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miércoles, 27 de abril de 2011
domingo, 1 de noviembre de 2009
PRINCIPIOS DE FE 3º Parte Principio de anticipación
Dios te bendiga!!.
Habiendo trabajado el principio inmutable del compromiso podemos avanzar sobre el principio de anticipación. Recordemos que llamamos un principio inmutable a aquello que está siempre presente al creer.
CREER PARA VER
Cada vez que alguien recibió de Dios, actuó primero como si ya lo tuviera y entonces recibió. La lógica sensorial indica que primero se recibe y entonces se actúa. Pero en el campo espiritual es al revés, primero se actúa y entonces se recibe en la acción misma.
Veamos nuevamente el relato de Marcos 3:
Marcos 3:3,4
3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio
5 Entonces […] dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.
Lea con atención el versículo 5.
La secuencia de acciones está según parece, a la inversa. Debería decir: “y la mano le fue restaurada sana y él la extendió”.
Tal vez si yo hubiera sido el hombre de la mano seca, ante el mandamiento de Jesús “extiende tu mano”, le hubiera dicho, “no puedo Jesús, está seca, sánamela y entonces la extenderé”.
Pero justamente aquí está el principio inmutable de fe de anticipación. Es actuar sobre la promesa con fe como si ya se hubiera recibido, porque cuando la promesa sale de la boca de Dios o de la boca de Jesús, literal y espiritualmente ya se ha cumplido.
El hombre la extendió… y la mano le fue restaurada sana.
Este principio va contra nuestra experiencia sensorial que dice que no puedo pagar algo hasta que no tenga el dinero, no puedo comer algo hasta que no tenga la comida, no puedo hacer nada hasta que no tenga los elementos para hacerlo.
La fe espiritual funciona al revés.
No es ver para creer, es creer para ver.
Jesús se lo enseñó a Tomás cuando pretendía ver y tocar a Jesús antes de creer que había resucitado:
Juan 20:27-29
27 Luego dijo [Jesús] a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!
29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
Queremos poner primero el dedo en la mano y meter la mano en el costado de Jesús antes de creer sus maravillosas promesas para nuestras vidas.
Es típicamente humano.
Pero Jesús nos dice lo mismo que a Tomás: “crean y verán mis maravillas a su favor”.
Cuando Dios guió a su pueblo por mano de Josué a entrar en la tierra prometida, una y otra vez les dijo: “Vayan y entren pues yo los he entregado en sus manos”.
Les hablaba en tiempo pasado de lo que sucedería en el futuro. Este es el principio inmutable de fe, es llamar a las cosas que no son aún, como si ya fuesen.
Es la fe de Dios que dijo: “sea la luz” y fue la luz, es la misma fe que declara con convicción la promesa de Dios y entonces sucede.
Romanos 4:17 nos dice que Abraham recibió de Dios cuando se alineó a la misma fe de Dios que llama a las cosas que no son como si fuesen.
Jesús dijo literalmente en Marcos 11:22 enseñando a sus discípulos a creer: “Tened la fe de Dios”, como lee el texto en griego (La RV 60 lee: “Tened fe en Dios”).
Otro milagro de Jesús nos muestra claramente este principio:
Lucas 17:11-14
11 Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos
13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!
14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.
Nuevamente vemos el principio como en cada lugar en la Biblia cuando alguien recibió por fe.
Los leprosos según la ley, no podían convivir con la gente, estaban recluidos en soledad.
Sólo un leproso podría ser amigo de otro leproso.
Si alguno de estos alguna vez se sanaba, debía pasar una minuciosa prueba ante los sacerdotes para constatar que estaba sano, y si se comprobaba la sanidad total, el sacerdote lo declaraba públicamente limpio y podía restablecerse a la vida social.
Estos hombres no se sanaron y entonces fueron, fueron y entonces mientras iban se sanaron.
Si ellos se sentaban a esperar a estar sanos para ir, nunca hubieran recibido la promesa de sanidad.
YA LO HEMOS RECICIBIDO
Al igual que el hombre de la mano seca y al igual que cada persona que recibió de Dios, ellos tomaron acción con fe, y recibieron.
Si usted espera a sentirse justo ante Dios para orar con fe, tendrá que esperar toda la vida, la promesa de Dios es que Él ya lo hizo justo en Cristo Jesús.
Vea las declaraciones de Dios con respecto a su condición delante de Él:
Romanos 5:1,17
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo
2 Corintios 5:21
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
Gálatas 2:16
… sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.
No dice que usted tendrá paz y tendrá justicia cuando lo merezca, dice que si usted creyó en Cristo, usted ya tiene aquello prometido por Dios, porque no depende de lo que usted haga o deje de hacer sino de lo que Jesús ya hizo.
Romanos habla en tiempo pasado de muchas de las cosas que en nuestra razón humana estamos esperando:
Romanos 8:29,30
29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.
¿Está usted glorificado? ¿Está en el cielo glorioso disfrutando de la presencia del Dios? Para Dios sí, porque Él vive en la fe que ha creado, Él llama las cosas que no son, como si fuesen.
Por esto los versículos siguientes nos dicen: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?… Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Nada puede contra las declaraciones de Dios. Si Él dice que lo salvó, que lo justificó, que lo glorificó, ni todo el infierno puede impedirlo, pues ya sucedió.
Si pensásemos en las promesas como Dios piensa de ellas manifestaríamos mucho más poder.
Pero al pensar en ellas como algo futuro se nos hacen probables y no seguras. El futuro es probable pero el pasado es seguro.
“Mañana lloverá” decimos, pero aún no sucedió, pudiera no suceder, pero si ayer llovió es algo que no se puede cambiar, esta es la seguridad de las promesas de Dios.
En una época de mi vida fui traspasado por esta verdad como nunca antes había sucedido.
Vivíamos con mi esposa y mi hija en la ciudad de Mar del Plata y parecía como si el cielo se hubiera cerrado para nosotros.
No podía conseguir trabajo en ningún lado.
Lo había intentado todo, no me daba descanso, salía cada día y volvía golpeado por una nueva derrota.
Esta situación duró meses.
Por supuesto que oraba, pedía y suplicaba pero era como si Dios se hubiese olvidado de mí.
En medio de estas circunstancias, cierta noche en casa comenzamos a trabajar con mi esposa la traducción de un estudio sobre los derechos como hijos de Dios que teníamos en Cristo.
Hablaba sobre la dignidad de ser hijos de Dios, sobre las promesas inmutables de Dios, sobre todo lo que es nuestro en Cristo Jesús independientemente de nuestros propios pensamientos al respecto.
Decía que nosotros somos lo que somos por lo que Jesucristo es, no por lo que nosotros somos.
Me sacudió el corazón.
Fue como sacarme una venda de los ojos y empezar a ver cosas nuevas.
La mañana siguiente salí y al primer lugar que fui me tomaron para trabajar.
Luego fui a otro lugar y también me tomaron, pero les dije que en realidad yo ya tenía trabajo en otro lado, pero mi hermano necesitaba uno, así que sin ningún protocolo lo tomaron a mi hermano allí. Al otro día ambos estábamos trabajando.
A mi no me sorprendió, me llenó de gozo pero no me sorprendió, la sorpresa había sido la noche anterior al realmente ver las promesas de Dios.
Esa noche había ganado, cuando acepté que Dios era más grande que yo y mis limitaciones, cuando por fin pude creer.
Esa mañana el mundo a mi alrededor era el mismo ¿Qué cambió? Yo cambié por creer la palabra de Dios que no cambia.
COMO EN EL CIELO, ASÍ TAMBIÉN EN LA TIERRA
Hebreos 11:1
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Certeza y convicción, eso es fe. No es “tal vez”, “ojala” o la famosa frase hecha: “si Dios quiere”.
Cuando Dios promete algo, Él quiere cumplirlo, es más, Él ya lo cumplió, hoy debemos extender la mano y será restaurada, hoy debemos ponernos en camino y seremos sanados.
2º Corintios nos da doctrina sustancial acerca del principio inmutable de fe de anticipación y la razón espiritual para que sea así:
2 Corintios 1:19,20
19 Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él;
20 porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.
Tal vez en una primera leída no se perciba el impacto espiritual de estos versículos.
La traducción de la Reina Valera 1960 tampoco es del todo clara por eso veamos la Nueva Versión Internacional:
19 Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, a quien Silvano, Timoteo y yo predicamos entre ustedes, no fue "sí" y "no"; en él siempre ha sido "sí".
20 Todas las promesas que ha hecho Dios son "sí" en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos "amén" para la gloria de Dios.
