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domingo, 1 de noviembre de 2009

PRINCIPIOS DE FE 4ª Parte : PRINCIPIO DE CLARIDAD

Dios te bendiga!!.

Siempre que alguien se acercó a Jesús para recibir algo de él, lo hizo sabiendo exactamente lo que quería.

Esto que parece ser a primera vista obvio, es un principio inmutable de fe, y, al no estar presente, llega ser uno de los más grandes obstáculos que encuentra Dios para derramar sus promesas sobre nosotros. No sabemos lo que queremos, estamos divididos en nuestro corazón, y finalmente no tenemos claridad.
Si vamos a recibir de Dios necesitamos tener claridad.
Este principio podría haber sido trabajado en primer lugar, pues necesitamos claridad como despegue para nuestro creer, pero teniendo el contexto de los otros principios ya trabajados: mandamiento–promesa, compromiso y anticipación, el principio de claridad adquirirá mayor apoyo y fuerza en los anteriores.
Cuando hablamos del principio de claridad, hablamos de dos aspectos fundamentales:

1 - CLARIDAD EN LA PROMESA Y EL MANDAMIENTO
Si vamos a recibir de Dios necesitamos saber qué está disponible de parte de Dios y cómo recibirlo.
Esto nos remite nuevamente al principio trabajado en la primera parte: mandamiento – promesa.
Hay cosas que están disponibles de parte de Dios y hay otras que simplemente no lo están.
Aquello disponible de parte de Dios se descubre en la Biblia, específicamente en las promesas declaradas en ella para nosotros.
Pero no sólo Dios nos declara sus promesas para que sepamos qué está disponible, sino además nos muestra el camino para recibirlas con sus mandamientos.
La primera epístola de Juan es inequívoca cuando habla de recibir por fe:
1 Juan 5:14

Y esta es la confianza que tenemos en él [el hijo de Dios], que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.


Si nosotros vamos a Jesús y pedimos alguna cosa, nuestra confianza descansa en que estamos pidiendo conforme a su voluntad.
Yo podría estar pidiendo algo que no está disponible y orar hasta caer extenuado sin recibir respuesta ¿Qué pasó? Simplemente, no había ninguna promesa que respaldara mi petición.
Necesitamos estar claros en las promesas de Dios, pues ellas son su voluntad.
Jesús hizo siempre la voluntad de Dios, así que lo que Jesús promete, es lo que Dios promete, lo que Jesús respalda es lo que el Padre respalda.
El versículo siguiente involucra otro principio de fe:

1 Juan 5:15

Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa [conforme a su voluntad] que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

Aquí está el principio de anticipación, no dice que tendremos las peticiones, sino que ya las tenemos, pues cuando Dios lo declaró, fue sí en Cristo y al pedirlo con fe, Él tiene nuestro amén.
Recordemos que nuestro amén es la declaración propia de fe en la veracidad de Dios declarada y en su fidelidad para cumplirla. Es por esto que Juan dice:

1 Juan 5:10-12

10 El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho [considerado] mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.
11 Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.
12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

Algunas personas se enojan al leer esté versículo o se indignan si alguien se los menciona, por la radicalidad con la que están expresados.
De hecho, lo he escuchado poco en las prédicas cristianas.
Las palabras de Juan no admiten otro camino, no admiten otra verdad, ni otro Dios, ni otro Salvador.
Declara la promesa y el único mandamiento que abre la puerta a recibirla.
Básicamente todo ser humano alberga el clamor de corazón de vivir para siempre.
Sobre este clamor se han edificado las religiones del mundo. Juan dice: hay una promesa de Dios que nos habilita a recibir el don de la vida eterna, la promesa más grande que Dios nos haya hecho, y hay un mandamiento que lo hace efectivo: Creer el testimonio que Dios ha dado acerca de su hijo, a saber, que es el Señor y que Dios lo levanto de entre los muertos (Romanos 10:9).
El tema que nos ocupa es el entendimiento de los principios de fe para recibir las promesas de Dios, así que tomaremos como ejemplo el principio que desarrolla Juan, pues se cumple para cada promesa de Dios.
Supongamos que yo deseo la vida eterna, tengo el clamor genuino en mi corazón de algo bueno, algo que es la voluntad de Dios para la gente. Supongamos que en mi búsqueda de la vida eterna me involucro en cualquier movimiento espiritual que no considera a Jesús como Señor ni acredita su resurrección.
Según la Biblia, al faltar mi “amén”, esto es, mi declaración propia que de fe en la veracidad de Dios acerca del testimonio que Él ha dado acerca de su hijo y la fidelidad de Dios para cumplir su promesa por ese camino, la promesa no se cumple y no tengo la vida.
De aquí la importancia de predicar el evangelio en todo tiempo, que es dar voces en el mundo acerca de la verdad de Dios y de su fidelidad para respaldarla con su poder.
Lo mismo es con toda promesa de Dios.
Yo estoy esclavizado económicamente, sin recursos, sufriendo escasez material, y pido a Dios liberación, lo cual es su voluntad declarada en 3ª Juan 2.

Entonces me dirijo a un casino y busco que la suerte me acompañe para prosperar.
El deseo es genuino, pero el camino errado.
La promesa está, pero se ha ignorado el mandamiento.
Según Isaías 65:11 los juegos de azar representados en “Fortuna” y “Destino” (términos incluso muy utilizados hoy en los juegos de azar), no son el camino de Dios, más aún, son cosas que Él detesta.
Podrá eventualmente aparecer algún resultado, pero el balance final será dolor.
Si buscamos prosperidad genuina de Dios, debemos adherirnos a los mandamientos de Dios para tal fin, los cuales involucran trabajar honestamente, ser generoso con los pobres y reconocer a Dios con ofrendas para su obra.
Así es con cada promesa, hay mandamientos específicos que nos habilitan a recibir las promesas específicas.
La Biblia se constituye así en nuestra fuente primera
para conocer qué está disponible de parte de Dios y cómo recibirlo.
El segundo aspecto fundamental en el principio de claridad es el que tiene que ver, no con el “sí” de Dios, sino con nuestro “amén”:

2 - CLARIDAD EN LO QUE NOSOTROS QUEREMOS
Sorprendentemente es aquí donde muchos fallamos.
Sabemos lo que Dios quiere, aún sabemos cómo recibirlo, pero la pregunta es… ¿sabemos nosotros lo que queremos?
Cuando nuestros deseos se alinean con los anhelos de Dios, cuando nuestro amén fluye con el sí de Dios… las respuestas llueven sobre nosotros.
Aquí no hablamos sólo de la claridad de Dios en sus promesas y mandamientos sino de nuestra claridad en lo que nosotros queremos.
Dios declaró el clamor de su corazón para su pueblo de esta manera:

Deuteronomio 5:29

¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!

Casi podemos oír la voz de Dios al leer este versículo expresando su profundo deseo de poder bendecir a su pueblo sin reservas.
Cuando los que somos suyos guardamos sus mandamientos recibimos las fuentes de bendiciones preparadas para nosotros que se resume en la promesa “que nos vaya bien para siempre”.
Dios quiere, el punto ahora es lo que nosotros queremos.

Dios quiere darle vida eterna ¿usted quiere recibirla?

Dios quiere sanarlo ¿usted quiere sanarse?

Dios quiere prosperarlo ¿usted lo quiere?

Jesús está a la puerta y llama ¿usted quiere cenar con él?

Sucede que a veces no sabemos muy bien que pedirle a Dios, no sabemos muy bien lo que queremos, no terminamos de tener convicción, la enorme cantidad de destellos que el mundo nos presenta nos divide notablemente.
El término griego que el Nuevo Testamento utiliza para este fenómeno es: merimna, un derivado de merizo que literalmente es ser atraído en diferentes direcciones.
Merimna, se traduce generalmente como preocupación y afán.
Es la palabra que utiliza Lucas al mencionar la respuesta de Jesús a Marta que estaba limpiando la casa mientras él estaba conversando con su hermana María.
Marta se enojó y le dijo a Jesús que tome cuidado de la situación, ella estaba trabajando y su hermana sólo se dedicaba a escucharlo a él:

Lucas 10:41,42

41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada [merimnao] y turbada estás con muchas cosas.
42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

Afanada con “muchas cosas”… pero solo “una cosa” es necesaria.
Las muchas cosas nos bifurcan el corazón, lo dividen en fragmentos más pequeños y con menos poder, con menos claridad.
Marta estaba funcionando en automático, como lo hacemos nosotros a menudo, haciendo, haciendo, haciendo… ¿para qué?... no lo sabemos, pero hay que hacer.
Y pasa Jesús por casa y ni siquiera podemos sentarnos a sus pies a escucharlo.
Viene a nuestra puerta y llama pero hay tantas cosas en nuestra cabeza que no lo escuchamos y se queda afuera.
Principio de claridad: un corazón enfocado en una sola cosa es clave para recibir de Dios.

