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lunes, 13 de julio de 2009

EL REDENTOR

Dios te bendiga!!.

Aunque hoy en día mucha gente celebra el nacimiento de Jesucristo, ya sea por motivos religiosos o comerciales, pocos de ellos tiene un adecuado conocimiento del propósito de su nacimiento.
Realmente, de acuerdo a la Palabra de Dios, Jesucristo nació teniendo desde el principio una misión específica, que era pagar con su vida por la remisión de nuestros pecados.
Así como el ángel le dijo a José, cuando Jesús aun estaba en el vientre de María:

Mateo 1:21“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”

“Jesús” en hebreo significa “el Señor (Jehová) nuestra salvación”, en realidad fue Jesucristo a través del cual el Señor, Jehová, traería salvación al pueblo y los salvaría de sus pecados.
Como la Palabra dice comentando sobre la sugerencia de Caifas, el sumo sacerdote de los judíos, sobre la crucifixión de Jesús:


Juan 11:50-52
50 ( Hablando Caifás) ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.
51 Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación;
52 y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

Jesucristo iba a morir por todos nosotros y algunos de los efectos de esta muerte son los que vamos a examinar en este artículo.

1. Jesucristo: el redentor de nuestros pecados

Una de las cosas a la que muchas veces se refiere como resultado de la muerte de Jesús es la redención.
“Redención” es una acción que asume la existencia de un redentor, esto es, alguien que haga la redención posible y la existencia de un rescate que se paga por eso.
Para descubrir qué fue eso por lo que Jesucristo nos redimió así como el rescate que pagó vayamos a Tito 2:14 que dice:

Tito 2:14
“quien [Jesús] SE DIO A SÍ MISMO POR NOSOTROS PARA REDIMIRNOS DE TODA INIQUIDAD”

Jesucristo nos redimió DE TODA INIQUIDAD, y la obtuvo al DARSE A SÍ MISMO por nosotros.
En otras palabras, ÉL era el rescate para nuestra redención de “TODA INIQUIDAD”.
Como el mismo dijo en Mateo 20:28:

Mateo 20:28
“como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, Y PARA DAR SU VIDA EN RESCATE POR MUCHOS.”

Jesús vino para servir, Y PARA DAR SU VIDA EN RESCATE POR MUCHOS.”
Y tan grande era este rescate que se pagó por nosotros y de igual manera la redención que se obtuvo por eso.
Veamos Hebreos 9:11-12 donde habla sobre la redención:

Hebreos 9:11-12
11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación,

12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.

Los sacerdotes de la ley ofrecían becerros y cabras mediante los cuales intentaban obtener remisión por sus pecados.
Como veremos más delante, lo que hacían era inadecuado. Por otro lado, Jesús presentó a Dios SU PROPIA SANGRE mediante la cual obtuvo LA ETERNA REDENCIÓN POR NOSOTROS”. Como en Efesios 1:7 y Colosenses 1:14 también dicen:

Efesios 1:7
“en quien TENEMOS REDENCIÓN POR SU SANGRE, el perdón de pecados según las riquezas de su [de Dios] gracia,”

Colosenses 1:14
“En quien ]Jesús] TENEMOS REDENCIÓN POR SU SANGRE, el perdón de pecados:”

La redención no está en nuestras buenas obras y comportamiento.
No está en nuestra devoción religiosa.
No está en nuestro valor personal.
Sino que está en JESÚS.
Y es una redención “según las riquezas de su gracia” esto es, abundante y completa, así como leemos, eterna redención
.