Las promesas de Dios son realidad en Jesucristo el Hijo de Dios.
Él ya lo logró, ya abrió el cielo para nosotros, ya nos puso en paz con Dios, ya nos justifico, ya está, usted tiene que confesarlo.
No tiene que fabricar nada, tiene que declarar con certeza y convicción lo mismo que Dios.
Cuando Dios ha hecho una promesa, es “sí” en Cristo, ahí debe haber certeza.
Usted tiene que tener certeza en el “sí” de Dios si va a recibir de Él.
Luego con convicción viene el “amén”.
El término “amén” indica una intensa afirmación y acuerdo.
La palabra raíz hebrea significa: “firme, estable y confiable”.
En el origen, “amén” se refería a la verdad y fidelidad de Dios.
Amén es su declaración propia de fe en que Dios ha dicho verdad al prometer y que es fiel para cumplir.
¿Puede ver el impacto de este versículo y su alcance? El sí le pertenece a Dios y lo ha declarado en Cristo Jesús, el amén le pertenece a usted en respuesta al sí de Dios.
El “sí” es en el cielo, el “amén” es en la tierra.
Jesús enseñó a sus discípulos a orar: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino.
Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Lucas 11:2).
No dijo que pidieran que se haga su voluntad en el cielo “y” en la tierra, sino, en la tierra “como” en el cielo.
En el cielo se hace la voluntad de Dios, en la tierra se hace en la medida que Dios tiene nuestro “amén”.
¿Se da cuenta de porqué el mundo está como está? Hay muy poca creencia sobre la tierra en la veracidad de la Palabra de Dios, y menos confianza en Su fidelidad.
Cuando yo pasé por el desafío en Mar de Plata, tenía el “sí” de Dios, pero Dios no tenía mi “amén”.
Yo estaba esperando a Dios, pero era Dios en realidad el que me estaba esperando a mí.
Cuando tuvo mi “amén” derramó su promesa en mi vida.
Y esto es porque Dios nos ama, y actúa si se lo permitimos.
Él hace lo que nosotros decimos si fluye con sus promesas como veremos en el próximo principio, el de claridad.
También Dios nos prometió vida eterna, paz, sanidad, santidad, nos prometió que somos coherederos con Cristo y que todas sus riquezas en gloria son nuestras en Cristo Jesús.
Pero seguimos esperando ver para creer.
Tal vez ese sea el principal motivo por el cual estamos viendo muy poco del poder de Dios manifestado, estamos esperando que la promesa se cumpla para creerla… ¡ya se cumplió en el momento mismo que Dios la declaró!
Hoy tenemos que declararla nosotros, decir lo mismo que Dios dice y actuar sobre esas promesas que son nuestras porque a Dios le pareció bien dárnoslas aunque no la merecíamos, sólo porque creímos en su Hijo Jesús que dio su vida para salvarnos.
Todas las promesas que ha hecho Dios son "sí" en Cristo.
Así que por medio de Cristo respondemos "amén" para la gloria de Dios.

By Pablo Seghezzo
http://www.reconciliar.org
Habiendo trabajado el principio inmutable del compromiso podemos avanzar sobre el principio de anticipación. Recordemos que llamamos un principio inmutable a aquello que está siempre presente al creer.
CREER PARA VER
Cada vez que alguien recibió de Dios, actuó primero como si ya lo tuviera y entonces recibió. La lógica sensorial indica que primero se recibe y entonces se actúa. Pero en el campo espiritual es al revés, primero se actúa y entonces se recibe en la acción misma.
Veamos nuevamente el relato de Marcos 3:
Marcos 3:3,4
3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio
5 Entonces […] dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.
Lea con atención el versículo 5.
La secuencia de acciones está según parece, a la inversa. Debería decir: “y la mano le fue restaurada sana y él la extendió”.
Tal vez si yo hubiera sido el hombre de la mano seca, ante el mandamiento de Jesús “extiende tu mano”, le hubiera dicho, “no puedo Jesús, está seca, sánamela y entonces la extenderé”.
Pero justamente aquí está el principio inmutable de fe de anticipación. Es actuar sobre la promesa con fe como si ya se hubiera recibido, porque cuando la promesa sale de la boca de Dios o de la boca de Jesús, literal y espiritualmente ya se ha cumplido.
El hombre la extendió… y la mano le fue restaurada sana.
Este principio va contra nuestra experiencia sensorial que dice que no puedo pagar algo hasta que no tenga el dinero, no puedo comer algo hasta que no tenga la comida, no puedo hacer nada hasta que no tenga los elementos para hacerlo.
La fe espiritual funciona al revés.
No es ver para creer, es creer para ver.
Jesús se lo enseñó a Tomás cuando pretendía ver y tocar a Jesús antes de creer que había resucitado:
Juan 20:27-29
27 Luego dijo [Jesús] a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!
29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
Queremos poner primero el dedo en la mano y meter la mano en el costado de Jesús antes de creer sus maravillosas promesas para nuestras vidas.
Es típicamente humano.

Pero Jesús nos dice lo mismo que a Tomás: “crean y verán mis maravillas a su favor”.
Cuando Dios guió a su pueblo por mano de Josué a entrar en la tierra prometida, una y otra vez les dijo: “Vayan y entren pues yo los he entregado en sus manos”.
Les hablaba en tiempo pasado de lo que sucedería en el futuro. Este es el principio inmutable de fe, es llamar a las cosas que no son aún, como si ya fuesen.
Es la fe de Dios que dijo: “sea la luz” y fue la luz, es la misma fe que declara con convicción la promesa de Dios y entonces sucede.
Romanos 4:17 nos dice que Abraham recibió de Dios cuando se alineó a la misma fe de Dios que llama a las cosas que no son como si fuesen.
Jesús dijo literalmente en Marcos 11:22 enseñando a sus discípulos a creer: “Tened la fe de Dios”, como lee el texto en griego (La RV 60 lee: “Tened fe en Dios”).
Otro milagro de Jesús nos muestra claramente este principio:
Lucas 17:11-14
11 Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos
13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!
14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.
Nuevamente vemos el principio como en cada lugar en la Biblia cuando alguien recibió por fe.
Los leprosos según la ley, no podían convivir con la gente, estaban recluidos en soledad.
Sólo un leproso podría ser amigo de otro leproso.
Si alguno de estos alguna vez se sanaba, debía pasar una minuciosa prueba ante los sacerdotes para constatar que estaba sano, y si se comprobaba la sanidad total, el sacerdote lo declaraba públicamente limpio y podía restablecerse a la vida social.
Estos hombres no se sanaron y entonces fueron, fueron y entonces mientras iban se sanaron.
Si ellos se sentaban a esperar a estar sanos para ir, nunca hubieran recibido la promesa de sanidad.
YA LO HEMOS RECICIBIDO
Al igual que el hombre de la mano seca y al igual que cada persona que recibió de Dios, ellos tomaron acción con fe, y recibieron.
Si usted espera a sentirse justo ante Dios para orar con fe, tendrá que esperar toda la vida, la promesa de Dios es que Él ya lo hizo justo en Cristo Jesús.
Vea las declaraciones de Dios con respecto a su condición delante de Él:
Romanos 5:1,17
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo
2 Corintios 5:21
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
Gálatas 2:16
… sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.
No dice que usted tendrá paz y tendrá justicia cuando lo merezca, dice que si usted creyó en Cristo, usted ya tiene aquello prometido por Dios, porque no depende de lo que usted haga o deje de hacer sino de lo que Jesús ya hizo.
Romanos habla en tiempo pasado de muchas de las cosas que en nuestra razón humana estamos esperando:
Romanos 8:29,30
29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.
¿Está usted glorificado? ¿Está en el cielo glorioso disfrutando de la presencia del Dios? Para Dios sí, porque Él vive en la fe que ha creado, Él llama las cosas que no son, como si fuesen.
Por esto los versículos siguientes nos dicen: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?… Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Nada puede contra las declaraciones de Dios. Si Él dice que lo salvó, que lo justificó, que lo glorificó, ni todo el infierno puede impedirlo, pues ya sucedió.
Si pensásemos en las promesas como Dios piensa de ellas manifestaríamos mucho más poder.
Pero al pensar en ellas como algo futuro se nos hacen probables y no seguras. El futuro es probable pero el pasado es seguro.
“Mañana lloverá” decimos, pero aún no sucedió, pudiera no suceder, pero si ayer llovió es algo que no se puede cambiar, esta es la seguridad de las promesas de Dios.
En una época de mi vida fui traspasado por esta verdad como nunca antes había sucedido.