EJEMPLO PRÁCTICO DEL PRINCIPIO
Veamos un registro en los evangelios donde el principio de claridad se hará evidente ante nuestros ojos, de manera que nosotros también podamos ponerlo en práctica y al igual que aquellos que se acercaron a él, encontremos lo que buscamos:

Mateo 8:5-8

5 Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole,
6 y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado.
7 Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.
8 Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará.

El centurión podría haber acudido a Esculapio, el dios romano de la curación, o podría haber ido a rezar al templo de Apolo el dios de la medicina, pero acudió a Jesús, fue a la fuente verdadera.
Sabía quién era Jesús, creía en Jesús, confiaba en su voluntad y poder para sanar y por eso se acercó a él.
Ni siquiera fue a una sinagoga, aunque había construido una para los judíos. Sabía lo que quería, sabía que estaba disponible y sabía quién podía suplirlo.
Jesús inmediatamente responde al pedido del centurión.
La fe lo atrae, lo mueve, lo maravilla.
Lo mismo sucederá en su vida cuando acuda a él con fe.
Note que el centurión le sugiere a Jesús cómo sanarlo.
En su profunda fe y humildad le dice que ni siquiera es necesario que vaya hasta su casa, sino que solamente diga la palabra, que declare la promesa y sería suficiente.
Jesús podría haber dicho: “Amigo, aquí el que dice como hacer las cosas soy yo, voy a poner mi mano en la parte enferma, voy a decir tal y cual cosa y entonces se sanará.
Usted pídame, pero déjeme a mi hacer el trabajo a mi manera”. Sin embargo Mateo registra otra cosa:



Mateo 8:10,13

10 Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
13 Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.

Siempre me llamó la atención este relato, Jesús no sólo honró la fe del centurión en cuanto su petición sino incluso en cómo llevarlo a cabo. Jesús hizo lo que el centurión dijo.
No fue a la casa como pensaba hacer, sino que dijo la palabra tal como el hombre le sugirió.
Yo pensaba que todo tenía que ser como Jesús dice, pero aquí veo que se hace como el que pide dice.
Todo lo que el centurión pidió fluyó de un corazón lleno de fe, a tal punto que maravilló al hombre más grandioso en fe que haya caminado sobre la tierra.
Si Maradona se maravilla de una jugada mía, seguramente que tiene que ser muy, pero muy buena.
Este hombre le causó sorpresa con su fe al varón de fe de todo el universo.
El punto que quiero destacar aquí, es que Jesús no espera que seamos guiados por él en todos y cada uno de los aspectos que hacen al recibir las promesas, espera que participemos con nuestra iniciativa, que seamos artífices de lo queremos, siempre y cuando fluya con la voluntad de Dios y él lo honrará haciendo lo que decimos.
Nos encontramos diciendo: “Señor, haz tu voluntad en mí”.
Eso está muy bien, pero ¿qué sucede si nos pasamos toda la vida en esa postura, esperando que el Señor haga su voluntad en nosotros?
¿No será que él está esperando que le digamos qué es lo que queremos para honrar nuestra fe?
Le preguntamos: “Señor ¿Qué quieres para mi vida? Y el Señor nos responde: “¿Qué es lo que quieres tú?”, y tal vez nos encontremos con que en realidad no lo sabemos con claridad.
Aquí es donde debemos comenzar a trabajar en nuestro corazón considerando la Palabra de Dios para decidir que es lo que realmente queremos.
Cuando lo sepamos, si fluye con la voluntad de Dios, es hora de ponerse en marcha, el Señor honrará la acción de fe.
Queremos un trabajo y decimos, “cualquier cosa Señor, lo que tú quieras”.
Falta compromiso, falta involucramiento.
El Señor dice: “Yo quiero que trabajes, pero en lo que quieres trabajar te pertenece, ve a buscar lo que quieres y yo estaré allí para suplir lo que necesites”.
Disfrazar la flojera en la fe con una capa de obediencia abnegada y pasiva, no es el ejemplo que vemos de la gente de fe en la Biblia.
Queremos servir en la Iglesia y oramos: “lo que sea Señor, lo que tu quieras”.
Pero no es una declaración comprometida, estamos poniendo en manos del Jesús lo que debe estar en las nuestras.
Decidamos en primer lugar si realmente tenemos el compromiso de servir, decidamos donde queremos servir, y hagámoslo, el Señor honrará la acción de fe.
Tenemos mandamientos y promesas para el servicio, Dios ya nos ha dado su “si” en Cristo, ¿qué más quiere el Padre que lo sirvamos?
Lo que debemos revisar es si existe nuestro propio compromiso, de ser así, involucrarnos con él, llamar la atención de Jesús, asumir riesgos si fuera necesario, y Jesús estará allí para darnos conforme a nuestra fe como lo hizo una y otra vez con los que acudieron a él.
Más aún, Cristo ya nos revistió de todo lo necesario para el servicio, ya hizo de nosotros ministros suficientes para la gran obra que quiere llevar adelante en el mundo, es sólo cuestión de aplicar los principios de fe, estirar la mano, y nos será hecho lo que anhelamos conforme a la voluntad de Dios.
El principio inmutable de fe de claridad nos dice que si queremos recibir de Jesús, necesitamos en primer lugar estar claros en las promesas y los mandamientos de Dios, ¿qué es lo que Él quiere? Y en segundo lugar estar claros en cuanto a nuestra propia voluntad ¿qué es lo que yo quiero?
Jesús no dio por sentado que la gente que venía a él, quería ser sana, libre, salva; les preguntó que querían antes de ministrarles.
A Bartimeo el ciego le dijo: ¿qué quieres que te haga?; al paralítico de Betesda: ¿quieres ser sano?; a los discípulos de Juan que lo siguieron al comenzar su ministerio les preguntó: ¿Qué buscáis?.
Para finalizar un buen ejercicio que puede hacer es tomar papel y lápiz y dejar por escrito para usted mismo, las siguientes preguntas y sus respuestas:


1. ¿Qué quiero para mi vida:

a) laboral

b) familiar

c) espiritual

d) de servicio en la Iglesia?

2. ¿Fluyen mis deseos con la voluntad de Dios reflejada en sus promesas?
3. Si fluyen con su voluntad, la tercera pregunta es: ¿Cuáles son los mandamientos que debo aplicar que abren las ventanas de los cielos para que Dios cumpla su promesa en mi vida?

Creer es algo práctico, que tiene estructura, no es simplemente esperar que pasen ciertas cosas pasivamente, se trata de conocer los principios involucrados y aplicarlos.
Creer no depende ni remotamente del azar, depende de la acción comprometida del que cree y del poder de Dios liberado por esa fe.

By Pablo Seghezzo
http://www.reconciliar.org

domingo, 26 de julio de 2009

Por sus frutos los conocereis



Dios te bendiga!!.

¿De qué trata la vida cristiana? Se trata de conocer a Dios y a Su hijo Jesucristo y dar fruto. En el evangelio de Juan, Jesús dijo:

Juan 15:16

No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.

También Pablo dijo en

Romanos 7:4
Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.


En la parábola del sembrador Jesús habla de los cuatro diferentes tipos de personas que escuchan la Palabra de Dios.
El segundo y tercero eran aquellos que fueron infructuosos, mientras que en el último, el loable, es el que “oye y entiende la Palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta y a treinta por uno.” (Mateo 13:23)

Por lo cual, lo que Dios planeó para los cristianos no era solamente creer y sin cambio alguno.
El ser solamente un tipo de árbol o dar el mismo tipo de fruto que daban antes. El hecho de que no demos fruto le importa a Dios.
Déjame repetir esto: Dios no tiene la intención de que solo vayas por la vida. Dio te hizo una criatura única, te dio dones, sí, a ti, únicamente, y te comisionó para que hicieras una cosa: para que fueras y llevaras fruto.
Pronto veremos cómo se hace, pero ten en mente que Dios ha dado dones a cada uno de sus hijos, desde el más joven hasta el más viejo, del más podre al más rico, desde el analfabeta hasta el más educado, Él les ha dado dones únicos y desea que llevemos mucho fruto.
Veamos de nuevo lo que el Señor dijo en Juan 15:

Juan 15:8
En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto”

Juan 15:1-2
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador... y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”

