jesucristo”.
Cualquier otro árbol, aunque pueda ser que hable de Dios, incluso de Cristo, puede producir fruto falso.
De esta manera, mi querido hermano o hermana, me gustaría animarte a buscar a Dios con todo tu corazón; a que apasionadamente busques crecer en tu relación con nuestro Dios vivo para luego ocuparte en lo que sea que Él haya preparado para ti.
El fruto del espíritu se llama asi porque el árbol es el Espíritu Santo, la nueva criatura, Cristo en nosotros.

sábado, 25 de julio de 2009

Pablo y Filemón



Dios te bendiga!

Alguna vez has leído el libro de Filemón? Es un libro muy corto, pero maravilloso. Técnicamente sería difícil llamarlo libro porque no es más de una página! No lo crees? Leámoslo juntos:

Filemón 1-25
1 Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro,
2 y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa:
3 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
4 Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones,
5 porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos;
6 para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús.
7 Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos.
8 Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene,
9 más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo;
10 te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones,
11 el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil,
12 el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo.
13 Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio;
14 pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario.
15 Porque quizá para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre;
16 no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor.
17 Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo.
18 Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta.
19 Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también.
20 Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor.
21 Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aun más de lo que te digo.
22 Prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido.
23 Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús,
24 Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.
25 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.


Esta es la carta más corta de Pablo y después de los saludos , en el versículo 10, nos da el motivo principal por el cual la escribió.
“La razón era “apelar” , suplicar, rogar a Filemón por Onésimo.
Podemos deducir en el versículo 16 que era esclavo de Filemón, que por alguna razón había escapado de su amo.
Pablo dice: “ ...mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones"
Con esto entendemos que Onésimo conoció a Pablo cuando estaba en prisión y ahí se convirtió al evangelio.
Ahora Onésimo iba de regreso con su amo y aunque no se indica en el texto, tiendo a pensar que él mismo llevaba la carta a Filemón.

Volviendo a lo que dice la carta, lo que me impresiona y quiero señalar es cómo Pablo manejó una situación potencialmente difícil: un siervo que había huido de su amo.
El siervo muy probablemente también le debía dinero al amo.
Resulta que este amo es un cristiano maravilloso.
El siervo conoce a Pablo y se convierte en creyente; al mismo tiempo éste le resulta muy útil sirviéndole “en la cadena del evangelio”.
Qué hace Pablo en dicha situación? Que harías tu? Ponte en los zapatos de Pablo, después ponte en el lugar de Filemón.
Sé que es retadora la situación pero respira un poco y también ponte en el lugar de Onésimo.
Todos son cristianos y todos aquí tienen una situación que manejar. Yo no le llamaría a ésta una situación “especial”.
Todos nosotros tenemos que tomar decisiones en nuestra vida diaria y ésta es una situación cotidiana.
Es por lo tanto una excelente oportunidad para ver cómo Pablo la manejó.
Menciono solo a Pablo porque no sabemos qué hizo Filemón cuando recibió la carta. Por lo cual nos tenemos que enfocar en lo que hizo Pablo y estoy seguro que vamos a aprender mucho.

Primero que nada, quién era Pablo? Pablo era un siervo maravilloso del Señor.
Él extendió el evangelio a los gentiles como nadie más lo hizo en el siglo I.
Las iglesias no conocían a nadie mas que a él.
Para la mayoría de los gentiles creyentes él era su “padre” en la fe, él que los llevó a la verdad y esto también es válido para ambos dos, Onésimo y Filemón.
Ahora este hermano está en prisión y Onésimo lo está ayudando, es muy útil para Pablo.
El problema es que él era tambien un esclavo fugitivo.
Su amo es un hermano en una iglesia que Pablo había fundado.

Cómo manejó Pablo la situación con este siervo cristiano que en realidad le era útil? La respuesta es con amabilidad, amor y honestidad.
Hablándole a Filemón, le escribió como de hermano a hermano.
Dice: “Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, más bien te ruego por amor”.
Tenía la libertad de ordenar, pero no lo hizo.
Sin embargo suplicó a Filemón, hizo una apelación, le rogó por amor.
Pablo no ejerció la autoridad como superior en sus asuntos, tampoco manipuló.
Sí, tiene la libertad de ordenar lo que conviene pero si lo hubiera hecho entonces no hubiera sido “por amor” y es AMOR lo que cuenta. Lo que hace es por amor, porque es amor lo que importa, es apelar – no ordenar, dictar o manipular.

Y luego dice algo más: “el cual vuelvo a enviarte (Onésimo); tú, pues, recíbele como a mí mismo.
Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio; pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario.”

Pablo pudo haberse quedado con Onésimo y solo enviarle una carta a Filemón diciéndole que se le ordena recibir de nuevo a Onésimo, o le pudo haber ordenado que se olvidara de Onésimo porque Pablo lo necesitaba en ese momento y por esa razón se lo iba a quedar.
Pablo no obró de esa manera, envió de regreso a Onésimo apelando a Filemón para que le recibiera.
Luego le dice a Filemón que le gustaría quedarse con Onésimo para que le ayudara en la cadena del evangelio “ de parte de Filemón”.
Pon atención a “de parte de”.
Pablo no dice “en lugar de ti Filemón”.
Onésimo no iba a remplazar a Filemón.
Si Onésimo regresara a servir a Pablo estaría ahí “de parte de Filemón”, “a favor de Filemón”, “por Filemón”.
Esto se necesita enfatizar porque algunas traducciones han traducido “en lugar tuyo” y este es un engaño.
La palabra griega que traduce “de parte de” es “huper” y es utilizada más de 120 veces en el Nuevo Testamento.
En solo dos ocasiones es traducida (por la KJV) como “en lugar de”.
En 108 casos es traducida como “por” y debería traducirse como tal aquí también.
Onésimo, si hubiera regresado a ayudar a Pablo hubiera sido “por Filemón”, “ de parte de Filemón”. Hubiera sido como si Filemón le hubiera prestado su siervo a Pablo.
Un hermano una vez me puso a pensar en algo interesante sobre dar y apoyar.
Dijo que cuando apoyamos a un determinado ministerio o causa nos convertimos en accionistas de tal ministerio y recibiremos dividendos de éste.
Cuando se invierte recursos en un ministerio y este ministerio trae fruto, parte de éste es registrado por Dios como dividendo para ti, porque fue hecho a través de tu apoyo. Si Filemón hubiera dejado que Onésimo sirviera a Pablo hubiera sido una inversión “para” “ a favor de” Filemón y le regresaría dividendos de acuerdo al fruto del ministerio de Pablo! Pero aun hay otra cosa que quiero marcar.
Aunque Pablo necesitaba a Onésimo, no asumió que tenía la autoridad para quedárselo, solo porque él era, digamos, el apóstol Pablo.
Si no, mira lo que dijo: “pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario.”
Pablo se abstuvo de persuadir a Filemón. Él puso la situación en claro: estaba en prisión y Onésimo era una ayuda para él, aún así no se lo hubiera quedado.
No hubiera persuadido a Filemón a que se lo dejara.
Filemón tenía que decidir por sí mismo, voluntariamente. Observa la amabilidad de Pablo, le habla como de hermano a hermano, no como superior (“en la fe”) a un subordinado (“en la fe”).
“Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio; pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario.”