Vivíamos con mi esposa y mi hija en la ciudad de Mar del Plata y parecía como si el cielo se hubiera cerrado para nosotros.
No podía conseguir trabajo en ningún lado.
Lo había intentado todo, no me daba descanso, salía cada día y volvía golpeado por una nueva derrota.
Esta situación duró meses.
Por supuesto que oraba, pedía y suplicaba pero era como si Dios se hubiese olvidado de mí.
En medio de estas circunstancias, cierta noche en casa comenzamos a trabajar con mi esposa la traducción de un estudio sobre los derechos como hijos de Dios que teníamos en Cristo.
Hablaba sobre la dignidad de ser hijos de Dios, sobre las promesas inmutables de Dios, sobre todo lo que es nuestro en Cristo Jesús independientemente de nuestros propios pensamientos al respecto.
Decía que nosotros somos lo que somos por lo que Jesucristo es, no por lo que nosotros somos.
Me sacudió el corazón.
Fue como sacarme una venda de los ojos y empezar a ver cosas nuevas.
La mañana siguiente salí y al primer lugar que fui me tomaron para trabajar.
Luego fui a otro lugar y también me tomaron, pero les dije que en realidad yo ya tenía trabajo en otro lado, pero mi hermano necesitaba uno, así que sin ningún protocolo lo tomaron a mi hermano allí. Al otro día ambos estábamos trabajando.
A mi no me sorprendió, me llenó de gozo pero no me sorprendió, la sorpresa había sido la noche anterior al realmente ver las promesas de Dios.
Esa noche había ganado, cuando acepté que Dios era más grande que yo y mis limitaciones, cuando por fin pude creer.
Esa mañana el mundo a mi alrededor era el mismo ¿Qué cambió? Yo cambié por creer la palabra de Dios que no cambia.
COMO EN EL CIELO, ASÍ TAMBIÉN EN LA TIERRA
Hebreos 11:1
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Certeza y convicción, eso es fe. No es “tal vez”, “ojala” o la famosa frase hecha: “si Dios quiere”.
Cuando Dios promete algo, Él quiere cumplirlo, es más, Él ya lo cumplió, hoy debemos extender la mano y será restaurada, hoy debemos ponernos en camino y seremos sanados.
2º Corintios nos da doctrina sustancial acerca del principio inmutable de fe de anticipación y la razón espiritual para que sea así:
2 Corintios 1:19,20
19 Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él;
20 porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.
Tal vez en una primera leída no se perciba el impacto espiritual de estos versículos.
La traducción de la Reina Valera 1960 tampoco es del todo clara por eso veamos la Nueva Versión Internacional:
19 Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, a quien Silvano, Timoteo y yo predicamos entre ustedes, no fue "sí" y "no"; en él siempre ha sido "sí".
20 Todas las promesas que ha hecho Dios son "sí" en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos "amén" para la gloria de Dios.
Las promesas de Dios son realidad en Jesucristo el Hijo de Dios.
Él ya lo logró, ya abrió el cielo para nosotros, ya nos puso en paz con Dios, ya nos justifico, ya está, usted tiene que confesarlo.
No tiene que fabricar nada, tiene que declarar con certeza y convicción lo mismo que Dios.

Cuando Dios ha hecho una promesa, es “sí” en Cristo, ahí debe haber certeza.
Usted tiene que tener certeza en el “sí” de Dios si va a recibir de Él.
Luego con convicción viene el “amén”.
El término “amén” indica una intensa afirmación y acuerdo.
La palabra raíz hebrea significa: “firme, estable y confiable”.
En el origen, “amén” se refería a la verdad y fidelidad de Dios.
Amén es su declaración propia de fe en que Dios ha dicho verdad al prometer y que es fiel para cumplir.
¿Puede ver el impacto de este versículo y su alcance? El sí le pertenece a Dios y lo ha declarado en Cristo Jesús, el amén le pertenece a usted en respuesta al sí de Dios.
El “sí” es en el cielo, el “amén” es en la tierra.
Jesús enseñó a sus discípulos a orar: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino.
Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Lucas 11:2).
No dijo que pidieran que se haga su voluntad en el cielo “y” en la tierra, sino, en la tierra “como” en el cielo.
En el cielo se hace la voluntad de Dios, en la tierra se hace en la medida que Dios tiene nuestro “amén”.
¿Se da cuenta de porqué el mundo está como está? Hay muy poca creencia sobre la tierra en la veracidad de la Palabra de Dios, y menos confianza en Su fidelidad.
Cuando yo pasé por el desafío en Mar de Plata, tenía el “sí” de Dios, pero Dios no tenía mi “amén”.
Yo estaba esperando a Dios, pero era Dios en realidad el que me estaba esperando a mí.
Cuando tuvo mi “amén” derramó su promesa en mi vida.
Y esto es porque Dios nos ama, y actúa si se lo permitimos.
Él hace lo que nosotros decimos si fluye con sus promesas como veremos en el próximo principio, el de claridad.
También Dios nos prometió vida eterna, paz, sanidad, santidad, nos prometió que somos coherederos con Cristo y que todas sus riquezas en gloria son nuestras en Cristo Jesús.
Pero seguimos esperando ver para creer.
Tal vez ese sea el principal motivo por el cual estamos viendo muy poco del poder de Dios manifestado, estamos esperando que la promesa se cumpla para creerla… ¡ya se cumplió en el momento mismo que Dios la declaró!
Hoy tenemos que declararla nosotros, decir lo mismo que Dios dice y actuar sobre esas promesas que son nuestras porque a Dios le pareció bien dárnoslas aunque no la merecíamos, sólo porque creímos en su Hijo Jesús que dio su vida para salvarnos.
Todas las promesas que ha hecho Dios son "sí" en Cristo.
Así que por medio de Cristo respondemos "amén" para la gloria de Dios.
By Pablo Seghezzo
http://www.reconciliar.org
PRINCIPIOS DE FE 2º Parte Principio de Compromiso
Dios te bendiga!!.
Ya hemos trabajado sobre el principio fundamental mandamiento – promesa. Ahora avanzaremos sobre otros principios que se aplican a la fe en toda la Palabra de Dios.
Hay ciertas cosas que pueden estar o no involucradas cuando el poder de Dios se libera por fe.
Será prerrogativa de Dios que algunas cosas estén presentes o no lo estén, pero aquello que siempre está presente al creer, es lo que llamamos un principio inmutable de fe.
El Maestro de la fe, Jesús, más que nadie mostró principios inmutables de fe.
En ningún otro lugar de la Palabra hallaremos tanto la fe en acción como en los cuatro evangelios.
Jesús fue un hombre de fe que inspiró fe en la gente a su alrededor y de él aprendemos como creer para recibir las promesas de Dios.
COMPROMISO E INVOLUCRAMIENTO
Cada vez que alguien recibió algo de Dios se involucró y aún arriesgó por su fe basado en un compromiso.
Asentir inactiva o pasivamente no es creer.
Estar de acuerdo no es creer.
Que le parezca correcto no es creer.
Nunca se cree desde la tribuna.
Veamos un relato clave en nuestra búsqueda de los principios inmutables de fe enseñados por Jesús:
Marcos 3:1-5
1 Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano.
2 Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle.
3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio
4 Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban.
5 Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.
Aquí hay varios principios inmutables para estudiar.
Comenzaremos viendo el de compromiso.
Jesús conocía los principios involucrados para recibir de Dios y en su aguda inteligencia espiritual, llevó a las personas al punto de conectar con ellos para recibir.
Aquí en Marcos hay alguien mezclado entre la gente, un hombre anónimo con una necesidad.
Los fariseos notan su presencia y conociendo la costumbre de Jesús de preocuparse por la sanidad del pueblo de Dios están expectantes a ver si le sana para poder acusarlo de quebrantar el día de reposo.
No era ningún secreto el odio de muerte que los líderes religiosos tenían por Jesús, y si bien la gente lo escuchaba de buena gana, lo hacían desde la banca sin mayor involucramiento, pues aceptar abiertamente a Jesús era ponerse al liderazgo judío en contra, lo cual en ese tiempo y cultura era algo grave con severas consecuencias.
Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio.
En otras palabras le dijo: “Ven, involúcrate en tu sanidad, comprométete con ella”. El hombre sabía y Jesús sabía que ponerse en medio era identificarse con Jesús y con su autoridad como profeta de Dios.
¿Qué hubiera sucedido si el hombre no se levantaba y se quedaba en su silla ante el mandato de Jesús?
¿Lo hubiera Jesús sanado? No hace falta que le de la respuesta, usted la sabe.