El Padre se regocija cuando sus hijos producen fruto. Observa que tiene cuidado especial al podar, limpiar a todos aquellos que llevan fruto para que ¡lleven más! El Padre no quiere más ramas en la vid... quiere ramas fructíferas, no, ramas ABUNDANTEMENTE fructíferas, ramas que den fruto a su máximo potencial.
Hoy, muchos cristianos se hacen a un lado esperando que alguien más “se encargue del show” en lugar de ellos.
Un “profesional”, porque ellos no son.... “profesionales”, pero Pedro y los otros – la mayoría de ellos pescadores del primer siglo no eran profesionales en ese sentido.
¡No se graduaron de ningún seminario y ni siquiera lo necesitaban! ¡El único título que tenían era el de pescadores!
Hay algunos por ahí que aunque han creído, no se les ve que lleven fruto en su vida. Una vida cristiana sin cambio, es una vida cristiana sin fruto, son una contradicción de sí mismos.
Y con esto no quiero decir que cristianos apasionados con celo de Dios y su Palabra no cometen errores, ¡claro que sí!.
Pero cristianos apasionados rechazan el llamado masivo, que dice: “sigue la corriente... es suficiente con ir el domingo al templo, sentarse en la banca, cantar y escuchar el sermón, luego regresar a casa y olvidarse de todo hasta el próximo domingo”. Los cristianos apasionados no se arriesgan.
No se conforman con menos. Buscan a Dios y quieren crecer en Él, quieren acercase más y más a Él y a Su Hijo, quieren que Cristo se manifieste en sus vidas tanto como sea posible.
Los cristianos apasionados tienen, valga la redundancia, pasión por el fruto y visión por Cristo, y la novedad es que Dios quiere que seas como ellos, quiere que seas un CRISTIANO APASIONADO o por decirlo de otra forma un cristiano con pasión por Dios.
Un cristiano caliente, no uno tibio (Apocalipsis 3:15), que seas una rama fructífera que florece y da fruto a su máxima potencia. De eso se trata la vida cristiana.

Fruto: ¿Qué es?
Para ponerlo fácil yo diría que fruto es una vida cambiada, centrada en Cristo, una vida a la que hemos muerto a nosotros mismos para que Cristo viva a través de nosotros (Gálatas 2:19-20).
Una vida que busca complacer a Dios y no a uno mismo o a la gente; una vida cuyo tema central y prioridad es Dios. Veamos lo que dice la Escritura:

Gálatas 5:22-25
22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.


Lo que quiere decir con espíritu es el nuevo hombre, Cristo en nosotros. Vivir de acuerdo al nuevo hombre produce el fruto mencionado en los versículos anteriores, el carácter del nuevo hombre es el que Cristo tiene. Leamos

Efesios 2:10:

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.


Dios ya ha preparado de antemano las buenas obras en las cuales debemos andar. A cada uno de nosotros nos ha dado dones únicos, como un árbol plantado y destinado a dar fruto. El objetivo de esto es complacer al Padre y llevar fruto.

1 de Pedro 4:7:11

7 Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.
8 Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.
9 Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.
10 Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
11 Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

En este pasaje da instrucciones de “como ser” en varias cosas. Velad en oración, tener ferviente amor los unos a los otros, ser hospitalarios sin murmurar.
Observa también que cada uno de nosotros a recibido un don de Dios.
Dios a dado dones únicos a cada uno de Sus hijos.
Como cada una de las partes del cuerpo es única y puesta en su lugar con una función, así también cada uno de nosotros: hemos sido puestos por Dios en el cuerpo de Cristo, la iglesia, y hemos recibido cada uno dones únicos para funcionar ahí (1 de Corintios 12:12-27).
Y lo que Pedro nos dice aquí es simplemente una cosa: ¡FUNCIONA! Dios no ha dado dones a ciertos individuos solamente; no ha dado dones solo a tu pastor o sacerdote. Este pasaje no se refiere a un grupo específico de personas dentro de la comunidad cristiana.
Por el contrario, se refiere a todos los cristianos, ¡incluyéndote a ti! Observa que también dice que se ministren los unos a los otros. Yo te ministro a ti, tu me ministras a mí.
Hoy usamos la palabra “ministrar” para describir a alguien con un rol más que nada administrativo.
Así al pastor o el sacerdote de la comunidad de creyentes local se le llama “ministro”.
Es el único que se supone que puede ministrar, mientras que todos los otros que no son pastores ni sacerdotes y que no toman parte en la administración de la comunidad son los que reciben la ministración, pero ¿nunca pueden ministrar? Ésta es la idea que implícita o explícitamente reside en la mente de muchos.
Bueno, pues la noticia es que esta idea no es originada por Dios ¡ni es fundamentada en las Escrituras!
La idea que la Escritura promueve es la siguiente: cada uno de nosotros ha sido dotado por Dios de manera única y de la misma forma ha sido puesto en el cuerpo de Cristo.
En las Escrituras no existen tales cosas como clero o laicado.
Como dicen las Escrituras, todos nosotros somos sacerdotes de Dios.
Veamos cómo lo pone Pedro tan maravillosamente:

1 Pedro 2:9
Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

1 Pedro 2:5
“vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”


Se espera que cada uno de nosotros funcione en su don, ministrando unos a los otros.
Lo que 1 de Pedro 4:7-11 nos dice es que te debes de ocupar en los dones que Dios te dio. Enfócate en tu don y ejercítalo.
No se trata de que si tienes un “ministerio” o no, porque en realidad ¡sí tienes uno!
¡Eso es un hecho! Y lo que Pedro dice es ocúpate en eso, ocúpate ministrando de acuerdo a tu don.
De nuevo, aunque lo anterior son frutos y puede que parezca que ocuparse haciendo o caminando producirá fruto, esta no es la imagen completa.
Ocuparse ejecutando nuestros dones presupone una relación viva con el Señor Jesucristo.

Filipenses 1:9-11
9 Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento,
10 para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo,
11 llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.

Los frutos de justicia “son por medio de Jesucristo” no por nuestras fuerzas. Además, su resultado es la gloria y alabanza de Dios.
Como Jesús explica en Juan 15, Él es la vid y nosotros los pámpanos:

Juan 15:4-5,8
4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Producir fruto, presupone que somos permanentes en la Vid. Y nosotros no somos la Vid.
¡Es Cristo! Nosotros somos los pámpanos, es imposible para un pámpano producir fruto si no permanece en la Vid.
Del mismo modo con nosotros, es nuestra unión con Cristo la que puede hacernos, los pámpanos, producir fruto.
En este caso, los pámpanos no son nada más que la forma en que la Vid produce fruto. Ministrar y ejercer las buenas obras que Dios preparó para nosotros presupone, por lo tanto, una relación apasionada con el Señor Jesucristo, a quien queremos complacer.
El enfoque no es precisamente en las obras mismas sino en Cristo, y a través de nuestra unión con Él, como permanecemos en Él, “por medio de Jesucristo” como la epístola de Filipenses dice, el fruto se hace evidente.
Avanzando un poco más en esto, Cristo habló de falsos profetas y dijo que los reconoceremos por sus frutos.

Mateo 7:15-20
15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.
19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
20 Así que, por sus frutos los conoceréis.


Permanece en Cristo, porque el que permanece en Cristo y Cristo en él solo puede producir una cosa: ¡mucho fruto!
Fruto: Podar
No sé mucho de jardinería, pero sé desde que estaba en la escuela que para que una planta pueda producir fruto necesita ser podada de vez en cuando. Como quiera ésta no es una definición completa.
Buscando en internet encontré la siguiente definición en wikipedia: (ver:
http://es.wikipedia.org/wiki/Poda)


La Palabra habla sobre los falsos profetas (Mateo 7:5),
falsos Cristos (Mateo 24:24),
falsos apóstoles (2 Corintios 11:13),
falsos hermanos (Gálatas 2:4, 2 Corintios 11:20),
falsos maestros (2 Pedro 2:1),
obreros fraudulentos (2 Corintios 11:13).
Hay algo para identificar a este tipo de personas, me refiero al ¡fruto!, y el fruto bueno solo puede venir a través de “Jesucristo”.
Cualquier otro árbol, aunque pueda ser que hable de Dios, incluso de Cristo, puede producir fruto falso.
De esta manera, mi querido hermano o hermana, me gustaría animarte a buscar a Dios con todo tu corazón; a que apasionadamente busques crecer en tu relación con nuestro Dios vivo para luego ocuparte en lo que sea que Él haya preparado para ti.
El fruto del espíritu se llama asi porque el árbol es el Espíritu Santo, la nueva criatura, Cristo en nosotros.

jueves, 16 de julio de 2009

El implacable amor de Dios Parte 2

Dios te bendiga!!.