Pablo continua su apelación por Onésimo, diciéndole a Filemón que aunque se fue solo como esclavo, ahora regresa como algo más, regresa como querido hermano en el Señor. Pero pudo ser que cuando Onésimo se fue éste le debía dinero a su amo.
Que pasaría con esa deuda?
Pablo no le ordenó a Filemón que la cancelara o que se olvidara de ella, porque ya sabes, ahora “son hermanos”.
Lo que Pablo pide a Filemón no son ordenes, sino apelaciones.
Y sobre las deudas? Aquí está lo que le dice: “ Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta.
Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré...” Eso es amor fraternal! No hubiera sido amor fraternal persuadir a Filemón a que se olvidara de la deuda que su antiguo esclavo le debía.
Sin embargo es amor decir como Pablo dijo: “...recíbele como a mí mismo... Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta... yo lo pagaré...“. Ese es amor fraternal.
Pablo le dice a Filemón que él mismo se debe a Pablo.
Filemón vino a la fe a través de la labor de Pablo, pero no se lo menciona como para persuadirlo, esa es la verdad pero no la usa para resolver asuntos materiales.

Concluyendo su apelación, Pablo dice “... confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aun más de lo que te digo...”
Pablo sabía que Filemón era un verdadero hermano en Cristo. Además el principio de la carta lo llama amado y colaborador suyo, diciéndole que ha escuchado sobre su fe y amor al Señor Jesús así como a todos los santos.
Pablo y Filemón no eran un par de extraños entre sí, se conocían.
La apelación de Pablo no era hacía un extraño sino a un amado hermano y colaborador suyo conocido por su fidelidad, era una apelación de hermano fiel a hermano fiel y Pablo estaba seguro que no solamente le concedería la apelación sino que haría aún más que eso.

Para mí esta carta de Pablo es un ejemplo de cómo los cristianos del siglo I se relacionaban entre sí.
Pablo enviaba de regreso con su amo a Onésimo, un esclavo que había huido y que muy probablemente le debía dinero.
Onésimo en algún momento conoce a Pablo, se convierte al evangelio y le resulta muy útil ayudando en la cadena del evangelio.
Sin embargo Pablo no pensó que eso le daba el derecho de hacer algo más, aparte de lo que era correcto.
Me puedo imaginar a muchos cristianos que hoy no harían lo mismo que Pablo en aquel tiempo.
Muchos buscarían (o tratarían de obtener) una “revelación” de Dios sobre la manera de persuadir a Filemón a hacer algo que ellos quieren.
La próxima vez que alguien te persuada a hacer algo y te haga sentir condenado si no lo haces, lee Filemón! La próxima vez que alguien te reclame por algo que es “para el Señor” persuadiendote a hacerlo para el propósito de esa persona misma, lee Filemón!
La próxima vez que quieras algo de un hermano, por favor lee Filemón sobre cómo proceder. Pablo sabía que lo que ahí necesitaba no era una revelación de Dios, porque éste era un asunto de sentido común, aunado a honestidad y verdad.
? A quién pertenece Onésimo? A Filemón.
Él debería regresar a su amo.

? Onésimo le debe dinero a Filemón.
Alguien debería de pagar.
Quién pagará? Pablo toma esta responsabilidad.

Onésimo es útil a Pablo en el trabajo del ministerio.
Sin embargo, le da el derecho a Pablo de quedárselo sin preguntarle a Filemón? No! Onésimo necesita primero regresar con su amo y solo si él voluntariamente y no como por necesidad considera que quiere enviarle de regreso con Pablo entonces Onésimo regresará.

Observa el respeto de Pablo hacia Filemón, observa cómo relaciona a estos hermanos. Aprende de esto.
Seguramente en muchas ocasiones estaremos en una encrucijada y vamos a necesitar una palabra de sabiduría, de la intervención de Dios para tomar la opción correcta y Dios nos la dará si la pedimos con fe (Santiago 1:5-8).
En muchas otras ocasiones todo lo que necesitaremos en lugar de “sobre espiritualizar” la situación es la aplicación de la verdad que que ya sabemos pero con amor y honestidad.


Filipenses 2:3
3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;

como obró Dios con Gedeón



Dios te bendiga!!

La Biblia y especialmente el Antiguo Testamento esta llena de registros que demuestran la manera en que Dios obró con varios hombres.


Uno de esos registros, el de Gedeón, es el que vamos a examinar en este tema.



1. Los antecedentes



De acuerdo a la época de nuestra historia, estamos en el período donde Israel estaba gobernado por jueces.
La última juez (antes de Gedeón) fue Débora, una mujer de Dios que a través de ella “... la tierra reposó cuarenta años...” (Jueces 5:31).
Sin embargo, ese descanso no duró siempre. Jueces 6:1-6 dice:



Jueces 6:1-6
Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años.
2 Y la mano de Madián prevaleció contra Israel. Y los hijos de Israel, por causa de los madianitas, se hicieron cuevas en los montes, y cavernas, y lugares fortificados.


3 Pues sucedía que cuando Israel había sembrado, subían los madianitas y amalecitas y los hijos del oriente contra ellos; subían y los atacaban.
4 Y acampando contra ellos destruían los frutos de la tierra, hasta llegar a Gaza; y no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos.
5 Porque subían ellos y sus ganados, y venían con sus tiendas en grande multitud como langostas; ellos y sus camellos eran innumerables; así venían a la tierra para devastarla.
6 De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová.

Después de cuarenta años de descanso, debido a los madianitas, Israel estaba bajo gran opresión. Como el texto dice, destruyeron su propiedad a tal grado que “no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos” (Jueces 6:4).
Sin embargo, todas estas calamidades no pasaron accidentalmente.
Jueces 6:1 nos da el motivo:

Jueces 6:1
“Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años.”

“Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová”.
Esa fue la razón de su opresión, la cual no obstante tuvo también un resultado positivo. Jueces 6:6 dice:

Jueces 6:6
"De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová."

Debido a la opresión, los israelitas clamaron al Señor.
De nuevo, esa no era la primera vez que actuaban de ese modo.
Aunque muchas veces hicieron lo malo ante los ojos de Dios, adorando a dioses falsos, cuando les venían las calamidades, volvían a buscar de nuevo al verdadero Dios. Los versiculos 6 al 10 del capitulo 6 nos dicen como Respondio Dios a ese llamado:



Jueces 6:6-10
6 De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová.
7 Y cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová, a causa de los madianitas,


8 Jehová envió a los hijos de Israel un varón profeta, el cual les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre.


9 Os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra;


10 y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi voz.

Como respuesta al clamor de los israelitas, Dios envió un profeta para darles Su palabra, reprendiéndoles por lo que habían hecho.
Obviamente, Dios no permaneció en silencio ni siguió enojado con ellos.
Sino que a pesar del hecho de que muchas veces lo habían traicionado, adorando maderos y piedras, cuando volvieron a Él, ahí los estaba esperando, listo para librarlos de nuevo.
En nuestro caso, Su primer paso fue enviarles un profeta para reprenderlos, dándoles Su Palabra.
Sin embargo, ese era solo el principio.
En la sección siguiente, veremos que mas hizo para liberarlos.

2. Dios y Gedeón: el principio

Después de que Dios enviara un profeta para reprender a Israel, Su segundo paso fue acercarse a un hombre llamado Gedeón. Jueces 6:11-12 dice:

Jueces 6:11-12
11 Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas.
12 Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.

Cuando leemos que un ángel se le apareció a Gedeón no nos imaginemos a un ser rubio vestido de blanco, flotando en el aire con dos alas grandes.
Esa imagen de ángel no es mas que mitos e imaginaciones.
En ninguna parte de la Biblia dice que los ángeles tienen alas o ropa blanca o que sean rubios.
Lo que la Biblia dice es que son “ espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (Hebreos 1:14) por lo cual deben ser considerados de ese modo.
Regresando a nuestro tema, observa cómo Dios saludó a Gedeón. Lo llamó “varón esforzado y valiente”.
Aunque era un hombre pobre que sacudía trigo para esconderlo de los madianitas. Sin embargo, para Dios, Gedeón era un hombre esforzado y valiente, un hombre que, como veremos, creyó y siguió a Dios, llevando a cabo obedientemente todo lo que Él le ordenaba hacer.
Los versículos siguientes nos dicen lo que Gedeón le respondió al ángel:

Jueces 6:13-14
13 Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas.
14 Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?