2. Jesucristo: nuestro redentor por el pecado de Adán

Como se mencionó en la última sección, Jesucristo era el rescate que se pagó por TODOS nuestros pecados, por “TODAS nuestras iniquidades” como en Tito 2:14 dice.
Sin embargo, se debe poner en claro que para ese “TODOS (AS)”, aparte de los pecados que uno comete durante su vida, también se incluye el pecado que Adán cometió con su caída, el cual pasa de generación en generación a toda la humanidad, haciéndolos pecadores desde el momento en que nacen. Como en Romanos 5:18-19 dice:

Romanos 5:18-19
18 Así que, como por la transgresión de uno (Adán) vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno (Jesús) vino a todos los hombres la justificación de vida.
19 Porque así como por la desobediencia de un hombre (Adán) los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno (Jesús), los muchos serán constituidos justos.

La desobediencia de Adán no le costó solo su propia caída , sino que también hizo pecadores a todos los que han nacido después de él, aunque ellos mismo no hayan cometido ese pecado. Así que, no hay ningún hombre que pueda decir que no necesita redención, porque aun en el caso hipotético de que no haya hecho nada malo, aun sigue teniendo el pecado de Adán que lo hace pecador desde el momento de su nacimiento.
Obviamente, nuestra redención sería completamente inadecuada, si no incluyera el pecado de Adán.
En realidad, ¿cuál sería la ganancia si fuéramos “redimidos” por los pecados que ya hemos cometido y no por los pecados que aun no hemos hecho, y aun se nos ha cobrado el pecado de Adán?
Por lo cual, Jesucristo también nos ha redimido del pecado que Adán nos heredó. Y esto es lo que hizo, Romanos 5:19 dice:

Romanos 5:19
“Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la OBEDIENCIA DE UNO [Jesús], LOS MUCHOS SERÁN CONSTITUIDOS JUSTOS”.

Aunque el pecado de Adán pase de generación en generación, infectando a todos los hombres, a través de la obediencia y sacrificio del Señor Jesús, todos nos podemos librar no solo de ese pecado sino también todo pecado que haya infectado nuestras vidas. Tito 2:14 dice:

Tito 2:14
“quien [Jesús] SE DIO A SÍ MISMO POR NOSOTROS PARA REDIMIRNOS DE TODA INIQUIDAD”

Cuando dice TODA iniquidad significa TODA iniquidad obviamente incluyendo el pecado de Adán.
Hoy cuando alguien nace, sigue naciendo como pecador.
Sin embargo, ahora hay una salida de esa situación, que se llama creer en el Señor Jesucristo. Hechos 10:43 dice:

Hechos 10:43
“De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.”

Así de fácil: tu crees en Jesucristo y todos tus pecados son perdonados. Ya costó mucho para obtenerlo, costó la preciosa sangre del unigénito Hijo de Dios.
Entonces para concluir, aunque en el primer nacimiento nacemos pecadores, en el segundo nacimiento, el nacimiento de arriba (ver Juan 3:3-8), el cual ocurre en el momento en que creemos en el Señor Jesús y en su resurrección, somo nacidos de nuevo, totalmente puros, puesto que esta creencia, que es responsable de este segundo nacimiento, nos limpia de TODO pecado.

3. Jesucristo: el perfecto sacrificio

Habiendo visto que el sacrificio de Jesucristo nos redimió de todo pecado, es posible que alguien pregunte ¿cuál era el rol de los varios sacrificios y ofrendas que están registradas en la ley , cuyo objetivo era el perdón de pecados por los cuales eran ofrecidos?
Antes de decir algo sobre el valor de esos sacrificios, se debe poner en claro, que no había nada anticipado en la ley para el perdón del pecado de Adán.
No había nada que pudiera ayudar al hombre a deshacerse de el.
Así que la gente nacía como pecadora y seguía como pecadora aunque hayan ofrecido todos los sacrificios de la ley por los varios pecados registrados ahí.
Esta situación cambió con el sacrificio de Jesús después del cual, aunque hayamos nacido pecadores, podemos ser limpios de este pecado y de hecho de todos los pecados, creyendo en Cristo.
Ahora, dejando a un lado el pecado de Adán y regresando a los sacrificios y ofrendas registrados en la ley, la Palabra de Dios los caracteriza como inadecuados. Hebreos 10:1-4 dice:


Hebreos 10:1-4
1 Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.