La gracia de Dios

Exactamente, ¿Qué es gracia? quizas la definicion que mas se acerca a la verdad es que es un " regalo inmerecido", tambien sabemos esto de ella: lo que sea que es la gracia, Pablo dice que :

Tito 2:11-12

11 Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres,
12 enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente,

¿Cómo alcanzamos tal lugar, donde podamos ser enseñados por la gracia? ¿Y cual es la enseñanza que la gracia ofrece?
Según Pablo, la gracia nos enseña a renunciar a la impiedad y la lujuria, y a vivir una vida santa y pura.
Si es así, entonces necesitamos que el Espíritu Santo ilumine en nuestras almas los fundamentos verdaderos de esta doctrina.
Encontramos el secreto a la declaración de Pablo acerca de la gracia en 2 Corintios 8:9. El declara:

2 Corintios 8:9

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.”

Pablo no se esta refiriendo a riquezas materiales aquí, sino acerca de riquezas espirituales.
Numerosos pasajes comprueban esto.
En todas sus cartas, Pablo habla de las riquezas de la gloria de Cristo, las riquezas de la sabiduría, riquezas de gracia, de ser ricos en misericordia, fe y buenas obras. De igual manera, el Nuevo Testamento se refiere a las riquezas espirituales como opuestas a la mentira de las riquezas mundanas.
Pablo nos esta diciendo: “Aquí esta todo lo que necesitas saber acerca del significado de la gracia. Llega a nosotros a través del ejemplo del Señor. Sencillamente, Jesús vino a bendecir, edificar y animar a otros a expensa propia. Esa es la gracia de Cristo.
“Siendo rico, por nosotros se hizo pobre, para que a través de su pobreza nosotros fuésemos ricos.”
Jesús no vino a magnificarse o traer gloria a si mismo.
El entrego todo derecho al “Yo” en mayúscula, significando todo énfasis en el “Yo, y lo mío.”
Cristo dejo pasar toda oportunidad para ser el mayor entre sus compañeros.
Píenselo: el nunca pidió que la bendición se derramara sobre el para ser conocido o aceptado por los demás.
El no impuso su peso divino para obtener poder o reconocimiento.
El no se exalto a expensas del pobre; u hombres menos hábiles.
Y el no se glorió en su propio poder; habilidad o logros.
No, Jesús vino a edificar un cuerpo.
Y el lo demostró al gloriarse en las bendiciones de Dios sobre los demás.
Cuando Cristo camino sobre la tierra, el no estaba en competencia con nadie. Seguramente que escucho a sus discípulos glorificando sus grandes obras.
Sin embargo, en toda humildad, Jesús respondió, “Ustedes van a sobrepasarme.
Les digo, ustedes harán mayores obras que todas las mías.”
Luego, cuando llegaron los reportes que sus discípulos están haciendo esas mismas obras, echando fuera demonios y sanando gente, el danzo con gozo.
¿Cuantos de nosotros podemos reclamar este mismo tipo de gracia?
A mi vista, dolorosamente esta en falta en la mayor parte de la iglesia.
Pocos cristianos verdaderamente se regocijan cuando ven a sus hermanos o hermanas bendecidos por Dios.
Esto es especialmente cierto de muchos pastores. Cuando ellos ven a otro pastor cosechando las bendiciones de Dios, solo piensan en su propia condición.
Ellos dicen, “Yo he estado luchando en oración por años. Pero ahora este joven predicador viene al pueblo y Dios comienza a derramar bendición sobre el.
¿Y yo?”
Aquí esta el implacable amor de Dios: el regocijarnos al ver a otros bendecidos por encima de nosotros. Pablo escribe:

Romanos 12:9-10

“El amor sea sin fingimiento.
Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a la honra, prefiriéndoos los unos a los otros.”

Aquí tenemos una gracia que esta dispuesta a mantenerse humilde, aun cuando se regocija en la bendición de otro.

El implacable amor de Dios Parte 3

Dios te bendiga!!.

Poca gracia de Dios en la iglesia de Corinto

Pablo encontró a los cristianos Corintios en competencia unos con otros.
La iglesia estaba llena de auto exaltación, autopromoción, y búsqueda propia. Hombres y mujeres se gloriaban en sus dones espirituales, empujando por estatus y posición.
Ellos hasta competían en la mesa de santa cena.
Los creyentes opulentos desfilaban sus comidas exóticas, mientras que los pobres no tenían nada que traer.
Otros estaban tan orgullosos, que les precia como nada demandarse unos con otros para arreglar sus disputas.
Todo esto era contrario a la gracia que Pablo predicaba.
Estos Corintios estaban sellados con un “Yo” en mayúsculas inmensas.
Para ellos era todo tomar y no dar.
Aun hoy la palabra “Corintio” tiene como connotación su carnalidad y mundanalidad.
Pablo les dijo a estos creyentes,
1 Corintios 3:1,3

“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. … ¿no sois carnales, y andáis como hombres?”

(
Piensa en lo que Pablo estaba diciendo.
Los bebes solo buscan satisfacer sus propias necesidades.
Gritan para que los mimen.
Y los Corintios eran niños en esta forma.
Esta gente era suave con el pecado, algunos entregándose a la fornicación y hasta el incesto.
Cuando pensamos en tales creyentes, la palabra “santo” no llega a la mente.
Sin embargo, a pesar de toda su carnalidad, Dios dirigió a Pablo a escribirles a esta gente como:

1º Corintios 1:2-3

“la iglesia de Dios…a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos…Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”

¿Era esto un error? ¿Estaría Dios guiñando al compromiso de la iglesia?
No, nunca.
Dios conocía todo acerca de la condición de los Corintios.
Y el nunca pasa por alto sus pecados.
No, el saludo lleno de gracia de Pablo es un cuadro del amor implacable de Dios.
Trata de imaginarte la maravilla de los Corintios mientras escuchaban leer la carta de Pablo en la iglesia.
Aquí estaban creyentes contentos consigo mismos solo mirando por el numero uno.
Sin embargo, Pablo, escribiendo bajo inspiración divina, se dirige a ellos como “santos” y “santificados en Cristo.”
¿Por qué? Dios estaba asegurando a su pueblo.
Déjame explicar.
Si Dios nos juzgara conforme a nuestra condición, seriamos salvos un minuto y condenados el otro.
Seriamos convertidos diez veces al día y nos deslizaríamos diez veces diariamente.
Cada cristiano honesto debe admitir que su propia condición, aun en lo mejor, es una de lucha.
Todos aun estamos peleando, aun tenemos que depender de la fe en las promesas de Dios de misericordia.
Eso es porque aun tenemos debilidades y fragilidades en la carne.
Gracias al Señor que el no nos juzga conforme a nuestra condición.
Al contrario, el nos juzga por nuestra posición.

Ves, aunque somos débiles y pecadores, le hemos entregado nuestros corazones a Jesús, y por fe el Padre nos ha sentado con Cristo en lugares celestiales.
Esa es nuestra posición.
Por lo tanto, cuando Dios nos mira, el no nos ve según nuestra condición pecadora sino según nuestra posición celestial en Cristo.
Por favor no me malinterprete.
Cuando digo que Dios asegura a su pueblo en gracia, no me estoy refiriendo a la doctrina que permite al creyente a continuar en pecado promiscuo.
La Biblia aclara que es posible para cualquier creyente alejarse de Dios y rechazar su amor.
Tal persona puede endurecer su corazón tan repetidamente y tan rígidamente, que el amor de Dios no penetrara las paredes que el ha levantado.
Ahora mismo, puedes estar en una condición Corintia.
Pero Dios ve tu posición como que estas únicamente en Cristo.
Así fue como el trato con los Corintios. Cuando Dios los miraba, el sabia que ellos no tenían recursos para cambiar.
Ellos no tenían poder en si mismos para ser piadosos de repente.
Por eso el inspiro a Pablo a dirigirse a ellos como santos santificados.
El Señor quería que ellos conocieran la seguridad de su posición en Cristo.
¿Luchas con una debilidad? Si es así, quiero que sepas que Dios nunca será obstaculizado en su amor por ti.
Escúchalo llamándote “santo,” “santificado,” “aceptado.”
Y echa mano de la verdad que Pablo describe:

1 Corintios 1:30

“Mas por el estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;”

El implacable amor de Dios Parte 4


Dios te bendiga!!.


el amor de Dios.