Gedeón cuestionó dónde estaba Dios cuando sucedieron todas esas calamidades.
No obstante, no era que Dios no estaba con ellos, SINO QUE ELLOS no estaban con Dios.
Como respuesta a la pregunta de Gedeón, Dios le dijo que avanzara, asegurándole que el sería el que libraría a Israel.
“¿No te envío yo?” le dijo, fue Dios quien lo envió.
Esa no fue una misión que Gedeón había tomado por sí mismo, estaba ahí en el trigo escondiéndolo de los madianitas.
Lo más probable, es que nunca haya pensado que él iba a ser el que libertara a Israel de los Madianitas.
Sin embargo, podemos decir con seguridad que de lo que le dijo el ángel le daba muchas razones para pensar seriamente en esa propuesta.
En los versiculos 15-16 dicen la respuesta de Gedeón:

Jueces 6:15-16
15 Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.
16 Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre.

La gente sigue fácilmente a alguien que conocen bien como líder, por ejemplo un rey, un general etc. ¿Pero Gedeón? ¿Quien lo seguiría?
Era un completo desconocido.
No obstante, una vez más Dios le aseguró que Él estaría con él.
“ Ciertamente yo estaré contigo” y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre”, le dijo.
Por eso Gedeón no tenía motivos para tener miedo.
Sin embargo, a veces Dios promete algo que como es extremadamente bueno nos tardamos en creerlo.
Nos preguntamos “¿en verdad pasará eso tan maravilloso”? “¿de verdad Dios me lo concederá?” Eso tipo de pensamientos también tenía Gedeón.

Jueces 6:17-24
17 Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo.
18 Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.
19 Y entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin levadura de un efa de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo se lo presentó debajo de aquella encina.
20 Entonces el ángel de Dios le dijo: Toma la carne y los panes sin levadura, y ponlos sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así.
21 Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su vista.
22 Viendo entonces Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová cara a cara.
23 Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás.
24 Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-salom; el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas.

Esta es la primera vez que leemos que Gedeón pidió y obtuvo una señal de Dios. Sin embargo, no es la única.
Más delante veremos mas señales.
Entre ellas está la bien conocida señal del vellón de lana.
Nos vamos a reservar los comentarios sobre las señales que Gedeón pidió y la práctica de pedir señales en general para mas adelante.
Por el momento, es suficiente que antes de pedir una señal, Gedeón sabía la voluntad de Dios en esa situación.
No pidió la señal para determinar Su voluntad a través de ella, sino que la pidió para confirmar lo que Dios ya le había dicho y que era Su voluntad.
Dios respondió positivamente a esta petición de Gedeón, dándole lo que quería. Aunque es obvio que ese día fue muy activo espiritualmente para Gedeón, esa actividad no paró ahí sino que continuó hasta la noche.

Jueces 6:25-27
25 Aconteció que la misma noche le dijo Jehová: Toma un toro del hato de tu padre, el segundo toro de siete años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y corta también la imagen de Asera que está junto a él;
26 y edifica altar a Jehová tu Dios en la cumbre de este peñasco en lugar conveniente; y tomando el segundo toro, sacrifícalo en holocausto con la madera de la imagen de Asera que habrás cortado.
27 Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos, e hizo como Jehová le dijo. Mas temiendo hacerlo de día, por la familia de su padre y por los hombres de la ciudad, lo hizo de noche
.

Dios le dijo a Gedeón que derribara el altar de Baal que su padre tenía y también que cortara la imagen de Asera.
La existencia del altar y de la imagen y la reacción de la gente, que como se puede ver leyendo mas delante, fue de enojo cuando los vieron destruidos (ver Jueces 6:28-30), confirman que el mal que había hecho Israel ante los ojos de Dios era la adoración a ídolos.
También demuestra que solo una parte de Israel se volvió a Dios y no todos ellos. Aun así, por esa parte, Dios salvaría a TODA la nación.

3. Dios y Gedeón: la batalla con los madianitas

Habiendo visto cómo Dios se le apareció a Gedeón, después de que los israelitas clamaron a Él, y cómo le hizo saber que él sería el que liberaría a Israel, continuemos para ver lo que sucedió después, empezando en el versículo 33:


Jueces 6:33-35
33 Pero todos los madianitas y amalecitas y los del oriente se juntaron a una, y pasando acamparon en el valle de Jezreel.
34 Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó el cuerno, los abiezeritas se reunieron con él.
35 Y envió mensajeros por todo Manasés, y ellos también se juntaron con él; asimismo envió mensajeros a Aser, a Zabulón y a Neftalí, los cuales salieron a encontrarles.

Parece que se había llegado el tiempo en que Gedeón debía llevar a cabo su misión. Los enemigos de Israel “los madianitas y amalecitas y los del oriente” se juntaron en un solo lugar.
Para ese momento, Dios había apresurado a Gedeón para que enviara mensajeros para que convocara a los israelitas a reunirse con él.
Observa que fue Dios quien movió a Gedeón para que llegara a la decisión de empezar la lucha en ese tiempo, apurándole a llamar a la gente.
Esto demuestra que fue Dios el que planeó la batalla mientras que Gedeón era el que llevaba a cabo el plan.
Si Dios no se lo hubiera dicho, para Gedeón hubiera sido imposible saber lo que Dios quería.
Si Gedeón no hubiera creído lo que Dios le dijo, o sea actuar al respecto, la voluntad de Dios hubiera seguido sin ejecutarse.
Por lo cual, el éxito de toda la operación dependía de la cooperación entre Dios, el comandante, y Gedeón, el ejecutor.
No fue Gedeón el que decidió y llevó a cabo, sino Dios quien decidió y Gedeón quien llevó a cabo.
El principio es el mismo, siempre que queramos seguir la voluntad de Dios: Dios es el que tiene que darnos a conocer su voluntad – lo cual hace, a través de Su Palabra escrita o mediante revelación – y nosotros somos los que debemos de caminar bajo esa voluntad.
Ese es el único medio que garantiza el éxito en cualquier cosa que hagamos.
Regresando a Gedeón, Dios no solo le dijo qué hacer, sino que también lo ayudó a creer y a hacerlo.
Así como vimos anteriormente cuando Gedeón le pidió a Dios una señal, Dios se la dio. Sin embargo, no se detuvo ahí. Sino que fue más allá cuando Gedeón más lo necesitaba. Entonces después de que Israel estaba reunido tras Gedeón, le pidió de nuevo a Dios una señal.

Jueces 6:36-38
36 Y Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho,
37 he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y si el rocío estuviere en el vellón solamente, quedando seca toda la otra tierra, entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho.
38 Y aconteció así, pues cuando se levantó de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el rocío, un tazón lleno de agua.

Más adelante veamos lo que hizo luego:

Jueces 6:39-40
39 Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aún hablare esta vez; solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Te ruego que solamente el vellón quede seco, y el rocío sobre la tierra.
40 Y aquella noche lo hizo Dios así; sólo el vellón quedó seco, y en toda la tierra hubo rocío.