2 De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.

3 Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados;

4 porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.

Como el ultimo versiculo del pasaje anterior pone en claro, los sacrificios animales que la ley contemplaba para la remisión de pecados era insuficiente, porque dice “porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.” Y puesto que en Hebreos 9:22 dice:

Hebreos 9:22
“sin derramamiento de sangre no se hace remisión”.

Es obvio que para la verdadera remisión se necesitaba derramar otra sangre. Y cual era? La sangre de Jesucristo. En Hebreos 10:6-12 dice:

Hebreos 10:10-12
10 En esa voluntad[ver vers. 5-9 para el contexto] somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.
11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;

12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,

Jesús trató con el problema del pecado UNA VEZ Y PARA SIEMPRE.
Por otro lado, los sacerdotes quienes repetidamente ofrecían los mismo sacrificios “los cuales nunca pueden quitar los pecados”, Su sacrificio por los pecados fue UNO, mediante el cual obtuvo “eterna redención” (Hebreos 9:12).
Es por eso que ya no hay necesidad de otros sacrificios, como también en Hebreos 10:18 muy claramente dice:

Hebreos 10:18

“Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.”

Este pasaje no dice que ya no hay pecado.
Lo que dice es que ya no hay más ofrenda por el pecado.
Y esto porque la ofrenda de Jesucristo tiene poder eterno contra el pecado.
No solo contra los pecados que ya hemos cometido como impíos o contra el pecado de Adán, sino también contra los pecados que podamos haber cometido después de convertirnos a Cristo.
Esos pecados también son perdonados a través del poder redentor de la sangre de Jesús, cuando son confesados a Dios. 1 de Juan 1:7-9 dice:


1 Juan 1:7-9
7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

La sangre de Jesús es la única medicina que puede curarnos de la enfermedad del pecado. La ley ordenaba cierto sacrificio para un cierto pecado, otro sacrificio para otro tipo de pecado etc.
Y aun así todos esos sacrificios no pudieron curar el problema del pecado. Sin embargo, lo que la ley no pudo obtener, Jesucristo lo obtuvo sacrificándose a sí mismo.
Ahora, todo aquel que cree en Él es lavado de TODOS sus pecados. Como en Apocalipsis 1:5 dice:

Apocalipsis 1:5
“y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,”

Jesucristo nos lavó de nuestros pecados con su sangre.
Él fue quien hizo el trabajo. Ni si quiera dice que nos lavamos a nosotros mismos.
Él lo hizo todo.
Y lo hizo COMPLETAMENTE sin la necesidad de algo más.

4. Jesucristo; nuestra reconciliación con Dios

Habiendo visto que el sacrificio de Jesucristo nos dio la remisión de nuestros pecados, avancemos para ver algo mas que también nos dio, a través de su remisión.
¿Qué es eso? Nuestra reconciliación con Dios.
Antes del sacrificio de Jesús eramos pecadores y de ese modo enemigos de Dios, después de su sacrificio y de creer en él, somos redimidos y lavados de nuestros pecados.
Eso nos hace justos y nos reconcilia con Dios. Como en Romanos 5:6-10 dice:

Romanos 5:6-10
6 Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

7 Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Jesucristo murió por nosotros, cuando aun eramos pecadores y enemigos de Dios.
Con su muerte, nos reconcilió con Dios, porque su muerte pagó por todos nuestros pecados y nos transformó, cuando creímos, de pecadores a justos. Como en 1 de Pedro 3:18 dice:


1 de Pedro 3:18
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;”

Jesucristo, el justo que sufrió por todos nosotros, los injustos, y con su sacrificio nos LLEVÓ a Dios. Ahora, si Cristo nos llevó a Dios, ¿necesitaremos todavía que nos lleven a Él?
No, porque Cristo ya lo hizo.
Como cristianos, ya no estamos lejos de Dios ni necesitamos ser llevados a Él, sino que estamos reconciliados con Él.
Y no fuimos nosotros los que hicimos esto posible, sino Jesús. Como el texto dice: “PADECIÓ... para llevarnos a Dios”.
Además, Colosenses 1:19-23 agrega:

Colosenses 1:19-23
19 por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,

20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.
21 Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado

22 en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;

23 si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.