En la primera epístola de Pablo a los Corintios, el se dirige a la necesidad de ellos por la gracia de Dios.
Esto es a causa de sus fracasos.
Pero en su segunda carta, Pablo enfoca sobre el amor de Dios.
El sabia que el implacable amor de Dios era el único poder capaz de cambiar el corazón de cualquiera.
Y la segunda carta de Pablo comprueba que Dios elige usar amor como su manera de mostrar su poder.
Primera de Corintios 13:4-8 nos ofrece una poderosa verdad acerca del amor implacable de Dios. Sin duda, has escuchado este pasaje muchas veces, desde los pulpitos de la iglesia y en bodas:

1 Corintios 13:4-8
4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

La mayoría de nosotros piensa, “Este es el tipo de amor que Dios espera de nosotros.”
Eso es verdad, en cierto sentido.
Pero el hecho es que nadie puede dar la medida de esta definición de amor.
No, todo este pasaje es acerca del amor de Dios.
El versículo 8 lo comprueba: “El amor nunca deja de ser.”
El amor humano falla.
Pero aquí tenemos un amor que es incondicional, nunca se da por vencido.
Soporta cada fallo, cada desilusión.
No se recrea mirando los pecados de los hijos de Dios; al contrario, llora por ellos.
Y resiste todo argumento que dice que somos demasiado pecadores e inmerecedores para ser amados.
En resumen, este tipo de amor es implacable, nunca se detiene en su persecución del amado.
Esto solo puede describir el amor de Dios todopoderoso.
Considera como este amor poderoso afectó a Pablo.
En su primera carta a los Corintios, el apóstol tenía toda razón para abandonar la iglesia. El tenía muchas razones para estar enojado con ellos.
Y fácilmente el podía desecharlos por inútiles, desesperarse con sus niñerías y pecaminosidad.
El podía comenzar su carta de esta manera: “Me lavo las manos de ustedes.
Ustedes son un pueblo incorregible.
Todo este tiempo he derramado mi propia vida por ustedes.
Sin embargo, mientras mas los amo, menos me aman ustedes a mí.
Basta ya—los entrego a sus propios deseos.
Adelante, peleen entre ustedes.
Mi trabajo con ustedes termino.”
Pablo nunca podría escribir esto.
¿Por qué? El había sido detenido por el amor de Dios.
En Primera de Corintios, leemos de el entregando a un hombre a Satanás, para la destrucción de la carne del hombre.
Esto suena severo. Pero, ¿Cuál era el propósito de Pablo? Era para que el alma del hombre pudiera ser salva (ver 1 Corintios 5:5).
También vemos a Pablo, agudamente reprendiendo, corrigiendo y amonestando.
Pero el lo hizo todo con lagrimas, con la suavidad de una enfermera.
¿Cómo reaccionaron los carnales Corintios al mensaje de Pablo del amor triunfante de Dios? Ellos se derritieron ante sus palabras.
Pablo después les dijo: “Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios,… ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna perdida padecieseis por nuestra parte.
Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación” (2 Corintios 7:11, 9-10).
Pablo les estaba diciendo: “Ustedes se han limpiado, estaban indignados por sus pecados, y ahora están llenos de celo y temor santo.
Se han probado claros y limpios.”
Les digo, esos Corintios fueron cambiados por el poder del amor implacable de Dios. Mientras leemos la segunda carta de Pablo a ellos, encontramos que el gran “Yo” en esta iglesia a desaparecido.
El poder del pecado fue roto y el yo tragado por la tristeza santa. Esta gente ya no estaba envuelta en dones, señales y maravillas.
Su énfasis ahora era dar en vez de recibir.
Ellos recaudaban ofrendas para enviarlas a creyentes que habían sido azotados con gran hambruna.
Y el cambio vino por la predicación del amor de Dios.
Yo estoy personalmente convencido por esta verdad.
En mi juventud, yo predique mensajes acerca de la mala condición de la iglesia.
Me desesperaba por el estado deplorable de tanta gente de Dios.
Y salí a corregir estas cosas con espada y martillo.
Golpee el compromiso y desmenucé todo lo que estaba a mi vista.
Y en el proceso, puse a la gente bajo condenación que nunca debió ser.
Si Pablo hubiera predicado de esa manera en Corintios, seguro que hubiera desmenuzado toda carnalidad, hubiera echado abajo a los fornicarios, y hubiera detenido las demandas.
Pero esa iglesia se hubiera deshecho.
No hubiera quedado congregación para ser reprendida por Pablo.
Tal forma de predicar es mal dirigida por celo humano.
Es usualmente el resultado de la falta de revelación personal del predicador, del amor de Dios por el.

El implacable amor de Dios Parte 5


Dios te bendiga!!.

comunión del Espíritu Santo.

La frase griega que Pablo usa se traduce como, “el compañerismo del Espíritu Santo.”
Al principio, los Corintios no sabían nada acerca de tal compañerismo.
El cuerpo de la iglesia estaba galopante con individuasmo.
Pablo dijo de ellos: “…cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y Yo de Cristo” (1 Corintios 1:12).
Este individualismo lo llevaban a los dones espirituales de la gente.
Aparentemente, los Corintios solo iban a la iglesia para edificarse a si mismos.
Uno llegaba con el don de lenguas, otro con una profecía, otro con una palabra de sabiduría—todavía ellos están usando sus dones para servirse a si mismos.
Todos querían irse diciendo, “Hoy, yo di una profecía,” o, “Hable poderosamente en el Espíritu.” Y estaba ocasionando gran desorden.
Pablo hizo un llamado explicito por orden, enseñándoles, “Aprendan a callar. Dejen que otro hable. Busquen edificar el cuerpo y no tan solo a ustedes mismos.”
La obra mas profunda del Espíritu Santo trata con algo mas que dones espirituales.
Señales, maravillas y milagros son todos necesarios, y todos tienen su lugar.
Pero la obra mas preciosa del Espíritu de Dios es unir al cuerpo de Cristo.
El busca establecer compañerismo entre el pueblo de Dios, por su poder para unir.
Más, muy a menudo hoy, cuando hablamos del compañerismo del Espíritu Santo, tendemos a pensar individualmente.
Pensamos en términos de “yo y el Espíritu Santo,” diciendo, “El Espíritu y yo disfrutamos intimidad con Cristo.”
Pablo ata compañerismo y unidad a dos temas que ya hemos tratado: la gracia de Cristo y el amor de Dios.
El dice, en esencia: “Para verdaderamente entender estos dos temas, tienen que unirte. Así es como puedes medir la gracia de Cristo y el amor de Dios en tu vida.
Esta determinado por tu disponibilidad a ser en plena unidad con todo el cuerpo de Cristo.”
¿Qué significa tener unidad? Significa sacando todo celo y competencia, y no compararte más con otros.
En lugar de eso, todos se regocijan cuando un hermano o hermana es bendecido. Y todos están ansiosos por dar en vez de tomar.
Solo esta clase de compañerismo revela verdaderamente la gracia de Cristo y el amor de Dios.

El implacable amor de Dios Parte 6


Dios te bendiga!!.


¿Estoy dispuesto a cambiar?


La pregunta es, “¿Realmente quiero permitirle al Espíritu Santo que me muestre donde necesito cambiar?”

Ves, hay un propósito detrás del amor implacable de Dios. Es esto: hay poder en el amor de Dios para solucionar todos tus problemas al cambiarte.
Si me dices que eres buena persona—bondadosa, caritativa, perdonadora, lavada en la sangre de Cristo—yo contesto, el amor de Dios provee algo mas que perdón.

Puedes ser perdonado y una buena persona, pero aun ser gobernada y esclavizada por tu naturaleza pecaminosa.

Todos nacemos con la naturaleza de Adán, la tendencia a pecar.

De hecho, es esa naturaleza en nosotros que es fácilmente provocada, envidiosa, lujuriosa, airada, que no perdona.

Esta misma naturaleza es la que en nosotros ama el dinero, siembra semillas de destrucción, y no se puede regocijar cuando otros son bendecidos.
Si has estado peleando contra tu naturaleza pecaminosa, estas en una guerra perdida.

Esa naturaleza no puede ser cambiada.

Siempre será carne y siempre resistirá al Espíritu Santo. Nuestra naturaleza carnal es más allá de la redención, y por lo tanto, debe ser crucificada.

Esto significa admitir, “Nunca podré agradar a Dios por si solo. Yo se que mi carne nunca me podrá ayudar.”
Debemos recibir una naturaleza nueva, y esa naturaleza es la misma naturaleza de Cristo.

Esto no es un rehacer de la vieja naturaleza o un traspasar de la carne.

Lo viejo tiene que morir. A lo que me estoy refiriendo es al nacimiento de una naturaleza totalmente nueva.

Y el Nuevo Pacto ha hecho provisión para esto:


2 Pedro 2:14

por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina


El amor de Dios nos dice: “Quiero asegurar tu posición en Cristo.

Tienes que darte por vencido en tratar de cambiar la naturaleza de tu carne, y déjame darte la naturaleza de mi Hijo.

Existe solo una condición para que esto suceda: simplemente cree.

Este cambio en naturaleza viene solo por la fe.

Debes creer y yo seré Dios para ti.”
Amados, cualquier creyente puede ser como Cristo tanto como desee.

Si tan solo puedes decir: “Creo que Dios realmente me ama,” estas confesando que el te ha ofrecido poder para ser cambiado.
Las Escrituras dicen que todos hemos recibido una medida de fe.