Si usted está más comprometido a la comodidad que a la liberación nunca recibirá de Dios.
Jesús le dijo ¡comprométete! y el hombre no dudó en hacerlo.
Estaba cansado de su mano seca, cansado de su limitación, estaba dispuesto a involucrarse y arriesgarse por su sanidad.
Le importaba más su sanidad que los fariseos de rostro torcido y mente perversa. Sus miradas severas no lo intimidaron.
Si no se hubiera levantado no hubiera sido porque no tenía compromiso, sino porque tenía un compromiso mayor basado en el miedo.
Levántate y ponte en medio es un cambio, es estar en un lugar diferente que antes, es involucrarse e identificarse con Jesús, es salir de la periferia para colocarse en el centro.
Jesús no opera en la periferia, en la tibieza, en la cobardía, él opera en el centro.
El principio del compromiso dice que para recibir de Dios tiene que involucrarse con la promesa al costo que sea.
Si otro compromiso lo desplaza, como puede ser el miedo, la comodidad, la seguridad, mantener la imagen o lo que fuera, la promesa de Dios se frena.
COMPROMISO = ACCIÓN
Marcos 2:1-5
1 Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa.
2 E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra.
3 Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro.
4 Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.
5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
¿Qué vio Jesús que la Biblia llama fe? ¿Cómo es la fe? ¿Cómo se observa la fe? Jesús vio el compromiso, vio la acción.
Ellos llegaron al lugar y se encontraron con que ni se podían acercar, el gentío se agolpaba y nadie quería perder su lugar.
Podrían haber dado la vuelta, podrían haberse quedado discutiendo por culpa de quien era que habían llegado tarde, podrían haberse enojado por el egoísmo de la gente que no cedía ante sus ruegos, pero no estaban dispuestos a llevarse un no por respuesta. No habían ido allí a fracasar, a que todo siga como antes. El “no”, no estaba dentro de sus posibilidades.
El único que podía decirles no era Jesús, entonces pegarían la vuelta, pero se iban a ocupar de que Jesús lo tuviera delante como fuera.
Y encontraron el camino, el compromiso siempre lo hace, siempre ve la forma de llegar. Compromiso, acción… promesa cumplida.
LLAMAR LA ATENCIÓN DE JESÚS
Marcos 10:46-52
46 Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.
47 Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
48 Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
49 Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama.
50 El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.
51 Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.
52 Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.
Bartimeo no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad, Jesús estaba allí, nada más le importaba.
Jesús lo podía sanar y él lo sabía.
La gente lo quería callar, ¡no molestes al maestro!
¡Quién eres tu pequeño ciego insignificante para que el gran rabí se ocupe de ti! Bartimeo estaba comprometido y escuchaba solo para su compromiso.
Cuanto más le decían que se calle más gritaba.
Al igual que los cuatro y el paralítico no aceptaba un no por respuesta. Jesús estaba allí, tal vez había soñado por meses este momento y ahora nadie lo iba a callar.
Estaba comprometido a su sanidad por encima de todo, gritaba para llamarle la atención a Jesús, estaba involucrado.
Jesús nuevamente vio la fe y esta le llamó la atención.
Al escuchar “Hijo de David” supo que el hombre creía en su carácter mesiánico.
Un creyente estaba clamando y él no lo dejaría sin respuesta, nunca lo hizo y nunca lo hará.
Si usted quiere recibir de Jesús debe llamarle la atención con su fe.
Una fe pasiva y religiosamente dogmática no atraerá a Jesús a su vida.
Haga lo que sea necesario para recibir la promesa, grite, rompa el techo, póngase en medio, asuma riesgos, salga de esa comodidad somnolienta en la que está sumido, rompa la pequeña caja que usted sabe que no le ha traído resultados hasta hoy.
Si no está recibiendo de Dios es porque no está comprometiéndose en primer lugar. Vea la promesa específica de Dios en su Palabra y comprométase con el mandamiento, no sea vago en su interpretación de la Escritura, sea específico.
Si usted quiere prosperidad de Dios en su vida no se trata de ser bueno para que Dios lo ayude, eso es impreciso, no sirve.
Hay mandamientos específicos que traen la promesa de prosperidad a su vida. Involúcrese en buscar la promesa específica en las Escrituras e involúcrese en obedecer los mandamientos específicos que la liberan y su mano seca se sanará, su ceguera se irá, su parálisis quedará atrás por el poder de Dios.
Lo que sea que haya en su vida que no sea una bendición es desplazado por las promesas de Dios. Para cada necesidad hay una promesa. Encuéntrela, comprométase y reciba.
ASUMIR RIESGOS
Lucas 8:43-48
43 Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada,
44 se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre.
45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?
46 Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí.
47 Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada.
48 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.
Casi se puede ver a Jesús mirando a la mujer con una sonrisa amorosa, satisfecho, conmovido por su fe.
Esta mujer valiente se comprometió y se involucró al costo de su propia vida.
Estaba decidida a ser sanada o morir en el intento.
El flujo de sangre era una enfermedad considerada inmunda en Israel.
Una mujer con esta enfermedad no podía vivir en sociedad pues quien la tocara quedaría también inmundo.
Ella vivía apartada de sus hijos, su familia, sus nietos, en una soledad asfixiante fuera de la ciudad.
Su vida transcurría en una triste isla de enfermedad y ya no había esperanzas luego de doce años de intentar sanarse.
Pero un día supo de Jesús, supo que estaba allí y decidió que iría contra todo para tocarlo y ser sana.
Si era descubierta entre la gente sería apedreada sin piedad.
No le importaba, o más bien, le importaba más su sanidad.
Estaba dispuesta a correr el riesgo y lo hizo.
Eso explica por qué cuando vio que había sido descubierta vino temblando a los pies de Jesús. Tocar a un maestro judío en esas condiciones era doble pecado, digno de muerte instantánea.
Pero Jesús no dijo ¡apedréenla, me tocó!, de ninguna manera.
La enfermedad no lo contaminaba, se sanaba ante su poder.
Esta mujer era como Bartimeo, creía en el poder mesiánico de Jesús pues al tocar el borde de su manto estaba creyendo la promesa específica de Malaquías 4:2 que decía que el Sol de justicia (el Mesías) traería sanidad en sus alas (refiriéndose a los flecos de su manto).
Jesús fue atraído por la fe de esta mujer. Aún sin que él se diera cuenta, la mujer le “arrebató” poder de sanidad con su fe.
¡Mire a esta mujer y aprenda el principio inmutable de fe del compromiso!
Nada la detendría, rompió los moldes sociales y culturales por su compromiso, se arriesgó para llegar a Jesús y recibió sanidad.
No todos fueron sanados en los tiempos de Jesús, pero cada uno que se acercó a él con fe recibió la promesa que buscaba.
Jesús tiene el mismo poder hoy y lo usa para ministrar a sus santos que se comprometen en su creencia.
Hebreos 2:18
Pues en cuanto él mismo [Jesús] padeció [en el pasado] siendo tentado, es poderoso [en el presente] para socorrer [venir en auxilio del que clama a él] a los que son tentados.
Aquí está el principio inmutable de fe del compromiso, el que viene, el que clama, el que se involucra ¡recibe de él!
No piense que sentado en una banca de la Iglesia simplemente escuchando alguna prédica agradable y luego siguiendo su vida sin compromiso con la Palabra de Dios le permitirá recibir las promesas de Dios.
Ya se dio cuenta de que no es así, lo sabe pues la falta de resultados se lo ha demostrado.
Rompa con la comodidad, asuma su responsabilidad de comprometerse con lo que quiere y acuda a Jesús con fe, él lo está esperando con los brazos abiertos, él será atraído a usted por su fe y nada en el mundo podrá interponerse entre usted y Jesús pues la fe libera el poder más grande que exista, el poder de Dios.
Ya hemos trabajado sobre el principio fundamental mandamiento – promesa. Ahora avanzaremos sobre otros principios que se aplican a la fe en toda la Palabra de Dios.
Hay ciertas cosas que pueden estar o no involucradas cuando el poder de Dios se libera por fe.
Será prerrogativa de Dios que algunas cosas estén presentes o no lo estén, pero aquello que siempre está presente al creer, es lo que llamamos un principio inmutable de fe.
El Maestro de la fe, Jesús, más que nadie mostró principios inmutables de fe.
En ningún otro lugar de la Palabra hallaremos tanto la fe en acción como en los cuatro evangelios.
Jesús fue un hombre de fe que inspiró fe en la gente a su alrededor y de él aprendemos como creer para recibir las promesas de Dios.