Los pasajes anteriores que describen lo que se conoce como “el vellón de Gedeón” desafortunadamente han sido muy mal entendidos, y mucha gente los usa, poniendo varias señales para determinar la voluntad de Dios.
Algunos, deciden cual es la voluntad de Dios jugando con una moneda “águila o sol” u otros con el “Bingo Bíblico” (es abrir la Biblia en una página al azar) y otros a través de otras formas parecidas.
No obstante, toda conexión con esas prácticas no está basada en la Biblia.
La razón es que mediante la señal, Gedeón no buscaba determinar la voluntad de Dios, sino que quería CONFIRMAR LO QUE YA SABÍA MEDIANTE REVELACIÓN.
El verso 36 dice: “Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho....”. La frase “como has dicho” demuestra que Gedeón ya sabía la voluntad de Dios [nota al pie 3].
Así que, no pidió la señal, para que mediante esta, determinar la voluntad de Dios, sino que la pidió para CONFIRMAR LA VOLUNTAD DE DIOS QUE YA SABÍA.
En cuanto a las señales, algo más que vale la pena enfatizar, es que nada en la Palabra de Dios obliga a Dios a darnos señales, y menos cuando Él ya nos ha dado a conocer su voluntad a través de su Palabra escrita o mediante revelación.
Cuando no sabemos la voluntad de Dios, tratamos de aprenderla.
Estudiamos la Biblia y oramos para que nos la revele, si por supuesto Él no la ha revelado ya en la Biblia.
No deberías ponerle restricciones a Dios ni predeterminar el tiempo ni la forma de su respuesta. La Palabra de Dios no lo obliga a darnos una respuesta que nos guste y cuando queremos que nos sea dada.
Más bien, Dios está obligado mediante su misma naturaleza de Dios de amor y cuidado a darnos la mejor respuesta en el tiempo que Él cree es el más conveniente.
En cuanto a la práctica de pedirle señales, lo que podemos decir con seguridad basados en su Palabra, es que Dios ciertamente nos va a ayudar a seguir su voluntad (si por supuesto queremos seguirla).
Sin embargo, nadie lo puede restringir en la manera que nos va a ayudar.
El hará lo que considere mejor.
Cuando algo es la voluntad de Dios, Él lo apoyará completamente, incluso si eso implica dejar el vellón seco cuando toda la tierra está húmeda o darnos un pasaje que respalde su voluntad en la Biblia o hacer cualquier cosa que sea necesaria para ayudarnos a creer y hacer su voluntad.
No estamos diciendo que Dios no usa señales para ayudarnos a seguir su voluntad.
Lo que queremos decir es que cuando esas señales se dan, no se dan como sustitutos de la Palabra de Dios sino como una manera de respaldar y ayudarnos a creer lo que ya es la voluntad de Dios declarada.
Llevando la discusión más allá, yo creo que la señal más grande para saber si algo viene de Dios o no es la manera en que fluye.
Todo lo que viene de Dios fluye sin complicaciones y está continuamente en armonía con Su Palabra. Como en Proverbios 10:22 dice:

Proverbios 10:22
“La bendición de Jehová es la que enriquece, Y no añade tristeza con ella.”

También como Efesios 3:20 dice sobre Dios:

“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”

Además




Santiago 1:16-17
“Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”

Todo lo que viene de Dios es DON PERFECTO.
Es más de lo que pedimos o entendemos, NO HAY TRISTEZA EN ELLO.
Es perfecta en el corto, mediano y largo plazo.
Por otra parte, lo que viene del diablo, tarde o temprano terminará exactamente en lo contrario de lo que viene de Dios, esto es, en lágrimas, dolor y heridas. Volviendo a nuestro caso, después del milagro del vellón, ciertamente Gedeón estaba fortalecido, que era lo que Dios quería al contestar su petición.
No obstante, ese no es el final de la historia.
Después de la reunión de los israelitas y a pesar del hecho de que estaban enfrentando un ejercito muy grande y vasto, Dios sugirió a Gedeón reducir su ejercito.
Los siguientes versículos lo dicen:

Jueces 7:1-2
1 Levantándose, pues, de mañana Jerobaal, el cual es Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él, acamparon junto a la fuente de Harod; y tenía el campamento de los madianitas al norte, más allá del collado de More, en el valle.
2 Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado.

Dios quería demostrarles a los israelitas que EL ES DIOS, un Dios capaz de liberar independientemente de la magnitud del enemigo.
Entonces ÉL ordenó a Gedeón que redujera el ejército.

Jueces 7:3-8
3 Ahora, pues, haz pregonar en oídos del pueblo, diciendo: Quien tema y se estremezca, madrugue y devuélvase desde el monte de Galaad. Y se devolvieron de los del pueblo veintidós mil, y quedaron diez mil.
4 Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí te los probaré; y del que yo te diga: Vaya éste contigo, irá contigo; mas de cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo, el tal no irá.
5 Entonces llevó el pueblo a las aguas; y Jehová dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, a aquél pondrás aparte; asimismo a cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber.
6 Y fue el número de los que lamieron llevando el agua con la mano a su boca, trescientos hombres; y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber las aguas.
7 Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos; y váyase toda la demás gente cada uno a su lugar.
8 Y habiendo tomado provisiones para el pueblo, y sus trompetas, envió a todos los israelitas cada uno a su tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres; y tenía el campamento de Madián abajo en el valle.

Finalmente, después de la selección de Dios, solo quedaron 300 hombres.
A través de ellos Dios vencería al gran ejercito de los madianitas y a sus aliados. El hecho es que a pesar de la diferencia en número la batalla sería victoriosa para Israel, lo cual Dios había dicho a Gedeón y eso era absolutamente seguro.
Como le dijo: “Con estos trescientos hombres os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos”.
Por lo cual era seguro, que si Gedeón creyó y siguió las instrucciones de Dios, la pelea sería victoriosa para Israel, porque Dios así lo había prometido.
Sin embargo, Dios no solo aseguró la victoria de la batalla sino que también ayudó a Gedeón a creer esa promesa y a avanzar.

Jueces 7:9-14
9 Aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate, y desciende al campamento; porque yo lo he entregado en tus manos.
10 Y si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado al campamento,
11 y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y descenderás al campamento. Y él descendió con Fura su criado hasta los puestos avanzados de la gente armada que estaba en el campamento.
12 Y los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente estaban tendidos en el valle como langostas en multitud, y sus camellos eran innumerables como la arena que está a la ribera del mar en multitud.
13 Cuando llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño: Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián, y llegó a la tienda, y la golpeó de tal manera que cayó, y la trastornó de arriba abajo, y la tienda cayó.
14 Y su compañero respondió y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joás, varón de Israel. Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento.


Dios no solo le dio a conocer su voluntad a Gedeón sino que también lo ayudó a creerla y observa la manera tan maravillosa en que lo hizo: lo envió al campamento del enemigo a escuchar con sus propios oídos cómo alguien describía su victoria en contra de los Madianitas! El resultado de esta ayuda viene en el versiculo 15:

Jueces 7:15


Cuando Gedeón oyó el relato del sueño y su interpretación, adoró; y vuelto al campamento de Israel, dijo: Levantaos, porque Jehová ha entregado el campamento de Madián en vuestras manos.

Tan pronto como Gedeón escuchó el sueño y su interpretación, tuvo toda la seguridad de que el Señor había entregado los enemigos en sus manos y en las de los 300 hombres.