Por lo tanto, todos tenemos la capacidad para creerle al Señor por esta infusión de su naturaleza.

Dominio Propio

Dios te bendiga!!.

Recuerda que tu mente es el campo de batalla así que mantente firme no permitas que tus pensamientos se desvíen.
Dice en:
Proverbios 25 28

“Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse.”

Es impresionante la importancia que este tema tiene en la vida de las personas y que no siempre se le pone la atención que merece.
Pero también estoy seguro que hay muchos hijos de Dios con esta inquietud y que día a día están librando su propia batalla venciendo tentaciones con la ayuda del Espíritu Santo.
La Palabra de Dios compara a una persona sin dominio propio a una ciudad que está a merced del enemigo y de fortalezas externas que llegan a tener el control de su vida.
Definición de Dominio propio: "virtud de uno que controla sus deseos y pasiones, especialmente sus apetitos sensuales".
Del griego "sofronismós"; disciplina, control de uno mismo.
Dominio propio Es un don de Dios según vemos en


2 Timoteo 1:7
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.

No obstante los dones y el poder que Dios concede a sus hijos no se fortalecen por sí solos sino como dice Pablo deben ser avivados por la gracia de Dios mediante la fe, oración, obediencia y diligencia.

2 Pedro 1:5-7
5 vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;
6 al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad;
7 a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.


De allí que la clave para tener control espiritual sobre tus emociones negativas, tus pensamientos y tus actos es la renovación de la mente y que tus pensamientos estén de acuerdo con los de Dios.
En tu mente es donde se levantan argumentos negativos críticos e indisciplinados que te llevan a acciones negativas en contra de la voluntad divina.Normalmente nuestras acciones son dirigidas por nuestra forma de pensar, así que el primer paso para actuar correctamente es tener pensamientos correctos.
En otras palabras, amurallar tu ciudad (tu mente) con muros fuertes (pensamiento de Cristo) que no puedan ser derribados por los argumentos del diablo y los deseos de la carne.
Recuerda lo que dice

2 Corintios 10:4-5
4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,
5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,

¿Cómo puedes renovar tu mente? ¿Cómo puede el fruto del espíritu prevalecer sobre las obras de la carne?Conociendo tu identidad en Cristo, tu posición y tu relación con El.
Tu puedes tener control sobre tus pensamientos y por lo tanto sobre tus acciones, por medio del conocimiento y la certeza de que todo ha sido hecho nuevo en ti a través de El.
Que Cristo es tu fortaleza y el Espíritu Santo tu guía.
Que juntamente con El todo es posible.
Si tu lo decides, si rechazas todo pensamiento que se levante en contra de la voluntad de Dios, si tu mirada está puesta en lo celestial y no en lo terrenal.

Efesios 4:22-24
22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,
23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente,
24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

En conclusión, busca primeramente el reino de Dios, permitiendo que su Palabra impregne tuspensamientos, reconoce tu posición en El, adórale y glorifícalo, reconócelo en todos tus caminos y elte guiará en tu diario vivir.
Un paso cada vez: Tu comportamiento va a ir siendo transformado y vas a poder ver el fruto delEspíritu Santo a medida que tu pensamiento va siendo renovado.
Vive cada día, gana las batallas del día no trates de ganar hoy la batalla de mañana y así podrás ganar la guerra.
Recuerda que tu mente es el campo de batalla así que mantente firme no permitiendo que tus pensamientos se desvíen y ten siempre presente quien eres en Cristo Jesús.

1 Pedro 5:8-9

8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;
9 al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.

lunes, 13 de julio de 2009

EL REDENTOR

Dios te bendiga!!.

Aunque hoy en día mucha gente celebra el nacimiento de Jesucristo, ya sea por motivos religiosos o comerciales, pocos de ellos tiene un adecuado conocimiento del propósito de su nacimiento.
Realmente, de acuerdo a la Palabra de Dios, Jesucristo nació teniendo desde el principio una misión específica, que era pagar con su vida por la remisión de nuestros pecados.
Así como el ángel le dijo a José, cuando Jesús aun estaba en el vientre de María:

Mateo 1:21“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”

“Jesús” en hebreo significa “el Señor (Jehová) nuestra salvación”, en realidad fue Jesucristo a través del cual el Señor, Jehová, traería salvación al pueblo y los salvaría de sus pecados.
Como la Palabra dice comentando sobre la sugerencia de Caifas, el sumo sacerdote de los judíos, sobre la crucifixión de Jesús:


Juan 11:50-52
50 ( Hablando Caifás) ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.
51 Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación;
52 y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

Jesucristo iba a morir por todos nosotros y algunos de los efectos de esta muerte son los que vamos a examinar en este artículo.

1. Jesucristo: el redentor de nuestros pecados

Una de las cosas a la que muchas veces se refiere como resultado de la muerte de Jesús es la redención.
“Redención” es una acción que asume la existencia de un redentor, esto es, alguien que haga la redención posible y la existencia de un rescate que se paga por eso.
Para descubrir qué fue eso por lo que Jesucristo nos redimió así como el rescate que pagó vayamos a Tito 2:14 que dice:

Tito 2:14
“quien [Jesús] SE DIO A SÍ MISMO POR NOSOTROS PARA REDIMIRNOS DE TODA INIQUIDAD”

Jesucristo nos redimió DE TODA INIQUIDAD, y la obtuvo al DARSE A SÍ MISMO por nosotros.
En otras palabras, ÉL era el rescate para nuestra redención de “TODA INIQUIDAD”.
Como el mismo dijo en Mateo 20:28:

Mateo 20:28
“como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, Y PARA DAR SU VIDA EN RESCATE POR MUCHOS.”

Jesús vino para servir, Y PARA DAR SU VIDA EN RESCATE POR MUCHOS.”
Y tan grande era este rescate que se pagó por nosotros y de igual manera la redención que se obtuvo por eso.
Veamos Hebreos 9:11-12 donde habla sobre la redención:

Hebreos 9:11-12
11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación,

12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.

Los sacerdotes de la ley ofrecían becerros y cabras mediante los cuales intentaban obtener remisión por sus pecados.
Como veremos más delante, lo que hacían era inadecuado. Por otro lado, Jesús presentó a Dios SU PROPIA SANGRE mediante la cual obtuvo LA ETERNA REDENCIÓN POR NOSOTROS”. Como en Efesios 1:7 y Colosenses 1:14 también dicen:

Efesios 1:7
“en quien TENEMOS REDENCIÓN POR SU SANGRE, el perdón de pecados según las riquezas de su [de Dios] gracia,”

Colosenses 1:14
“En quien ]Jesús] TENEMOS REDENCIÓN POR SU SANGRE, el perdón de pecados:”

La redención no está en nuestras buenas obras y comportamiento.
No está en nuestra devoción religiosa.
No está en nuestro valor personal.
Sino que está en JESÚS.
Y es una redención “según las riquezas de su gracia” esto es, abundante y completa, así como leemos, eterna redención
.

2. Jesucristo: nuestro redentor por el pecado de Adán

Como se mencionó en la última sección, Jesucristo era el rescate que se pagó por TODOS nuestros pecados, por “TODAS nuestras iniquidades” como en Tito 2:14 dice.
Sin embargo, se debe poner en claro que para ese “TODOS (AS)”, aparte de los pecados que uno comete durante su vida, también se incluye el pecado que Adán cometió con su caída, el cual pasa de generación en generación a toda la humanidad, haciéndolos pecadores desde el momento en que nacen. Como en Romanos 5:18-19 dice:

Romanos 5:18-19
18 Así que, como por la transgresión de uno (Adán) vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno (Jesús) vino a todos los hombres la justificación de vida.
19 Porque así como por la desobediencia de un hombre (Adán) los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno (Jesús), los muchos serán constituidos justos.

La desobediencia de Adán no le costó solo su propia caída , sino que también hizo pecadores a todos los que han nacido después de él, aunque ellos mismo no hayan cometido ese pecado. Así que, no hay ningún hombre que pueda decir que no necesita redención, porque aun en el caso hipotético de que no haya hecho nada malo, aun sigue teniendo el pecado de Adán que lo hace pecador desde el momento de su nacimiento.
Obviamente, nuestra redención sería completamente inadecuada, si no incluyera el pecado de Adán.
En realidad, ¿cuál sería la ganancia si fuéramos “redimidos” por los pecados que ya hemos cometido y no por los pecados que aun no hemos hecho, y aun se nos ha cobrado el pecado de Adán?
Por lo cual, Jesucristo también nos ha redimido del pecado que Adán nos heredó. Y esto es lo que hizo, Romanos 5:19 dice:

Romanos 5:19
“Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la OBEDIENCIA DE UNO [Jesús], LOS MUCHOS SERÁN CONSTITUIDOS JUSTOS”.