COMPROMISO E INVOLUCRAMIENTO
Cada vez que alguien recibió algo de Dios se involucró y aún arriesgó por su fe basado en un compromiso.
Asentir inactiva o pasivamente no es creer.
Estar de acuerdo no es creer.
Que le parezca correcto no es creer.
Nunca se cree desde la tribuna.
Veamos un relato clave en nuestra búsqueda de los principios inmutables de fe enseñados por Jesús:
Marcos 3:1-5
1 Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano.
2 Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle.
3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio
4 Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban.
5 Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.
Aquí hay varios principios inmutables para estudiar.
Comenzaremos viendo el de compromiso.
Jesús conocía los principios involucrados para recibir de Dios y en su aguda inteligencia espiritual, llevó a las personas al punto de conectar con ellos para recibir.
Aquí en Marcos hay alguien mezclado entre la gente, un hombre anónimo con una necesidad.
Los fariseos notan su presencia y conociendo la costumbre de Jesús de preocuparse por la sanidad del pueblo de Dios están expectantes a ver si le sana para poder acusarlo de quebrantar el día de reposo.
No era ningún secreto el odio de muerte que los líderes religiosos tenían por Jesús, y si bien la gente lo escuchaba de buena gana, lo hacían desde la banca sin mayor involucramiento, pues aceptar abiertamente a Jesús era ponerse al liderazgo judío en contra, lo cual en ese tiempo y cultura era algo grave con severas consecuencias.
Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio.

En otras palabras le dijo: “Ven, involúcrate en tu sanidad, comprométete con ella”. El hombre sabía y Jesús sabía que ponerse en medio era identificarse con Jesús y con su autoridad como profeta de Dios.
¿Qué hubiera sucedido si el hombre no se levantaba y se quedaba en su silla ante el mandato de Jesús?
¿Lo hubiera Jesús sanado? No hace falta que le de la respuesta, usted la sabe.
Si usted está más comprometido a la comodidad que a la liberación nunca recibirá de Dios.
Jesús le dijo ¡comprométete! y el hombre no dudó en hacerlo.
Estaba cansado de su mano seca, cansado de su limitación, estaba dispuesto a involucrarse y arriesgarse por su sanidad.
Le importaba más su sanidad que los fariseos de rostro torcido y mente perversa. Sus miradas severas no lo intimidaron.
Si no se hubiera levantado no hubiera sido porque no tenía compromiso, sino porque tenía un compromiso mayor basado en el miedo.
Levántate y ponte en medio es un cambio, es estar en un lugar diferente que antes, es involucrarse e identificarse con Jesús, es salir de la periferia para colocarse en el centro.
Jesús no opera en la periferia, en la tibieza, en la cobardía, él opera en el centro.
El principio del compromiso dice que para recibir de Dios tiene que involucrarse con la promesa al costo que sea.
Si otro compromiso lo desplaza, como puede ser el miedo, la comodidad, la seguridad, mantener la imagen o lo que fuera, la promesa de Dios se frena.
COMPROMISO = ACCIÓN
Marcos 2:1-5
1 Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa.
2 E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra.
3 Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro.
4 Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.
5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
¿Qué vio Jesús que la Biblia llama fe? ¿Cómo es la fe? ¿Cómo se observa la fe? Jesús vio el compromiso, vio la acción.
Ellos llegaron al lugar y se encontraron con que ni se podían acercar, el gentío se agolpaba y nadie quería perder su lugar.
Podrían haber dado la vuelta, podrían haberse quedado discutiendo por culpa de quien era que habían llegado tarde, podrían haberse enojado por el egoísmo de la gente que no cedía ante sus ruegos, pero no estaban dispuestos a llevarse un no por respuesta. No habían ido allí a fracasar, a que todo siga como antes. El “no”, no estaba dentro de sus posibilidades.
El único que podía decirles no era Jesús, entonces pegarían la vuelta, pero se iban a ocupar de que Jesús lo tuviera delante como fuera.
Y encontraron el camino, el compromiso siempre lo hace, siempre ve la forma de llegar. Compromiso, acción… promesa cumplida.
LLAMAR LA ATENCIÓN DE JESÚS
Marcos 10:46-52
46 Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.
47 Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
48 Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
49 Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama.
50 El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.
51 Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.
52 Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.
Bartimeo no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad, Jesús estaba allí, nada más le importaba.
Jesús lo podía sanar y él lo sabía.
La gente lo quería callar, ¡no molestes al maestro!
¡Quién eres tu pequeño ciego insignificante para que el gran rabí se ocupe de ti! Bartimeo estaba comprometido y escuchaba solo para su compromiso.
Cuanto más le decían que se calle más gritaba.
Al igual que los cuatro y el paralítico no aceptaba un no por respuesta. Jesús estaba allí, tal vez había soñado por meses este momento y ahora nadie lo iba a callar.
Estaba comprometido a su sanidad por encima de todo, gritaba para llamarle la atención a Jesús, estaba involucrado.
Jesús nuevamente vio la fe y esta le llamó la atención.
Al escuchar “Hijo de David” supo que el hombre creía en su carácter mesiánico.
Un creyente estaba clamando y él no lo dejaría sin respuesta, nunca lo hizo y nunca lo hará.
Si usted quiere recibir de Jesús debe llamarle la atención con su fe.
Una fe pasiva y religiosamente dogmática no atraerá a Jesús a su vida.
Haga lo que sea necesario para recibir la promesa, grite, rompa el techo, póngase en medio, asuma riesgos, salga de esa comodidad somnolienta en la que está sumido, rompa la pequeña caja que usted sabe que no le ha traído resultados hasta hoy.
Si no está recibiendo de Dios es porque no está comprometiéndose en primer lugar. Vea la promesa específica de Dios en su Palabra y comprométase con el mandamiento, no sea vago en su interpretación de la Escritura, sea específico.
Si usted quiere prosperidad de Dios en su vida no se trata de ser bueno para que Dios lo ayude, eso es impreciso, no sirve.
Hay mandamientos específicos que traen la promesa de prosperidad a su vida. Involúcrese en buscar la promesa específica en las Escrituras e involúcrese en obedecer los mandamientos específicos que la liberan y su mano seca se sanará, su ceguera se irá, su parálisis quedará atrás por el poder de Dios.
Lo que sea que haya en su vida que no sea una bendición es desplazado por las promesas de Dios. Para cada necesidad hay una promesa. Encuéntrela, comprométase y reciba.
ASUMIR RIESGOS
Lucas 8:43-48
43 Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada,
44 se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre.
45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?
46 Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí.
47 Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada.
48 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.
Casi se puede ver a Jesús mirando a la mujer con una sonrisa amorosa, satisfecho, conmovido por su fe.
Esta mujer valiente se comprometió y se involucró al costo de su propia vida.
Estaba decidida a ser sanada o morir en el intento.
El flujo de sangre era una enfermedad considerada inmunda en Israel.
Una mujer con esta enfermedad no podía vivir en sociedad pues quien la tocara quedaría también inmundo.
Ella vivía apartada de sus hijos, su familia, sus nietos, en una soledad asfixiante fuera de la ciudad.
Su vida transcurría en una triste isla de enfermedad y ya no había esperanzas luego de doce años de intentar sanarse.
Pero un día supo de Jesús, supo que estaba allí y decidió que iría contra todo para tocarlo y ser sana.
Si era descubierta entre la gente sería apedreada sin piedad.
No le importaba, o más bien, le importaba más su sanidad.
Estaba dispuesta a correr el riesgo y lo hizo.
Eso explica por qué cuando vio que había sido descubierta vino temblando a los pies de Jesús. Tocar a un maestro judío en esas condiciones era doble pecado, digno de muerte instantánea.
Pero Jesús no dijo ¡apedréenla, me tocó!, de ninguna manera.
La enfermedad no lo contaminaba, se sanaba ante su poder.
Esta mujer era como Bartimeo, creía en el poder mesiánico de Jesús pues al tocar el borde de su manto estaba creyendo la promesa específica de Malaquías 4:2 que decía que el Sol de justicia (el Mesías) traería sanidad en sus alas (refiriéndose a los flecos de su manto).
Jesús fue atraído por la fe de esta mujer. Aún sin que él se diera cuenta, la mujer le “arrebató” poder de sanidad con su fe.
¡Mire a esta mujer y aprenda el principio inmutable de fe del compromiso!

Nada la detendría, rompió los moldes sociales y culturales por su compromiso, se arriesgó para llegar a Jesús y recibió sanidad.
No todos fueron sanados en los tiempos de Jesús, pero cada uno que se acercó a él con fe recibió la promesa que buscaba.