¿Seguimos siendo enemigos de Dios? ¿Seguimos siendo extraños frente a él? No, “erais en otro tiempo extraños y enemigos”, ya no.
Porque “ahora [Dios] os ha reconciliado en su [Jesús] cuerpo de carne, por medio de la muerte”.
Como en Efesios 2:19 dice:


Efesios 2:19
“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,”

5. Conclusión

En este articulo examinamos algunos de los efectos del sacrificio de Jesús, dando un énfasis especial a la redención de los pecados que se obtuvo mediante esto.
Como vimos, por su muerte Jesús nos redimió de todo pecado, incluyendo el pecado de Adán, reconciliándonos con Dios. Por lo cual, ya no somos pecadores, ni extraños, ni enemigos de Dios. De lo contrario, somos salvos, justos, santificados y reconciliados con Dios, y todo esto no porque hicimos algo, sino porque Jesucristo, nuestro redentor lo hizo, dándose a sí mismo en rescate por todos nosotros.
Entonces para cerrar este artículo, tengamos en mente las palabras de 1 de Pedro 18-19 que dicen:

1 de Pedro 1.18-19
18)sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,

19)sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,”

Versión Bíblica: Reina- Valera

EL CIEGO BARTIMEO




Dios te bendiga!!

En Marcos 10:46 leemos:

Marcos 10:46
“Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.”

Quien sabe cuantos años estuvo ciego Bartimeo. Lo más probable es que haya sido así toda su vida. Durante toda su vida sin ningún contacto visual con el medio ambiente, estaba ahí sentado en el camino, mendigando. De seguro que ya había escuchado lo que Jesús había hecho por otros ciegos y cómo habían recibido la vista. De verdad, cuánto debió haber anhelado ser uno de aquellos que habían conocido a Jesús.


Marcos 10:47
“Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: !Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”
“Jesús, ten misericordia de mí” clamaba Bartimeo.
“De la abundancia del corazón habla la boca” dice la escritura (Mateo 12:34).

No clamarías al Señor cuando tu corazón está cerrado a Él, seguramente lo harias cuando todo tu ser esta predispuesto a recibir ayuda de "arriba"
La voz - su tono, sonido, contenido – refleja el corazón.
Bartimeo anhelaba al Señor y Él estaba ahí.
Los otros empezaron a murmurar: “¿Porque hace Bartimeo tanto ruido?”.
Sin embargo, el ya ni los escuchaba.

Marcos 10:48
“Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!”

Bartimeo buscaba desesperadamente al Señor. Iba a estar clamando hasta que le escuchase.. Y Jesús le escuchó. El clamor de Bartimeo hizo que se detuviera. Toda una multitud le seguía, pero el clamor de este ciego mendigo era muy valioso para Él. Era como si lo hubiera buscado, así que se quedó ahí y lo llamó:

Marcos 10:49-51
49 Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama.
50 El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.
51 Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.

El Señor atiende el clamor de aquellos que le llaman. Para Él, toda alma es muy valiosa, independientemente del color, raza o posición. No se fija en nombres ni títulos sino en los corazones de los humanos y todos, sin excepción alguna, lo necesitamos por igual. Hasta que lo conocen son ciegos, y todos los que le conocen reciben la vista. Como en Hechos 26:18 dice:

Hechos 26:18 “para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.”

Solo el Señor puede dar la luz de la vida. Solo el reunirse con Él puede hacer que un alma reciba su vista, y solo Su morada en el corazón del hombre puede vivificarlo y hacerlo brillar.

Marcos 10:51
“Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.”