Jueces 7:16-22
16 Y repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones, dio a todos ellos trompetas en sus manos, y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los cántaros.
17 Y les dijo: Miradme a mí, y haced como hago yo; he aquí que cuando yo llegue al extremo del campamento, haréis vosotros como hago yo.
18 Yo tocaré la trompeta, y todos los que estarán conmigo; y vosotros tocaréis entonces las trompetas alrededor de todo el campamento, y diréis: ¡Por Jehová y por Gedeón!
19 Llegaron, pues, Gedeón y los cien hombres que llevaba consigo, al extremo del campamento, al principio de la guardia de la medianoche, cuando acababan de renovar los centinelas; y tocaron las trompetas, y quebraron los cántaros que llevaban en sus manos.
20 Y los tres escuadrones tocaron las trompetas, y quebrando los cántaros tomaron en la mano izquierda las teas, y en la derecha las trompetas con que tocaban, y gritaron: ¡Por la espada de Jehová y de Gedeón!
21 Y se estuvieron firmes cada uno en su puesto en derredor del campamento; entonces todo el ejército echó a correr dando gritos y huyendo.
22 Y los trescientos tocaban las trompetas; y Jehová puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento. Y el ejército huyó hasta Bet-sita, en dirección de Zerera, y hasta la frontera de Abel-mehola en Tabat.

Gedeón siguiendo un atrevido plan y yendo a pelear en contra de una gran multitud con solo 300 hombres, armados con trompetas, antorchas y jarros, finalmente vencieron a ese gran ejercito.
Ahora, si alguien se pregunta porqué decidió pelear contra los madianitas de tal manera, la obvia respuesta es porque DIOS ASÍ LE DIJO.
Si recordamos, fue Dios quien le dijo que reuniera a Israel para la batalla y fue Él que de la multitud de ellos escogió solo 300 hombres.
Como el texto dice: “y Jehová puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento. Y el ejército huyó hasta Bet-sita, en dirección de Zerera, y hasta la frontera de Abel-mehola en Tabat”.
Los versiculos 25 nos dan la parte final de esta gran victoria de los Israelitas:

Jueces 7:23-25
23 Y juntándose los de Israel, de Neftalí, de Aser y de todo Manasés, siguieron a los madianitas.
24 Gedeón también envió mensajeros por todo el monte de Efraín, diciendo: Descended al encuentro de los madianitas, y tomad los vados de Bet-bara y del Jordán antes que ellos lleguen. Y juntos todos los hombres de Efraín, tomaron los vados de Bet-bara y del Jordán.
25 Y tomaron a dos príncipes de los madianitas, Oreb y Zeeb; y mataron a Oreb en la peña de Oreb, y a Zeeb lo mataron en el lagar de Zeeb; y después que siguieron a los madianitas, trajeron las cabezas de Oreb y de Zeeb a Gedeón al otro lado del Jordán.

Como se ve, la fase final de la batalla asumió la contribución de otros israelitas también.
El versiculo 28 del capitulo 8 nos da la magnitud del triunfo y la liberación que Dios le dio a Israel a través de Gedeón:

Jueces 8:28


Así fue subyugado Madián delante de los hijos de Israel, y nunca más volvió a levantar cabeza. Y reposó la tierra cuarenta años en los días de Gedeón.

Cuando los israelitas hicieron lo malo ante los ojos de Dios, traicionándolo y adorando a dioses falsos el resultado fue aflicción y gran pobreza.
Sin embargo, cuando volvieron y encontraron su liberación, les envió un profeta para reprobarlos a través de su Palabra .
Además, levantó a Gedeón para que fuera el líder.
Él aunque era un hombre pobre y desconocido estaba dispuesto a hacer lo que Dios quería, y por consiguiente lo ayudó a lo largo del recorrido para completar la misión de la liberación de Israel.
El resultado fue una grandiosa liberación para Israel así como tranquilidad durante los siguientes 40 años que siguió vivo Gedeón.
Por supuesto, Gedeón fue grandemente bendecido.
Como en Jueces 8:29-32 dice:



Jueces 8:29-32
29 Luego Jerobaal hijo de Joás fue y habitó en su casa.
30 Y tuvo Gedeón setenta hijos que constituyeron su descendencia, porque tuvo muchas mujeres.
31 También su concubina que estaba en Siquem le dio un hijo, y le puso por nombre Abimelec.
32 Y murió Gedeón hijo de Joás en buena vejez, y fue sepultado en el sepulcro de su padre Joás, en Ofra de los abiezeritas.

También tuvo una larga y tranquila vida.
Sin ya tener que esconder el trigo de los enemigos sino viviendo con su familia en paz.
Por lo tanto, para concluir: apartarse del Señor solo trae opresión y calamidad. Sin embargo, aunque se haga, Dios está siempre ahí listo para perdonar y librar a cualquiera que regrese a Él.
Aparte de eso, algo más que también se enseña en los registros que leímos es que cuando Dios dice algo, Él está dispuesto a ayudarnos a sobrellevarlo.
Cosas así como señales, cuando vienen de Dios tiene que estar alineadas con Su Palabra y apoyar lo que ya está declarado como Su voluntad.
Dios nos ha dado Su Palabra y las manifestaciones del espíritu para darnos a conocer Su voluntad.
Si ahora necesitamos ayuda en el camino, deberíamos estar seguros que tendremos Su ayuda.
No sé que tipo de ayuda será, lo que sí sé, es que cualquiera que ésta sea, será suficiente para apoyarnos todo el camino exactamente así como también lo fue para Gedeón.

jueves, 16 de julio de 2009

El implacable amor de Dios Parte 1


Dios te bendiga!!.

Quiero hablarles acerca de la palabra implacable.
Significa que no disminuye en intensidad o esfuerzo—no se rinde, ni se compromete, incapaz de ser cambiado o persuadido con argumentos.
Ser implacable es apegarse a un rumbo determinado.
Que maravillosa descripción del amor de Dios.
El amor de nuestro Señor es absolutamente implacable.
Nada puede entorpecer o disminuir su búsqueda amorosa tanto de pecadores como de santos. David, el salmista, lo expreso de esta manera:

Salmos 139:5,7-8


5 Detrás y delante me rodeaste,
Y sobre mí pusiste tu mano.
7 ¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?
8 Si subiere a los cielos, allí estás tú;
Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.