Jesús tiene el mismo poder hoy y lo usa para ministrar a sus santos que se comprometen en su creencia.
Hebreos 2:18
Pues en cuanto él mismo [Jesús] padeció [en el pasado] siendo tentado, es poderoso [en el presente] para socorrer [venir en auxilio del que clama a él] a los que son tentados.
Aquí está el principio inmutable de fe del compromiso, el que viene, el que clama, el que se involucra ¡recibe de él!
No piense que sentado en una banca de la Iglesia simplemente escuchando alguna prédica agradable y luego siguiendo su vida sin compromiso con la Palabra de Dios le permitirá recibir las promesas de Dios.
Ya se dio cuenta de que no es así, lo sabe pues la falta de resultados se lo ha demostrado.
Rompa con la comodidad, asuma su responsabilidad de comprometerse con lo que quiere y acuda a Jesús con fe, él lo está esperando con los brazos abiertos, él será atraído a usted por su fe y nada en el mundo podrá interponerse entre usted y Jesús pues la fe libera el poder más grande que exista, el poder de Dios.
By Pablo Seghezzo
http://www.reconciliar.org
jueves, 16 de julio de 2009
El implacable amor de Dios Parte 1

Dios te bendiga!!.
Quiero hablarles acerca de la palabra implacable.
Significa que no disminuye en intensidad o esfuerzo—no se rinde, ni se compromete, incapaz de ser cambiado o persuadido con argumentos.
Ser implacable es apegarse a un rumbo determinado.
Que maravillosa descripción del amor de Dios.
El amor de nuestro Señor es absolutamente implacable.
Nada puede entorpecer o disminuir su búsqueda amorosa tanto de pecadores como de santos. David, el salmista, lo expreso de esta manera:
Salmos 139:5,7-8
Quiero hablarles acerca de la palabra implacable.
Significa que no disminuye en intensidad o esfuerzo—no se rinde, ni se compromete, incapaz de ser cambiado o persuadido con argumentos.
Ser implacable es apegarse a un rumbo determinado.
Que maravillosa descripción del amor de Dios.
El amor de nuestro Señor es absolutamente implacable.
Nada puede entorpecer o disminuir su búsqueda amorosa tanto de pecadores como de santos. David, el salmista, lo expreso de esta manera:
Salmos 139:5,7-8
5 Detrás y delante me rodeaste,
Y sobre mí pusiste tu mano.
7 ¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?
8 Si subiere a los cielos, allí estás tú;
Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
David esta hablando de las grandes altas y bajas que enfrentamos en la vida.
El esta diciendo, “Hay tiempos cuando soy tan bendecido que me siento levantado con gozo.
En otros tiempos, me siento como si estuviera en el mismo infierno, condenado e indigno.
Pero no importa donde este, Señor no importa cuan bendecido me sienta o cuan baja sea mi condición tu estas allí.
No me puedo alejar de tu amor implacable.
Y no puedo ahuyentarlo.
Tu nunca aceptas mis argumentos acerca de cuan indigno soy.
Aun cuando soy desobediente—pecando contra tu verdad, cuando no aprecio tu gracia—tú nunca dejas de amarme.
¡Tu amor por mi es implacable!”
En un momento bajo, David oro, “Señor, tu asentaste mi alma en un lugar celestial. Me diste luz para que entienda tu Palabra.
La hiciste una lámpara para guiar mis pies.
Pero he caído tan bajo, no veo como pueda recuperarme.
He preparado mi cama en el infierno; y merezco ira y castigo.
Tu eres muy exaltado y santo para amarme en esta condición.”
David había pecado gravemente. Este es el mismo hombre que había disfrutado diariamente de aportación espiritual de consejeros piadosos.
El fue enseñado por rectos hombres de Dios.
El fue ministrado por el Espíritu Santo.
El recibió revelaciones de la Palabra de Dios.
Aun así, a pesar de muchas bendiciones y su vida consagrada, David desobedeció la ley de Dios rotundamente.
Estoy seguro que conoces la historia del pecado de David.
El deseo la mujer de otro hombre y la embarazo.
Entonces el trato de cubrir su pecado emborrachando al esposo, esperando que el hombre se acostara con su esposa embarazada.
Cuando eso fracaso, David mato al esposo.
El confabulo enviando al hombre a una batalla perdida, sabiendo que el moriría.
Las Escrituras dicen, “…Mas esto que David había hecho; fue desagradable ante los ojos de Jehová.” (2 Samuel 11:27).
Dios llamo las acciones de David “un gran mal.”
Y el envió al profeta Natán a decirle, “…con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová,” (12:14).
El Señor entonces disciplino a David, diciendo que el sufriría severas consecuencias.
Natán profetizo, “…el hijo que te ha nacido ciertamente morirá.” (12:14).
David oro el día entero por la salud del bebe. Pero la criatura murió, y David lloro profundamente por las cosas terribles que el había causado.
Todavía, a pesar del pecado de David, Dios seguía persiguiéndolo con su amor. Mientras el mundo se mofaba de la fe de este hombre caído, Dios le dio a David una muestra de su amor implacable.
Betsabé ahora era la esposa de David y ella dio a luz a otra criatura. David, “…y llamo su nombre Salomón, al cual amo Jehová.” (12:24).
El nacimiento y la vida de Salomón fueron una bendición totalmente inmerecida para David.
Pero el amor de Dios por David nunca amaino, aun en la hora de su mayor vergüenza. El persiguió tras David de manera implacable.
Considera también el testimonio del apóstol Pablo.
Mientras leemos de la vida de Pablo, vemos a un hombre empeñado por destruir la iglesia de Dios. Pablo parecía un loco en su odio hacia los cristianos.
El suspiraba amenazas de matanza contra todos los que seguían a Jesús.
El busco la autorización del sumo sacerdote para cazar a los creyentes, para así entrar en sus casas y arrastrarlos a la prisión.
Después que fue convertido, Pablo testifico que aun durante esos años llenos de odio—mientras el estaba lleno de prejuicios y mataba ciegamente a los discípulos de Cristo—Dios lo amaba.
El apóstol escribió:
Romanos 5:8
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros.
El dijo en esencia: “Aunque yo no estaba conciente de esto, Dios me estaba persiguiendo.
El siguió detrás de mi en amor, hasta ese día cuando literalmente el me tumbo de mi cabalgadura.
Ese fue el implacable amor de Dios.”
A través de los años, Pablo estaba aun más convencido que Dios le amaría fervientemente hasta el fin, a través de sus altas y bajas.
El declaro:
38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
El estaba declarando: “Ahora que le pertenezco a Dios, nada puede separarme de su amor. Ningún diablo, ni demonio, ni principado, ni hombre, ni ángel—nada puede detener a Dios de amarme.”
La mayoría de los creyentes han leído este pasaje una y otra vez.
Lo han escuchado predicar por años.
Sin embargo, creo que la mayoría de los cristianos encuentran que las palabras de Pablo son difíciles de creer.
Cada vez que nosotros pecamos o le fallamos a Dios, perdemos todo sentido de la verdad de su amor por nosotros.
Luego, cuando algo malo nos pasa, pensamos, “Dios me esta azotando.
” Terminamos culpándolo de cada problema, prueba, enfermedad y dificultad.
En realidad, estamos diciendo: “Dios has dejado de amarme, porque te falle. Lo disguste y el esta enojado conmigo.”
De repente, dejamos de comprender el implacable amor de Dios por nosotros.
Olvidamos que el nos persigue continuamente en todo tiempo, sin importar nuestra condición.
Todavía aun, lo cierto es, que no podemos enfrentar la vida y todos sus terrores y penurias sin asirnos de esta verdad.
Debemos estar convencidos del amor de Dios por nosotros.
Conozco a muchos ministros que hablan mucho del amor de Dios y libremente lo ofrecen a los demás.
Pero cuando el enemigo viene rugiendo como una fuente a sus propias vidas, son llevados por el torrente.
Caen en un hoyo de desesperación; incapaces de confiar en la Palabra de Dios.
Ellos no pueden creer que Dios pueda aceptarlos, porque están convencidos que Dios se dio por vencido en ellos
Puede que reconozcas este versículo.
A menudo es usado en los servicios eclesiásticos como una bendición.
Usualmente es pronunciado de memoria por el pastor y pocos oidores echan mano de su enorme significado.
Sin embargo, este versículo no es tan solo una bendición.
Es el resumen de todo lo que Pablo le había enseñado a los Corintios acerca del amor de Dios.