Bartimeo pudo haber tenido mil dudas en cuanto al llamar al Señor (“que va a decir la gente; primero debería pedirle al sacerdote que me diga lo que creen sobre ese Jesús; o algo así como: aquí estoy bien, por lo menos sobrevivo”). Sin embargo, ¿sabes cual habría sido el resultado?

SE HUBIERA QUEDADO CIEGO PARA SIEMPRE.
Jesús no va a sanar a todos los ciegos, pero sí a todos los ciegos que quieran recibir la vista y que clamen a Él.
ÉL pasa junto a ti, te puedes quedar en tus pensamientos y razonamientos, puedes pensar en eso tanto como quieras y dudar si quieres.
Pero amigo mío, ¿sabes qué? Te vas a quedar CIEGO para siempre.
Si no clamas al Señor por TU alma – tu propia alma - nunca recibirá la vista y no solo eso sino que tampoco tendrás parte en la vida eterna.
Porque, cuando el Señor estaba pasando junto a ti tú no le invitaste, no le abriste la puerta. Sino que te encerraste, tu mismo, en las cadenas de tu orgullo y egoísmo y... tu seguías pensando en eso.
Entonces, avanza. ¡Rompe las cadenas! ¿De qué te aprovechan?

CLAMA COMO EL CIEGO BARTIMEO: JESÚS HIJO DE DIOS, TEN MISERICORDIA DE MÍ.
Luego el Señor Jesucristo se detendrá para ti, si, para ti personalmente, así como se detuvo junto a Bartimeo.
Se detendrá y te dará lo que tanto necesitas: LA LUZ DE LA VIDA.

Juan 1:9-13
9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.
10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.
11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960

sábado, 11 de julio de 2009

QUIEN ERA BARRABAS ??


Dios te bendiga!!

Hemos escuchado su nombre muchas veces.
Lo vemos en películas relacionadas con Jesús.
Cuando llega el día de crucifixión ahí está junto con Jesús.
Su nombre es Barrabás.
Barrabás era un criminal, responsable de alborotamiento, asesinato y robo.
Era un asesino. Es así como lo llama Pedro en Hechos 3:14.
La pena para ese crimen era la muerte.
El nombre de Barrabás está compuesto por “Bar” que significa hijo y “abass” que significa padre.
Era “hijo de un padre” esto es, un hijo de alguien. Aquí esta por lo tanto con Jesús ante Pilato. Por un lado, el inocente, Jesucristo el Hijo de Dios.
No se encontró mal alguno en él.
Andaba haciendo el bien y sanando a la gente.
Y ahora estaba al borde de la muerte. Por otro lado, un asesino, un criminal que estaba condenado a muerte.
Uno de los dos va a ir a dar a la cruz y Barrabás tiene todos los motivos para estar ahí. La cruz es su final normal.
Pero vamos a leer el pasaje de Lucas 23:13:25:


Lucas 23:13-25

13 Entonces Pilato, convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo,
14 les dijo: Me habéis presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis.
15 Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho este hombre.
16 Le soltaré, pues, después de castigarle.
17 Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta.
18 Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: ¡Fuera con éste, y suéltanos a Barrabás!
19 Este había sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad, y por un homicidio.20 Les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús;
21 pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale!
22 Él les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito digno de muerte he hallado en él; le castigaré, pues, y le soltaré.
23 Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los principales sacerdotes prevalecieron.
24 Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían;
25 y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, a quien habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.

Jesús fue entregado para ser crucificado y Barrabás ¡fue puesto en libertad! El inocente fue a la cruz en lugar del culpable. Pero como quiera, ¿quién es ese Barrabás? Te voy a decir. Es tu y yo.
En la persona de Barrabás estamos todos nosotros.
Todos nosotros los que “hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Todos nosotros fuimos condenados.
Todos nosotros nos merecíamos ir a la cruz y estábamos destinados al lago de fuego. Pero aquí viene Jesucristo, el inocente cordero, el cordero de Dios y el que toma el lugar de Barrabás. Barrabás quedó libre.
Tu y yo fuimos puesto en libertad y ahora ¡somos libres! Ve como la Palabra lo describe en Efesios 2:1-10:

Efesios 2:1-10

1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,
3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los
deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.
4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),
6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,
7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
9 no por obras, para que nadie se gloríe.
10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.