Aunque el pecado de Adán pase de generación en generación, infectando a todos los hombres, a través de la obediencia y sacrificio del Señor Jesús, todos nos podemos librar no solo de ese pecado sino también todo pecado que haya infectado nuestras vidas. Tito 2:14 dice:

Tito 2:14
“quien [Jesús] SE DIO A SÍ MISMO POR NOSOTROS PARA REDIMIRNOS DE TODA INIQUIDAD”

Cuando dice TODA iniquidad significa TODA iniquidad obviamente incluyendo el pecado de Adán.
Hoy cuando alguien nace, sigue naciendo como pecador.
Sin embargo, ahora hay una salida de esa situación, que se llama creer en el Señor Jesucristo. Hechos 10:43 dice:

Hechos 10:43
“De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.”

Así de fácil: tu crees en Jesucristo y todos tus pecados son perdonados. Ya costó mucho para obtenerlo, costó la preciosa sangre del unigénito Hijo de Dios.
Entonces para concluir, aunque en el primer nacimiento nacemos pecadores, en el segundo nacimiento, el nacimiento de arriba (ver Juan 3:3-8), el cual ocurre en el momento en que creemos en el Señor Jesús y en su resurrección, somo nacidos de nuevo, totalmente puros, puesto que esta creencia, que es responsable de este segundo nacimiento, nos limpia de TODO pecado.

3. Jesucristo: el perfecto sacrificio

Habiendo visto que el sacrificio de Jesucristo nos redimió de todo pecado, es posible que alguien pregunte ¿cuál era el rol de los varios sacrificios y ofrendas que están registradas en la ley , cuyo objetivo era el perdón de pecados por los cuales eran ofrecidos?
Antes de decir algo sobre el valor de esos sacrificios, se debe poner en claro, que no había nada anticipado en la ley para el perdón del pecado de Adán.
No había nada que pudiera ayudar al hombre a deshacerse de el.
Así que la gente nacía como pecadora y seguía como pecadora aunque hayan ofrecido todos los sacrificios de la ley por los varios pecados registrados ahí.
Esta situación cambió con el sacrificio de Jesús después del cual, aunque hayamos nacido pecadores, podemos ser limpios de este pecado y de hecho de todos los pecados, creyendo en Cristo.
Ahora, dejando a un lado el pecado de Adán y regresando a los sacrificios y ofrendas registrados en la ley, la Palabra de Dios los caracteriza como inadecuados. Hebreos 10:1-4 dice:


Hebreos 10:1-4
1 Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.

2 De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.

3 Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados;

4 porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.

Como el ultimo versiculo del pasaje anterior pone en claro, los sacrificios animales que la ley contemplaba para la remisión de pecados era insuficiente, porque dice “porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.” Y puesto que en Hebreos 9:22 dice:

Hebreos 9:22
“sin derramamiento de sangre no se hace remisión”.

Es obvio que para la verdadera remisión se necesitaba derramar otra sangre. Y cual era? La sangre de Jesucristo. En Hebreos 10:6-12 dice:

Hebreos 10:10-12
10 En esa voluntad[ver vers. 5-9 para el contexto] somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.
11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;

12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,

Jesús trató con el problema del pecado UNA VEZ Y PARA SIEMPRE.
Por otro lado, los sacerdotes quienes repetidamente ofrecían los mismo sacrificios “los cuales nunca pueden quitar los pecados”, Su sacrificio por los pecados fue UNO, mediante el cual obtuvo “eterna redención” (Hebreos 9:12).
Es por eso que ya no hay necesidad de otros sacrificios, como también en Hebreos 10:18 muy claramente dice:

Hebreos 10:18

“Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.”

Este pasaje no dice que ya no hay pecado.
Lo que dice es que ya no hay más ofrenda por el pecado.
Y esto porque la ofrenda de Jesucristo tiene poder eterno contra el pecado.
No solo contra los pecados que ya hemos cometido como impíos o contra el pecado de Adán, sino también contra los pecados que podamos haber cometido después de convertirnos a Cristo.
Esos pecados también son perdonados a través del poder redentor de la sangre de Jesús, cuando son confesados a Dios. 1 de Juan 1:7-9 dice:


1 Juan 1:7-9
7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

La sangre de Jesús es la única medicina que puede curarnos de la enfermedad del pecado. La ley ordenaba cierto sacrificio para un cierto pecado, otro sacrificio para otro tipo de pecado etc.
Y aun así todos esos sacrificios no pudieron curar el problema del pecado. Sin embargo, lo que la ley no pudo obtener, Jesucristo lo obtuvo sacrificándose a sí mismo.
Ahora, todo aquel que cree en Él es lavado de TODOS sus pecados. Como en Apocalipsis 1:5 dice:

Apocalipsis 1:5
“y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,”

Jesucristo nos lavó de nuestros pecados con su sangre.
Él fue quien hizo el trabajo. Ni si quiera dice que nos lavamos a nosotros mismos.
Él lo hizo todo.
Y lo hizo COMPLETAMENTE sin la necesidad de algo más.

4. Jesucristo; nuestra reconciliación con Dios

Habiendo visto que el sacrificio de Jesucristo nos dio la remisión de nuestros pecados, avancemos para ver algo mas que también nos dio, a través de su remisión.
¿Qué es eso? Nuestra reconciliación con Dios.
Antes del sacrificio de Jesús eramos pecadores y de ese modo enemigos de Dios, después de su sacrificio y de creer en él, somos redimidos y lavados de nuestros pecados.
Eso nos hace justos y nos reconcilia con Dios. Como en Romanos 5:6-10 dice:

Romanos 5:6-10
6 Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

7 Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Jesucristo murió por nosotros, cuando aun eramos pecadores y enemigos de Dios.
Con su muerte, nos reconcilió con Dios, porque su muerte pagó por todos nuestros pecados y nos transformó, cuando creímos, de pecadores a justos. Como en 1 de Pedro 3:18 dice:


1 de Pedro 3:18
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;”

Jesucristo, el justo que sufrió por todos nosotros, los injustos, y con su sacrificio nos LLEVÓ a Dios. Ahora, si Cristo nos llevó a Dios, ¿necesitaremos todavía que nos lleven a Él?
No, porque Cristo ya lo hizo.
Como cristianos, ya no estamos lejos de Dios ni necesitamos ser llevados a Él, sino que estamos reconciliados con Él.
Y no fuimos nosotros los que hicimos esto posible, sino Jesús. Como el texto dice: “PADECIÓ... para llevarnos a Dios”.
Además, Colosenses 1:19-23 agrega:

Colosenses 1:19-23
19 por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,

20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.
21 Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado

22 en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;

23 si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.

¿Seguimos siendo enemigos de Dios? ¿Seguimos siendo extraños frente a él? No, “erais en otro tiempo extraños y enemigos”, ya no.
Porque “ahora [Dios] os ha reconciliado en su [Jesús] cuerpo de carne, por medio de la muerte”.
Como en Efesios 2:19 dice:


Efesios 2:19
“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,”

5. Conclusión

En este articulo examinamos algunos de los efectos del sacrificio de Jesús, dando un énfasis especial a la redención de los pecados que se obtuvo mediante esto.
Como vimos, por su muerte Jesús nos redimió de todo pecado, incluyendo el pecado de Adán, reconciliándonos con Dios. Por lo cual, ya no somos pecadores, ni extraños, ni enemigos de Dios. De lo contrario, somos salvos, justos, santificados y reconciliados con Dios, y todo esto no porque hicimos algo, sino porque Jesucristo, nuestro redentor lo hizo, dándose a sí mismo en rescate por todos nosotros.
Entonces para cerrar este artículo, tengamos en mente las palabras de 1 de Pedro 18-19 que dicen:

1 de Pedro 1.18-19
18)sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,

19)sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,”

Versión Bíblica: Reina- Valera

EL CIEGO BARTIMEO




Dios te bendiga!!

En Marcos 10:46 leemos:

Marcos 10:46
“Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.”

Quien sabe cuantos años estuvo ciego Bartimeo. Lo más probable es que haya sido así toda su vida. Durante toda su vida sin ningún contacto visual con el medio ambiente, estaba ahí sentado en el camino, mendigando. De seguro que ya había escuchado lo que Jesús había hecho por otros ciegos y cómo habían recibido la vista. De verdad, cuánto debió haber anhelado ser uno de aquellos que habían conocido a Jesús.


Marcos 10:47
“Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: !Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”
“Jesús, ten misericordia de mí” clamaba Bartimeo.
“De la abundancia del corazón habla la boca” dice la escritura (Mateo 12:34).