Este versículo trata con tres temas divinos: la gracia de Cristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo.
Pablo estaba orando que los Corintios pudieran echar mano de estas verdades.
Creo que si nosotros también podemos comprender estos tres temas, nunca mas dudaremos del implacable amor de Dios por nosotros
El estaba declarando: “Ahora que le pertenezco a Dios, nada puede separarme de su amor. Ningún diablo, ni demonio, ni principado, ni hombre, ni ángel—nada puede detener a Dios de amarme.”
La mayoría de los creyentes han leído este pasaje una y otra vez.
Lo han escuchado predicar por años.
Sin embargo, creo que la mayoría de los cristianos encuentran que las palabras de Pablo son difíciles de creer.
Cada vez que nosotros pecamos o le fallamos a Dios, perdemos todo sentido de la verdad de su amor por nosotros.
Luego, cuando algo malo nos pasa, pensamos, “Dios me esta azotando.
” Terminamos culpándolo de cada problema, prueba, enfermedad y dificultad.
En realidad, estamos diciendo: “Dios has dejado de amarme, porque te falle. Lo disguste y el esta enojado conmigo.”
De repente, dejamos de comprender el implacable amor de Dios por nosotros.
Olvidamos que el nos persigue continuamente en todo tiempo, sin importar nuestra condición.
Todavía aun, lo cierto es, que no podemos enfrentar la vida y todos sus terrores y penurias sin asirnos de esta verdad.
Debemos estar convencidos del amor de Dios por nosotros.
Conozco a muchos ministros que hablan mucho del amor de Dios y libremente lo ofrecen a los demás.
Pero cuando el enemigo viene rugiendo como una fuente a sus propias vidas, son llevados por el torrente.
Caen en un hoyo de desesperación; incapaces de confiar en la Palabra de Dios.
Ellos no pueden creer que Dios pueda aceptarlos, porque están convencidos que Dios se dio por vencido en ellos
Puede que reconozcas este versículo.
A menudo es usado en los servicios eclesiásticos como una bendición.
Usualmente es pronunciado de memoria por el pastor y pocos oidores echan mano de su enorme significado.
Sin embargo, este versículo no es tan solo una bendición.
Es el resumen de todo lo que Pablo le había enseñado a los Corintios acerca del amor de Dios.
Este versículo trata con tres temas divinos: la gracia de Cristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo.
Pablo estaba orando que los Corintios pudieran echar mano de estas verdades.
Creo que si nosotros también podemos comprender estos tres temas, nunca mas dudaremos del implacable amor de Dios por nosotros
El implacable amor de Dios Parte 4

Dios te bendiga!!.
el amor de Dios.
En la primera epístola de Pablo a los Corintios, el se dirige a la necesidad de ellos por la gracia de Dios.
Esto es a causa de sus fracasos.
Pero en su segunda carta, Pablo enfoca sobre el amor de Dios.
El sabia que el implacable amor de Dios era el único poder capaz de cambiar el corazón de cualquiera.
Y la segunda carta de Pablo comprueba que Dios elige usar amor como su manera de mostrar su poder.
Primera de Corintios 13:4-8 nos ofrece una poderosa verdad acerca del amor implacable de Dios. Sin duda, has escuchado este pasaje muchas veces, desde los pulpitos de la iglesia y en bodas:
1 Corintios 13:4-8
4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.
La mayoría de nosotros piensa, “Este es el tipo de amor que Dios espera de nosotros.”
Eso es verdad, en cierto sentido.
Pero el hecho es que nadie puede dar la medida de esta definición de amor.
No, todo este pasaje es acerca del amor de Dios.
El versículo 8 lo comprueba: “El amor nunca deja de ser.”
El amor humano falla.
Pero aquí tenemos un amor que es incondicional, nunca se da por vencido.
Soporta cada fallo, cada desilusión.
No se recrea mirando los pecados de los hijos de Dios; al contrario, llora por ellos.
Y resiste todo argumento que dice que somos demasiado pecadores e inmerecedores para ser amados.
En resumen, este tipo de amor es implacable, nunca se detiene en su persecución del amado.
Esto solo puede describir el amor de Dios todopoderoso.
Considera como este amor poderoso afectó a Pablo.
En su primera carta a los Corintios, el apóstol tenía toda razón para abandonar la iglesia. El tenía muchas razones para estar enojado con ellos.
Y fácilmente el podía desecharlos por inútiles, desesperarse con sus niñerías y pecaminosidad.
El podía comenzar su carta de esta manera: “Me lavo las manos de ustedes.
Ustedes son un pueblo incorregible.
Todo este tiempo he derramado mi propia vida por ustedes.
Sin embargo, mientras mas los amo, menos me aman ustedes a mí.
Basta ya—los entrego a sus propios deseos.
Adelante, peleen entre ustedes.
Mi trabajo con ustedes termino.”
Pablo nunca podría escribir esto.
¿Por qué? El había sido detenido por el amor de Dios.
En Primera de Corintios, leemos de el entregando a un hombre a Satanás, para la destrucción de la carne del hombre.
Esto suena severo. Pero, ¿Cuál era el propósito de Pablo? Era para que el alma del hombre pudiera ser salva (ver 1 Corintios 5:5).
También vemos a Pablo, agudamente reprendiendo, corrigiendo y amonestando.
Pero el lo hizo todo con lagrimas, con la suavidad de una enfermera.
¿Cómo reaccionaron los carnales Corintios al mensaje de Pablo del amor triunfante de Dios? Ellos se derritieron ante sus palabras.
Pablo después les dijo: “Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios,… ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna perdida padecieseis por nuestra parte.
Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación” (2 Corintios 7:11, 9-10).
Pablo les estaba diciendo: “Ustedes se han limpiado, estaban indignados por sus pecados, y ahora están llenos de celo y temor santo.
Se han probado claros y limpios.”
Les digo, esos Corintios fueron cambiados por el poder del amor implacable de Dios. Mientras leemos la segunda carta de Pablo a ellos, encontramos que el gran “Yo” en esta iglesia a desaparecido.
El poder del pecado fue roto y el yo tragado por la tristeza santa. Esta gente ya no estaba envuelta en dones, señales y maravillas.
Su énfasis ahora era dar en vez de recibir.
Ellos recaudaban ofrendas para enviarlas a creyentes que habían sido azotados con gran hambruna.
Y el cambio vino por la predicación del amor de Dios.
Yo estoy personalmente convencido por esta verdad.
En mi juventud, yo predique mensajes acerca de la mala condición de la iglesia.
Me desesperaba por el estado deplorable de tanta gente de Dios.
Y salí a corregir estas cosas con espada y martillo.
Golpee el compromiso y desmenucé todo lo que estaba a mi vista.
Y en el proceso, puse a la gente bajo condenación que nunca debió ser.
Si Pablo hubiera predicado de esa manera en Corintios, seguro que hubiera desmenuzado toda carnalidad, hubiera echado abajo a los fornicarios, y hubiera detenido las demandas.
Pero esa iglesia se hubiera deshecho.
No hubiera quedado congregación para ser reprendida por Pablo.
Tal forma de predicar es mal dirigida por celo humano.
Es usualmente el resultado de la falta de revelación personal del predicador, del amor de Dios por el.
Dominio Propio
Dios te bendiga!!.
Recuerda que tu mente es el campo de batalla así que mantente firme no permitas que tus pensamientos se desvíen.
Dice en:
Recuerda que tu mente es el campo de batalla así que mantente firme no permitas que tus pensamientos se desvíen.
Dice en:
Proverbios 25 28
“Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse.”
Es impresionante la importancia que este tema tiene en la vida de las personas y que no siempre se le pone la atención que merece.
Pero también estoy seguro que hay muchos hijos de Dios con esta inquietud y que día a día están librando su propia batalla venciendo tentaciones con la ayuda del Espíritu Santo.
La Palabra de Dios compara a una persona sin dominio propio a una ciudad que está a merced del enemigo y de fortalezas externas que llegan a tener el control de su vida.
Definición de Dominio propio: "virtud de uno que controla sus deseos y pasiones, especialmente sus apetitos sensuales".
Del griego "sofronismós"; disciplina, control de uno mismo.
Dominio propio Es un don de Dios según vemos en

2 Timoteo 1:7
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.
No obstante los dones y el poder que Dios concede a sus hijos no se fortalecen por sí solos sino como dice Pablo deben ser avivados por la gracia de Dios mediante la fe, oración, obediencia y diligencia.
2 Pedro 1:5-7
5 vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;
6 al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad;
7 a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
De allí que la clave para tener control espiritual sobre tus emociones negativas, tus pensamientos y tus actos es la renovación de la mente y que tus pensamientos estén de acuerdo con los de Dios.