Estábamos muertos en pecado e iniquidades y Dios ¡nos pasó a Cristo! ¡Nos dio nueva vida! Yo creo que Dios pudo haber involucrado a Barrabás en la escena de la crucifixión para demostrar su amor: La vida de Barrabás se salvó mediante la muerte de Jesucristo. Estaba condenado a muerte, así como tu y yo estábamos muertos en pecados e iniquidades. ¡La cruz estaba hecha para él! Pero ahora su vida había sido perdonada por el sacrificio de Jesucristo. Si Jesús no hubiera sido “obediente hasta la muerte, aun la muerte de cruz” (Filipenses 2:8) Barrabás hubiera muerto ese día. De igual modo es que tu y yo a través de la obediencia de Jesucristo y el amor del Padre, creyendo en Jesucristo como Señor e Hijo de Dios, pasamos de muerte a vida. De hijos de ira a hijos de Dios.

Gálatas 3:26
“pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;”


De esclavos del pecado a miembros del reino de Su querido Hijo:

Colosenses 1:12-14
12 con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;
13 el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,
14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.



No sé que le pasó a Barrabás después. Pero sí sé algo: la próxima vez que lea los pasajes de la crucifixión o vea alguna actuación de ellos, sabré que yo estaba como él, muerto en pecados e iniquidades, destinado a la cruz, y exactamente como él yo fui liberado y puesto en libertad mediante el sacrificio de Jesucristo quien tomó no solo el lugar de Barrabás en la cruz sino también el nuestro. Si no le has entregado aun tu vida a Jesucristo, si aun no has probado la dulce libertad que Él hizo posible para ti con Su muerte, te motivaría a que así lo hicieras. ¡Deja que Él te liberte! Como la Biblia dice:

Romanos 10:9-10
9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confie
sa para salvación.


No vas a ser salvo por las obras buenas que hagas, sino por la fe en el Señor Jesucristo y Su resurrección. Y así como Él salvó la vida de Barrabás de la muerte de cruz, así como salvó mi vida y billones de otras vidas de estar muertos en pecados e iniquidades, también te salvará a ti. No te tardes,
¡entrégale tu vida HOY!


lunes, 6 de julio de 2009

¿ Lo Conoces?



Dios te bendiga !!

¿LO CONOCES?

Yo sé que le has pedido cosas a Dios.
Muchas veces, seguramente has doblado tus rodillas delante de Él.
También sé que probablemente has clamado a Él en momentos de crisis y necesidad.
¿Pero en verdad lo conoces?
Has establecido una relación o simplemente has oído hablar de Él??.
Lo conoces íntimamente o es un refugio de ocasión??.
Lo reconoces como tu Padre o es un ser al que acudes como acudimos a un analgésico cuando nos duele la cabeza??
Hay una gran diferencia entre pedirle ayuda a un extraño a pedírsela a tu mejor amigo.
Pedirle un favor a alguien que casi no conoces no se compara para nada con pedírselo a alguien con quien has sostenido una relación por un buen tiempo.
El lugar para empezar una relación personal con Cristo es el mismo lugar donde cualquier relación comienza: una presentación.
Conocer a Cristo no significa que sabes todo acerca de él. Significa que sabes lo suficiente para decidir que deseas esta relación por sobre cualquier otra cosa.
Significa que entendes que el evangelio te es aplicable y que con todo tu corazón aceptás la invitación de Jesús para confiar en él con tu vida y tu destino.
Primero necesitas comprender que Dios, en Cristo, ha hecho algo por vos, que vos nunca podrías haber hecho por vos mismo.
Estas son buenas noticias.
Para poder comprender por qué éstas son buenas noticias, necesitas escuchar las malas noticias.
¿Sabes? La Biblia enseña con toda claridad que todos hemos pecado y que no alcanzaremos la gloria de Dios (Romanos 3:23).
Tu pecado y mi pecado nos separan de Dios.
El pecado es una deuda que está en continuo crecimiento, y no tenemos forma de pagarla.
Lo mejor que podríamos hacer no cuenta como crédito extra; no pasa de ser solamente nuestro esfuerzo personal.
Estamos espiritualmente en bancarrota.
A menos que obtengamos ayuda externa, las consecuencias de nuestra bancarrota espiritual son predecibles: castigo y muerte y separación eterna de Dios.
La primera mitad de Romanos 6:23 describe en forma sucesiva estos resultados:
“Porque la paga del pecado es la muerte”.
Afortunadamente, las buenas noticias vienen en la segunda mitad del versículo.
La ayuda externa está disponible y es absolutamente gratuita.