David esta hablando de las grandes altas y bajas que enfrentamos en la vida.
El esta diciendo, “Hay tiempos cuando soy tan bendecido que me siento levantado con gozo.
En otros tiempos, me siento como si estuviera en el mismo infierno, condenado e indigno.
Pero no importa donde este, Señor no importa cuan bendecido me sienta o cuan baja sea mi condición tu estas allí.
No me puedo alejar de tu amor implacable.
Y no puedo ahuyentarlo.
Tu nunca aceptas mis argumentos acerca de cuan indigno soy.
Aun cuando soy desobediente—pecando contra tu verdad, cuando no aprecio tu gracia—tú nunca dejas de amarme.
¡Tu amor por mi es implacable!”
En un momento bajo, David oro, “Señor, tu asentaste mi alma en un lugar celestial. Me diste luz para que entienda tu Palabra.
La hiciste una lámpara para guiar mis pies.
Pero he caído tan bajo, no veo como pueda recuperarme.
He preparado mi cama en el infierno; y merezco ira y castigo.
Tu eres muy exaltado y santo para amarme en esta condición.”
David había pecado gravemente. Este es el mismo hombre que había disfrutado diariamente de aportación espiritual de consejeros piadosos.
El fue enseñado por rectos hombres de Dios.
El fue ministrado por el Espíritu Santo.
El recibió revelaciones de la Palabra de Dios.
Aun así, a pesar de muchas bendiciones y su vida consagrada, David desobedeció la ley de Dios rotundamente.
Estoy seguro que conoces la historia del pecado de David.
El deseo la mujer de otro hombre y la embarazo.
Entonces el trato de cubrir su pecado emborrachando al esposo, esperando que el hombre se acostara con su esposa embarazada.
Cuando eso fracaso, David mato al esposo.
El confabulo enviando al hombre a una batalla perdida, sabiendo que el moriría.
Las Escrituras dicen, “…Mas esto que David había hecho; fue desagradable ante los ojos de Jehová.” (2 Samuel 11:27).
Dios llamo las acciones de David “un gran mal.”
Y el envió al profeta Natán a decirle, “…con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová,” (12:14).
El Señor entonces disciplino a David, diciendo que el sufriría severas consecuencias.
Natán profetizo, “…el hijo que te ha nacido ciertamente morirá.” (12:14).
David oro el día entero por la salud del bebe. Pero la criatura murió, y David lloro profundamente por las cosas terribles que el había causado.
Todavía, a pesar del pecado de David, Dios seguía persiguiéndolo con su amor. Mientras el mundo se mofaba de la fe de este hombre caído, Dios le dio a David una muestra de su amor implacable.
Betsabé ahora era la esposa de David y ella dio a luz a otra criatura. David, “…y llamo su nombre Salomón, al cual amo Jehová.” (12:24).
El nacimiento y la vida de Salomón fueron una bendición totalmente inmerecida para David.
Pero el amor de Dios por David nunca amaino, aun en la hora de su mayor vergüenza. El persiguió tras David de manera implacable.
Considera también el testimonio del apóstol Pablo.
Mientras leemos de la vida de Pablo, vemos a un hombre empeñado por destruir la iglesia de Dios. Pablo parecía un loco en su odio hacia los cristianos.
El suspiraba amenazas de matanza contra todos los que seguían a Jesús.
El busco la autorización del sumo sacerdote para cazar a los creyentes, para así entrar en sus casas y arrastrarlos a la prisión.
Después que fue convertido, Pablo testifico que aun durante esos años llenos de odio—mientras el estaba lleno de prejuicios y mataba ciegamente a los discípulos de Cristo—Dios lo amaba.
El apóstol escribió:

Romanos 5:8

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros.

El dijo en esencia: “Aunque yo no estaba conciente de esto, Dios me estaba persiguiendo.
El siguió detrás de mi en amor, hasta ese día cuando literalmente el me tumbo de mi cabalgadura.
Ese fue el implacable amor de Dios.”
A través de los años, Pablo estaba aun más convencido que Dios le amaría fervientemente hasta el fin, a través de sus altas y bajas.

El declaro:


Romanos 8:38-39

38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

El estaba declarando: “Ahora que le pertenezco a Dios, nada puede separarme de su amor. Ningún diablo, ni demonio, ni principado, ni hombre, ni ángel—nada puede detener a Dios de amarme.”
La mayoría de los creyentes han leído este pasaje una y otra vez.
Lo han escuchado predicar por años.
Sin embargo, creo que la mayoría de los cristianos encuentran que las palabras de Pablo son difíciles de creer.
Cada vez que nosotros pecamos o le fallamos a Dios, perdemos todo sentido de la verdad de su amor por nosotros.
Luego, cuando algo malo nos pasa, pensamos, “Dios me esta azotando.
” Terminamos culpándolo de cada problema, prueba, enfermedad y dificultad.
En realidad, estamos diciendo: “Dios has dejado de amarme, porque te falle. Lo disguste y el esta enojado conmigo.”
De repente, dejamos de comprender el implacable amor de Dios por nosotros.
Olvidamos que el nos persigue continuamente en todo tiempo, sin importar nuestra condición.
Todavía aun, lo cierto es, que no podemos enfrentar la vida y todos sus terrores y penurias sin asirnos de esta verdad.
Debemos estar convencidos del amor de Dios por nosotros.
Conozco a muchos ministros que hablan mucho del amor de Dios y libremente lo ofrecen a los demás.
Pero cuando el enemigo viene rugiendo como una fuente a sus propias vidas, son llevados por el torrente.
Caen en un hoyo de desesperación; incapaces de confiar en la Palabra de Dios.
Ellos no pueden creer que Dios pueda aceptarlos, porque están convencidos que Dios se dio por vencido en ellos
Puede que reconozcas este versículo.
A menudo es usado en los servicios eclesiásticos como una bendición.
Usualmente es pronunciado de memoria por el pastor y pocos oidores echan mano de su enorme significado.
Sin embargo, este versículo no es tan solo una bendición.
Es el resumen de todo lo que Pablo le había enseñado a los Corintios acerca del amor de Dios.
Este versículo trata con tres temas divinos: la gracia de Cristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo.
Pablo estaba orando que los Corintios pudieran echar mano de estas verdades.
Creo que si nosotros también podemos comprender estos tres temas, nunca mas dudaremos del implacable amor de Dios por nosotros

El implacable amor de Dios Parte 2

Dios te bendiga!!.

La gracia de Dios

Exactamente, ¿Qué es gracia? quizas la definicion que mas se acerca a la verdad es que es un " regalo inmerecido", tambien sabemos esto de ella: lo que sea que es la gracia, Pablo dice que :

Tito 2:11-12

11 Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres,
12 enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente,

¿Cómo alcanzamos tal lugar, donde podamos ser enseñados por la gracia? ¿Y cual es la enseñanza que la gracia ofrece?
Según Pablo, la gracia nos enseña a renunciar a la impiedad y la lujuria, y a vivir una vida santa y pura.
Si es así, entonces necesitamos que el Espíritu Santo ilumine en nuestras almas los fundamentos verdaderos de esta doctrina.
Encontramos el secreto a la declaración de Pablo acerca de la gracia en 2 Corintios 8:9. El declara:

2 Corintios 8:9

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.”

Pablo no se esta refiriendo a riquezas materiales aquí, sino acerca de riquezas espirituales.
Numerosos pasajes comprueban esto.
En todas sus cartas, Pablo habla de las riquezas de la gloria de Cristo, las riquezas de la sabiduría, riquezas de gracia, de ser ricos en misericordia, fe y buenas obras. De igual manera, el Nuevo Testamento se refiere a las riquezas espirituales como opuestas a la mentira de las riquezas mundanas.
Pablo nos esta diciendo: “Aquí esta todo lo que necesitas saber acerca del significado de la gracia. Llega a nosotros a través del ejemplo del Señor. Sencillamente, Jesús vino a bendecir, edificar y animar a otros a expensa propia. Esa es la gracia de Cristo.
“Siendo rico, por nosotros se hizo pobre, para que a través de su pobreza nosotros fuésemos ricos.”
Jesús no vino a magnificarse o traer gloria a si mismo.
El entrego todo derecho al “Yo” en mayúscula, significando todo énfasis en el “Yo, y lo mío.”
Cristo dejo pasar toda oportunidad para ser el mayor entre sus compañeros.
Píenselo: el nunca pidió que la bendición se derramara sobre el para ser conocido o aceptado por los demás.
El no impuso su peso divino para obtener poder o reconocimiento.
El no se exalto a expensas del pobre; u hombres menos hábiles.
Y el no se glorió en su propio poder; habilidad o logros.
No, Jesús vino a edificar un cuerpo.
Y el lo demostró al gloriarse en las bendiciones de Dios sobre los demás.
Cuando Cristo camino sobre la tierra, el no estaba en competencia con nadie. Seguramente que escucho a sus discípulos glorificando sus grandes obras.
Sin embargo, en toda humildad, Jesús respondió, “Ustedes van a sobrepasarme.
Les digo, ustedes harán mayores obras que todas las mías.”
Luego, cuando llegaron los reportes que sus discípulos están haciendo esas mismas obras, echando fuera demonios y sanando gente, el danzo con gozo.
¿Cuantos de nosotros podemos reclamar este mismo tipo de gracia?
A mi vista, dolorosamente esta en falta en la mayor parte de la iglesia.
Pocos cristianos verdaderamente se regocijan cuando ven a sus hermanos o hermanas bendecidos por Dios.
Esto es especialmente cierto de muchos pastores. Cuando ellos ven a otro pastor cosechando las bendiciones de Dios, solo piensan en su propia condición.
Ellos dicen, “Yo he estado luchando en oración por años. Pero ahora este joven predicador viene al pueblo y Dios comienza a derramar bendición sobre el.
¿Y yo?”
Aquí esta el implacable amor de Dios: el regocijarnos al ver a otros bendecidos por encima de nosotros. Pablo escribe:

Romanos 12:9-10

“El amor sea sin fingimiento.
Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a la honra, prefiriéndoos los unos a los otros.”