No clamarías al Señor cuando tu corazón está cerrado a Él, seguramente lo harias cuando todo tu ser esta predispuesto a recibir ayuda de "arriba"
La voz - su tono, sonido, contenido – refleja el corazón.
Bartimeo anhelaba al Señor y Él estaba ahí.
Los otros empezaron a murmurar: “¿Porque hace Bartimeo tanto ruido?”.
Sin embargo, el ya ni los escuchaba.

Marcos 10:48
“Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!”

Bartimeo buscaba desesperadamente al Señor. Iba a estar clamando hasta que le escuchase.. Y Jesús le escuchó. El clamor de Bartimeo hizo que se detuviera. Toda una multitud le seguía, pero el clamor de este ciego mendigo era muy valioso para Él. Era como si lo hubiera buscado, así que se quedó ahí y lo llamó:

Marcos 10:49-51
49 Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama.
50 El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.
51 Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.

El Señor atiende el clamor de aquellos que le llaman. Para Él, toda alma es muy valiosa, independientemente del color, raza o posición. No se fija en nombres ni títulos sino en los corazones de los humanos y todos, sin excepción alguna, lo necesitamos por igual. Hasta que lo conocen son ciegos, y todos los que le conocen reciben la vista. Como en Hechos 26:18 dice:

Hechos 26:18 “para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.”

Solo el Señor puede dar la luz de la vida. Solo el reunirse con Él puede hacer que un alma reciba su vista, y solo Su morada en el corazón del hombre puede vivificarlo y hacerlo brillar.

Marcos 10:51
“Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.”

Bartimeo pudo haber tenido mil dudas en cuanto al llamar al Señor (“que va a decir la gente; primero debería pedirle al sacerdote que me diga lo que creen sobre ese Jesús; o algo así como: aquí estoy bien, por lo menos sobrevivo”). Sin embargo, ¿sabes cual habría sido el resultado?

SE HUBIERA QUEDADO CIEGO PARA SIEMPRE.
Jesús no va a sanar a todos los ciegos, pero sí a todos los ciegos que quieran recibir la vista y que clamen a Él.
ÉL pasa junto a ti, te puedes quedar en tus pensamientos y razonamientos, puedes pensar en eso tanto como quieras y dudar si quieres.
Pero amigo mío, ¿sabes qué? Te vas a quedar CIEGO para siempre.
Si no clamas al Señor por TU alma – tu propia alma - nunca recibirá la vista y no solo eso sino que tampoco tendrás parte en la vida eterna.
Porque, cuando el Señor estaba pasando junto a ti tú no le invitaste, no le abriste la puerta. Sino que te encerraste, tu mismo, en las cadenas de tu orgullo y egoísmo y... tu seguías pensando en eso.
Entonces, avanza. ¡Rompe las cadenas! ¿De qué te aprovechan?

CLAMA COMO EL CIEGO BARTIMEO: JESÚS HIJO DE DIOS, TEN MISERICORDIA DE MÍ.
Luego el Señor Jesucristo se detendrá para ti, si, para ti personalmente, así como se detuvo junto a Bartimeo.
Se detendrá y te dará lo que tanto necesitas: LA LUZ DE LA VIDA.

Juan 1:9-13
9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.
10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.
11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960

Honra a tu padre y a tu madre



Dios te bendiga!!.

Éxodo 20 contiene los 10 mandamientos que Dios le dio al pueblo de Israel.
El quinto (Éxodo 20:12) es sobre los padres:

Éxodo 20:12
“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.”


Dios le ordenó al pueblo de Israel que HONRARA a su padre y a su madre.
Pero ¿qué significa “honra a tu padre y a tu madre?
A continuación les presento lo que un comentarista define:

“Ese fue un mandamiento sencillo de Dios, escrito con su propia mano, y entregado por Moisés a ellos; era de naturaleza moral, y obligación eterna: y para que se entienda mejor, no se refiere solamente a esa alta estima en la que los hijos llevan a sus padres en el corazón, y al lenguaje respetuoso, gestos adecuados que se usan hacia ellos, así como la alegre obediencia que se les rendirá; sino también se refiere al honrarlos con su substancia, alimentándolos, vistiéndolos y supliéndoles con lo necesario para la vida, cuando estén en necesidad; lo cual es por todo el servicio, por todo el cuidado, gasto y problemas que se les han presentado, así como el haberlos criado en este mundo” (John Gill's Exposition of the Entire Bible, Dr. John Gill 1690-1771)

El honrar a los padres involucra alta estima, reverencia y ayuda.
Significa el estar ahí al pendiente de ellos, cuidarlos.
En comparación con los otros mandamientos, donde no se adjunta directamente alguna promesa específica, Dios, al dar este mandamiento también agregó una promesa determinada.
Dijo: “honra a tu padre y a tu madre , para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”.
Pero no terminó ahí.
En Deuteronomio 5:16 viene el mismo mandamiento pero con una promesa adicional adjunta:

Deuteronomio 5:16
“Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.”


Pablo repite el mismo mandamiento en Efesios 6:2-3 :

Efesios 6:2-3
“Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.”

Pablo dice que ese “es el primer mandamiento con promesa”.
El primer mandamiento que Dios dio y el cual contenía una promesa era ¡el mandamiento de honrar a los padres! Y en verdad ¡qué promesa! ¡Se prolongarán tus días y te irá bien!
¿Te gustaría vivir mucho tiempo en la tierra?
¿Quieres que te vaya bien? Bueno, aquí hay algo para ti: honra a tus padres y eso es lo que sucederá.
Como en el caso de otros mandamientos, así también en este, Dios dice lo que pasaría si alguien no lo guarda.
Jesús resumió ambos, el mandamiento y lo que pasaría si no se guardase, en Marcos 7:

Marcos 7:10
“Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.”

El verbo “maldecir” es el verbo en griego “kakologeo” que significa “hablar maldad”.
Cualquiera que hable maldad en contra de su padre o su madre iba a morir.
Para ver un ejemplo de no honrar a los padres, continuemos en el pasaje anterior de Marcos:
Marcos 7:11-13
11 Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte,
12 y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre,
13 invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas.

La palabra “Corbán” es una palabra en hebreo que significa “regalo ofrecido a Dios”. Esta palabra, por ejemplo, se usa en Levítico 1:2, que dice:

Levítico 1:2
“Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a Jehová, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda.”

La palabra ofrenda aquí es la palabra Corbán que el Señor usó hablando a aquellos judíos que no honraron a sus padres.
Básicamente lo que esos judíos decían a sus padres era “cualquier cosa con la que te puedas beneficiar de mi: mi propiedad, mi ingreso, es Corbán, esto es, dedicado a Dios y no te lo puedo dar”.
Este era un juramento que acostumbraban hacer para no ayudar a los padres. Hacían juramentos dedicando todo a Dios, y por lo tanto podían alegar que no tenían nada para ayudar y de ese modo no tenían obligación para tal apoyo hacia sus padres.
Como Barnes explica:

“Si una vez habiendo dedicado su propiedad declaró que era “Corbán”, o un regalo para Dios - no era correcto, ni siquiera utilizar dicho bien, para apoyar a algún padre. Si algún padre estaba en necesidad o pobreza, y tenía que pedirle al hijo ayuda, y el hijo respondía, incluso molesto, “está dedicado a Dios; esta propiedad que necesitas y la cual te puede ayudar a beneficiarte de mi, es “Corbán” - se la he dado a Dios -” los judíos decían que la propiedad no se podía reclamar, y el hijo no estaba obligado a ayudar al padre con ella. El hijo ya había hecho algo más importante habiéndosela dado a Dios. El hijo estaba libre. No se le podía pedir que hiciera nada por su padre después de eso. Y de ese modo, podría, en algún momento, librarse a sí mismo de la obligación de obedecer a su padre o a su madre (Albert Barnes´ Notes on the Bible, Albert Barnes (1798-1870))

Nuestro Señor Jesucristo condenó el uso de la excusa de “Corbán” - ofrenda a Dios- para evitar ayudar a los padres.

Para resumir:
Es un mandamiento de Dios el honrar a nuestros padres con todo lo que ese honor pueda incluir. El mandamiento de honrar a nuestros padres es el primer mandamiento con promesa y en verdad qué promesa: ¡Vivir mucho en la tierra y que te vaya bien! ¡La mayoría de la gente no querría nada mas que esto! Bueno, esa es la promesa. ¡No es incondicional! Es condicional y será otorgada a aquellos que honren a sus padres. Este mandamiento era tan importante que el que hablara algo malo sobre sus padres iba a morir. Si, hoy vivimos bajo la era de la gracia pero el mandamiento del Señor y Su promesa están ahí. Y el reto está ahí para nosotros también:

Efesios 6:2-3
“Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.”

Versión Bíblica: Reina Valera 1960