Romanos 6:23
“Porque la paga del pecado es la muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro.”


Quizás te preguntes cómo es que la vida eterna puede ser un regalo gratuito para los pecadores.
Bueno, es gratuito para nosotros, porque es por la gracia de Dios, pero a alguien le costó mucho.
Las consecuencias del pecado son inevitables.
Alguien debe pagar por la pena o, en el lenguaje de Romanos 6:23, alguien debe aceptar la paga que se ganó por el pecado.
Alguien debe tomar nuestro lugar.

Ese alguien fue Jesús.
La Biblia enseña que cuando Jesús murió en la cruz, él pagó por tu pecado y el mío en forma definitiva, muriendo en nuestro lugar

Romanos 5:8
8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.


EL SALDÓ LA CUENTA


Colosenses 2:13-15
13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,
14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,
15 y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

La muerte de Cristo es la dádiva gratuita (por la gracia) de Dios para vos.
Nada que vos o yo hagamos podría merecer el favor de Dios.
El ser una buena persona, el intentar a fuerzas ir a la Iglesia, el intentar hacer buenas obras nunca podrá hacernos aceptables a Dios.
Jesús, en forma enfática, dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).


Juan 14:6
6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.


Jesús es absolutamente Dios y hombre, por eso, en su muerte en la cruz nos representó de forma total y pagó la deuda total del pecado en forma definitiva.
Pero el simple hecho de que conozcas lo que Cristo hizo no te coloca en una relación con él.


Admitir tu pecado es el primer paso.
Entender las consecuencias justas de tu pecado es el siguiente paso.
Darte cuenta de que Cristo ha pagado por tu pecado en forma definitiva es el tercer paso.


Pero esto no termina aquí.
Debes recibir, en forma personal, la gracia de Dios por fe.
La Escritura declara:


Juan 1:12
12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;


Debes recibir la dádiva de gracia, no simplemente saber sobre ella.
Si nunca lo has recibido, Jesús te está diciendo en este momento:


Apocalipsis 3:20
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo


Este es un ofrecimiento que el Dios eterno te está haciendo a través de Jesucristo.
Él quiere estar con vos para siempre.
Y él quiere que vos estés con él para siempre. ¿Por qué? ¡Porque él te ama!
Así que la pelota está en tu poder.

¿Qué vas a hacer con esta maravillosa y grandiosa oferta de perdón de tus pecados y de una relación con Dios por medio de Jesucristo?
¿Rezarás ahora mismo para recibirlo en tu vida?
¿Admitirás tu pecado y te arrepentirás?
Vos podes venir a Dios en este momento mediante Jesucristo.
Vos podes, con una breve oración, expresar el más grande deseo de tu corazón de convertirte en un miembro de la familia de Dios.
Solo pedile a Dios que te perdone y hace carne lo que dice en:


Romanos 10:9-10
9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.