Aquí tenemos una gracia que esta dispuesta a mantenerse humilde, aun cuando se regocija en la bendición de otro.

El implacable amor de Dios Parte 3

Dios te bendiga!!.

Poca gracia de Dios en la iglesia de Corinto

Pablo encontró a los cristianos Corintios en competencia unos con otros.
La iglesia estaba llena de auto exaltación, autopromoción, y búsqueda propia. Hombres y mujeres se gloriaban en sus dones espirituales, empujando por estatus y posición.
Ellos hasta competían en la mesa de santa cena.
Los creyentes opulentos desfilaban sus comidas exóticas, mientras que los pobres no tenían nada que traer.
Otros estaban tan orgullosos, que les precia como nada demandarse unos con otros para arreglar sus disputas.
Todo esto era contrario a la gracia que Pablo predicaba.
Estos Corintios estaban sellados con un “Yo” en mayúsculas inmensas.
Para ellos era todo tomar y no dar.
Aun hoy la palabra “Corintio” tiene como connotación su carnalidad y mundanalidad.
Pablo les dijo a estos creyentes,
1 Corintios 3:1,3

“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. … ¿no sois carnales, y andáis como hombres?”

(
Piensa en lo que Pablo estaba diciendo.
Los bebes solo buscan satisfacer sus propias necesidades.
Gritan para que los mimen.
Y los Corintios eran niños en esta forma.
Esta gente era suave con el pecado, algunos entregándose a la fornicación y hasta el incesto.
Cuando pensamos en tales creyentes, la palabra “santo” no llega a la mente.
Sin embargo, a pesar de toda su carnalidad, Dios dirigió a Pablo a escribirles a esta gente como:

1º Corintios 1:2-3

“la iglesia de Dios…a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos…Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”

¿Era esto un error? ¿Estaría Dios guiñando al compromiso de la iglesia?
No, nunca.
Dios conocía todo acerca de la condición de los Corintios.
Y el nunca pasa por alto sus pecados.
No, el saludo lleno de gracia de Pablo es un cuadro del amor implacable de Dios.
Trata de imaginarte la maravilla de los Corintios mientras escuchaban leer la carta de Pablo en la iglesia.
Aquí estaban creyentes contentos consigo mismos solo mirando por el numero uno.
Sin embargo, Pablo, escribiendo bajo inspiración divina, se dirige a ellos como “santos” y “santificados en Cristo.”
¿Por qué? Dios estaba asegurando a su pueblo.
Déjame explicar.
Si Dios nos juzgara conforme a nuestra condición, seriamos salvos un minuto y condenados el otro.
Seriamos convertidos diez veces al día y nos deslizaríamos diez veces diariamente.
Cada cristiano honesto debe admitir que su propia condición, aun en lo mejor, es una de lucha.
Todos aun estamos peleando, aun tenemos que depender de la fe en las promesas de Dios de misericordia.
Eso es porque aun tenemos debilidades y fragilidades en la carne.
Gracias al Señor que el no nos juzga conforme a nuestra condición.
Al contrario, el nos juzga por nuestra posición.

Ves, aunque somos débiles y pecadores, le hemos entregado nuestros corazones a Jesús, y por fe el Padre nos ha sentado con Cristo en lugares celestiales.
Esa es nuestra posición.
Por lo tanto, cuando Dios nos mira, el no nos ve según nuestra condición pecadora sino según nuestra posición celestial en Cristo.
Por favor no me malinterprete.
Cuando digo que Dios asegura a su pueblo en gracia, no me estoy refiriendo a la doctrina que permite al creyente a continuar en pecado promiscuo.
La Biblia aclara que es posible para cualquier creyente alejarse de Dios y rechazar su amor.
Tal persona puede endurecer su corazón tan repetidamente y tan rígidamente, que el amor de Dios no penetrara las paredes que el ha levantado.
Ahora mismo, puedes estar en una condición Corintia.
Pero Dios ve tu posición como que estas únicamente en Cristo.
Así fue como el trato con los Corintios. Cuando Dios los miraba, el sabia que ellos no tenían recursos para cambiar.
Ellos no tenían poder en si mismos para ser piadosos de repente.
Por eso el inspiro a Pablo a dirigirse a ellos como santos santificados.
El Señor quería que ellos conocieran la seguridad de su posición en Cristo.
¿Luchas con una debilidad? Si es así, quiero que sepas que Dios nunca será obstaculizado en su amor por ti.
Escúchalo llamándote “santo,” “santificado,” “aceptado.”
Y echa mano de la verdad que Pablo describe:

1 Corintios 1:30

“Mas por el estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;”

El implacable amor de Dios Parte 4


Dios te bendiga!!.


el amor de Dios.

En la primera epístola de Pablo a los Corintios, el se dirige a la necesidad de ellos por la gracia de Dios.
Esto es a causa de sus fracasos.
Pero en su segunda carta, Pablo enfoca sobre el amor de Dios.
El sabia que el implacable amor de Dios era el único poder capaz de cambiar el corazón de cualquiera.
Y la segunda carta de Pablo comprueba que Dios elige usar amor como su manera de mostrar su poder.
Primera de Corintios 13:4-8 nos ofrece una poderosa verdad acerca del amor implacable de Dios. Sin duda, has escuchado este pasaje muchas veces, desde los pulpitos de la iglesia y en bodas:

1 Corintios 13:4-8
4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

La mayoría de nosotros piensa, “Este es el tipo de amor que Dios espera de nosotros.”
Eso es verdad, en cierto sentido.
Pero el hecho es que nadie puede dar la medida de esta definición de amor.
No, todo este pasaje es acerca del amor de Dios.
El versículo 8 lo comprueba: “El amor nunca deja de ser.”
El amor humano falla.
Pero aquí tenemos un amor que es incondicional, nunca se da por vencido.
Soporta cada fallo, cada desilusión.
No se recrea mirando los pecados de los hijos de Dios; al contrario, llora por ellos.
Y resiste todo argumento que dice que somos demasiado pecadores e inmerecedores para ser amados.
En resumen, este tipo de amor es implacable, nunca se detiene en su persecución del amado.
Esto solo puede describir el amor de Dios todopoderoso.
Considera como este amor poderoso afectó a Pablo.
En su primera carta a los Corintios, el apóstol tenía toda razón para abandonar la iglesia. El tenía muchas razones para estar enojado con ellos.
Y fácilmente el podía desecharlos por inútiles, desesperarse con sus niñerías y pecaminosidad.
El podía comenzar su carta de esta manera: “Me lavo las manos de ustedes.
Ustedes son un pueblo incorregible.
Todo este tiempo he derramado mi propia vida por ustedes.
Sin embargo, mientras mas los amo, menos me aman ustedes a mí.
Basta ya—los entrego a sus propios deseos.
Adelante, peleen entre ustedes.
Mi trabajo con ustedes termino.”
Pablo nunca podría escribir esto.
¿Por qué? El había sido detenido por el amor de Dios.
En Primera de Corintios, leemos de el entregando a un hombre a Satanás, para la destrucción de la carne del hombre.
Esto suena severo. Pero, ¿Cuál era el propósito de Pablo? Era para que el alma del hombre pudiera ser salva (ver 1 Corintios 5:5).
También vemos a Pablo, agudamente reprendiendo, corrigiendo y amonestando.
Pero el lo hizo todo con lagrimas, con la suavidad de una enfermera.
¿Cómo reaccionaron los carnales Corintios al mensaje de Pablo del amor triunfante de Dios? Ellos se derritieron ante sus palabras.
Pablo después les dijo: “Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios,… ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna perdida padecieseis por nuestra parte.
Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación” (2 Corintios 7:11, 9-10).
Pablo les estaba diciendo: “Ustedes se han limpiado, estaban indignados por sus pecados, y ahora están llenos de celo y temor santo.
Se han probado claros y limpios.”
Les digo, esos Corintios fueron cambiados por el poder del amor implacable de Dios. Mientras leemos la segunda carta de Pablo a ellos, encontramos que el gran “Yo” en esta iglesia a desaparecido.
El poder del pecado fue roto y el yo tragado por la tristeza santa. Esta gente ya no estaba envuelta en dones, señales y maravillas.
Su énfasis ahora era dar en vez de recibir.
Ellos recaudaban ofrendas para enviarlas a creyentes que habían sido azotados con gran hambruna.
Y el cambio vino por la predicación del amor de Dios.
Yo estoy personalmente convencido por esta verdad.
En mi juventud, yo predique mensajes acerca de la mala condición de la iglesia.
Me desesperaba por el estado deplorable de tanta gente de Dios.
Y salí a corregir estas cosas con espada y martillo.
Golpee el compromiso y desmenucé todo lo que estaba a mi vista.
Y en el proceso, puse a la gente bajo condenación que nunca debió ser.
Si Pablo hubiera predicado de esa manera en Corintios, seguro que hubiera desmenuzado toda carnalidad, hubiera echado abajo a los fornicarios, y hubiera detenido las demandas.
Pero esa iglesia se hubiera deshecho.
No hubiera quedado congregación para ser reprendida por Pablo.
Tal forma de predicar es mal dirigida por celo humano.
Es usualmente el resultado de la falta de revelación personal del predicador, del amor de Dios por el.

El implacable amor de Dios Parte 5


Dios te bendiga!!.

comunión del Espíritu Santo.

La frase griega que Pablo usa se traduce como, “el compañerismo del Espíritu Santo.”
Al principio, los Corintios no sabían nada acerca de tal compañerismo.
El cuerpo de la iglesia estaba galopante con individuasmo.
Pablo dijo de ellos: “…cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y Yo de Cristo” (1 Corintios 1:12).
Este individualismo lo llevaban a los dones espirituales de la gente.
Aparentemente, los Corintios solo iban a la iglesia para edificarse a si mismos.
Uno llegaba con el don de lenguas, otro con una profecía, otro con una palabra de sabiduría—todavía ellos están usando sus dones para servirse a si mismos.
Todos querían irse diciendo, “Hoy, yo di una profecía,” o, “Hable poderosamente en el Espíritu.” Y estaba ocasionando gran desorden.
Pablo hizo un llamado explicito por orden, enseñándoles, “Aprendan a callar. Dejen que otro hable. Busquen edificar el cuerpo y no tan solo a ustedes mismos.”
La obra mas profunda del Espíritu Santo trata con algo mas que dones espirituales.
Señales, maravillas y milagros son todos necesarios, y todos tienen su lugar.
Pero la obra mas preciosa del Espíritu de Dios es unir al cuerpo de Cristo.
El busca establecer compañerismo entre el pueblo de Dios, por su poder para unir.
Más, muy a menudo hoy, cuando hablamos del compañerismo del Espíritu Santo, tendemos a pensar individualmente.
Pensamos en términos de “yo y el Espíritu Santo,” diciendo, “El Espíritu y yo disfrutamos intimidad con Cristo.”
Pablo ata compañerismo y unidad a dos temas que ya hemos tratado: la gracia de Cristo y el amor de Dios.
El dice, en esencia: “Para verdaderamente entender estos dos temas, tienen que unirte. Así es como puedes medir la gracia de Cristo y el amor de Dios en tu vida.
Esta determinado por tu disponibilidad a ser en plena unidad con todo el cuerpo de Cristo.”
¿Qué significa tener unidad? Significa sacando todo celo y competencia, y no compararte más con otros.
En lugar de eso, todos se regocijan cuando un hermano o hermana es bendecido. Y todos están ansiosos por dar en vez de tomar.
Solo esta clase de compañerismo revela verdaderamente la gracia de Cristo y el amor de Dios.

El implacable amor de Dios Parte 6


Dios te bendiga!!.


¿Estoy dispuesto a cambiar?


La pregunta es, “¿Realmente quiero permitirle al Espíritu Santo que me muestre donde necesito cambiar?”

Ves, hay un propósito detrás del amor implacable de Dios. Es esto: hay poder en el amor de Dios para solucionar todos tus problemas al cambiarte.
Si me dices que eres buena persona—bondadosa, caritativa, perdonadora, lavada en la sangre de Cristo—yo contesto, el amor de Dios provee algo mas que perdón.

Puedes ser perdonado y una buena persona, pero aun ser gobernada y esclavizada por tu naturaleza pecaminosa.

Todos nacemos con la naturaleza de Adán, la tendencia a pecar.

De hecho, es esa naturaleza en nosotros que es fácilmente provocada, envidiosa, lujuriosa, airada, que no perdona.

Esta misma naturaleza es la que en nosotros ama el dinero, siembra semillas de destrucción, y no se puede regocijar cuando otros son bendecidos.
Si has estado peleando contra tu naturaleza pecaminosa, estas en una guerra perdida.

Esa naturaleza no puede ser cambiada.

Siempre será carne y siempre resistirá al Espíritu Santo. Nuestra naturaleza carnal es más allá de la redención, y por lo tanto, debe ser crucificada.

Esto significa admitir, “Nunca podré agradar a Dios por si solo. Yo se que mi carne nunca me podrá ayudar.”
Debemos recibir una naturaleza nueva, y esa naturaleza es la misma naturaleza de Cristo.

Esto no es un rehacer de la vieja naturaleza o un traspasar de la carne.

Lo viejo tiene que morir. A lo que me estoy refiriendo es al nacimiento de una naturaleza totalmente nueva.

Y el Nuevo Pacto ha hecho provisión para esto:


2 Pedro 2:14

por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina


El amor de Dios nos dice: “Quiero asegurar tu posición en Cristo.

Tienes que darte por vencido en tratar de cambiar la naturaleza de tu carne, y déjame darte la naturaleza de mi Hijo.

Existe solo una condición para que esto suceda: simplemente cree.

Este cambio en naturaleza viene solo por la fe.

Debes creer y yo seré Dios para ti.”
Amados, cualquier creyente puede ser como Cristo tanto como desee.

Si tan solo puedes decir: “Creo que Dios realmente me ama,” estas confesando que el te ha ofrecido poder para ser cambiado.
Las Escrituras dicen que todos hemos recibido una medida de fe.

Por lo tanto, todos tenemos la capacidad para creerle al Señor por esta infusión de su naturaleza.