No obstante los dones y el poder que Dios concede a sus hijos no se fortalecen por sí solos sino como dice Pablo deben ser avivados por la gracia de Dios mediante la fe, oración, obediencia y diligencia.
2 Pedro 1:5-7
5 vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;
6 al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad;
7 a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
De allí que la clave para tener control espiritual sobre tus emociones negativas, tus pensamientos y tus actos es la renovación de la mente y que tus pensamientos estén de acuerdo con los de Dios.
En tu mente es donde se levantan argumentos negativos críticos e indisciplinados que te llevan a acciones negativas en contra de la voluntad divina.Normalmente nuestras acciones son dirigidas por nuestra forma de pensar, así que el primer paso para actuar correctamente es tener pensamientos correctos.
En otras palabras, amurallar tu ciudad (tu mente) con muros fuertes (pensamiento de Cristo) que no puedan ser derribados por los argumentos del diablo y los deseos de la carne.
Recuerda lo que dice
2 Corintios 10:4-5
4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,
5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,
¿Cómo puedes renovar tu mente? ¿Cómo puede el fruto del espíritu prevalecer sobre las obras de la carne?Conociendo tu identidad en Cristo, tu posición y tu relación con El.
Tu puedes tener control sobre tus pensamientos y por lo tanto sobre tus acciones, por medio del conocimiento y la certeza de que todo ha sido hecho nuevo en ti a través de El.
Que Cristo es tu fortaleza y el Espíritu Santo tu guía.
2 Corintios 10:4-5
4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,
5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,
¿Cómo puedes renovar tu mente? ¿Cómo puede el fruto del espíritu prevalecer sobre las obras de la carne?Conociendo tu identidad en Cristo, tu posición y tu relación con El.
Tu puedes tener control sobre tus pensamientos y por lo tanto sobre tus acciones, por medio del conocimiento y la certeza de que todo ha sido hecho nuevo en ti a través de El.
Que Cristo es tu fortaleza y el Espíritu Santo tu guía.
Que juntamente con El todo es posible.
Si tu lo decides, si rechazas todo pensamiento que se levante en contra de la voluntad de Dios, si tu mirada está puesta en lo celestial y no en lo terrenal.
Efesios 4:22-24
22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,
Si tu lo decides, si rechazas todo pensamiento que se levante en contra de la voluntad de Dios, si tu mirada está puesta en lo celestial y no en lo terrenal.
Efesios 4:22-24
22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,
23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente,
24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
En conclusión, busca primeramente el reino de Dios, permitiendo que su Palabra impregne tuspensamientos, reconoce tu posición en El, adórale y glorifícalo, reconócelo en todos tus caminos y elte guiará en tu diario vivir.
Un paso cada vez: Tu comportamiento va a ir siendo transformado y vas a poder ver el fruto delEspíritu Santo a medida que tu pensamiento va siendo renovado.
Vive cada día, gana las batallas del día no trates de ganar hoy la batalla de mañana y así podrás ganar la guerra.
Recuerda que tu mente es el campo de batalla así que mantente firme no permitiendo que tus pensamientos se desvíen y ten siempre presente quien eres en Cristo Jesús.
En conclusión, busca primeramente el reino de Dios, permitiendo que su Palabra impregne tuspensamientos, reconoce tu posición en El, adórale y glorifícalo, reconócelo en todos tus caminos y elte guiará en tu diario vivir.
Un paso cada vez: Tu comportamiento va a ir siendo transformado y vas a poder ver el fruto delEspíritu Santo a medida que tu pensamiento va siendo renovado.
Vive cada día, gana las batallas del día no trates de ganar hoy la batalla de mañana y así podrás ganar la guerra.
Recuerda que tu mente es el campo de batalla así que mantente firme no permitiendo que tus pensamientos se desvíen y ten siempre presente quien eres en Cristo Jesús.
1 Pedro 5:8-9
lunes, 13 de julio de 2009
EL REDENTOR
Dios te bendiga!!.
Aunque hoy en día mucha gente celebra el nacimiento de Jesucristo, ya sea por motivos religiosos o comerciales, pocos de ellos tiene un adecuado conocimiento del propósito de su nacimiento.
Realmente, de acuerdo a la Palabra de Dios, Jesucristo nació teniendo desde el principio una misión específica, que era pagar con su vida por la remisión de nuestros pecados.
Así como el ángel le dijo a José, cuando Jesús aun estaba en el vientre de María:
Mateo 1:21“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”
“Jesús” en hebreo significa “el Señor (Jehová) nuestra salvación”, en realidad fue Jesucristo a través del cual el Señor, Jehová, traería salvación al pueblo y los salvaría de sus pecados.
Como la Palabra dice comentando sobre la sugerencia de Caifas, el sumo sacerdote de los judíos, sobre la crucifixión de Jesús:
Aunque hoy en día mucha gente celebra el nacimiento de Jesucristo, ya sea por motivos religiosos o comerciales, pocos de ellos tiene un adecuado conocimiento del propósito de su nacimiento.
Realmente, de acuerdo a la Palabra de Dios, Jesucristo nació teniendo desde el principio una misión específica, que era pagar con su vida por la remisión de nuestros pecados.
Así como el ángel le dijo a José, cuando Jesús aun estaba en el vientre de María:
Mateo 1:21“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”
“Jesús” en hebreo significa “el Señor (Jehová) nuestra salvación”, en realidad fue Jesucristo a través del cual el Señor, Jehová, traería salvación al pueblo y los salvaría de sus pecados.
Como la Palabra dice comentando sobre la sugerencia de Caifas, el sumo sacerdote de los judíos, sobre la crucifixión de Jesús:
Juan 11:50-52
50 ( Hablando Caifás) ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.
51 Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación;
52 y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.
Jesucristo iba a morir por todos nosotros y algunos de los efectos de esta muerte son los que vamos a examinar en este artículo.
1. Jesucristo: el redentor de nuestros pecados
Una de las cosas a la que muchas veces se refiere como resultado de la muerte de Jesús es la redención.
“Redención” es una acción que asume la existencia de un redentor, esto es, alguien que haga la redención posible y la existencia de un rescate que se paga por eso.
Para descubrir qué fue eso por lo que Jesucristo nos redimió así como el rescate que pagó vayamos a Tito 2:14 que dice:
Tito 2:14
“quien [Jesús] SE DIO A SÍ MISMO POR NOSOTROS PARA REDIMIRNOS DE TODA INIQUIDAD”
Jesucristo nos redimió DE TODA INIQUIDAD, y la obtuvo al DARSE A SÍ MISMO por nosotros.
En otras palabras, ÉL era el rescate para nuestra redención de “TODA INIQUIDAD”.
Como el mismo dijo en Mateo 20:28:
Mateo 20:28
“como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, Y PARA DAR SU VIDA EN RESCATE POR MUCHOS.”
Jesús vino para servir, Y PARA DAR SU VIDA EN RESCATE POR MUCHOS.”
Y tan grande era este rescate que se pagó por nosotros y de igual manera la redención que se obtuvo por eso.
Veamos Hebreos 9:11-12 donde habla sobre la redención:
Hebreos 9:11-12
11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación,
12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.
Los sacerdotes de la ley ofrecían becerros y cabras mediante los cuales intentaban obtener remisión por sus pecados.
Como veremos más delante, lo que hacían era inadecuado. Por otro lado, Jesús presentó a Dios SU PROPIA SANGRE mediante la cual obtuvo LA ETERNA REDENCIÓN POR NOSOTROS”. Como en Efesios 1:7 y Colosenses 1:14 también dicen:
Efesios 1:7
“en quien TENEMOS REDENCIÓN POR SU SANGRE, el perdón de pecados según las riquezas de su [de Dios] gracia,”
Colosenses 1:14
“En quien ]Jesús] TENEMOS REDENCIÓN POR SU SANGRE, el perdón de pecados:”
La redención no está en nuestras buenas obras y comportamiento.
No está en nuestra devoción religiosa.
No está en nuestro valor personal.
Sino que está en JESÚS.
Y es una redención “según las riquezas de su gracia” esto es, abundante y completa, así como leemos, eterna redención.
2. Jesucristo: nuestro redentor por el pecado de Adán
Como se mencionó en la última sección, Jesucristo era el rescate que se pagó por TODOS nuestros pecados, por “TODAS nuestras iniquidades” como en Tito 2:14 dice.
Sin embargo, se debe poner en claro que para ese “TODOS (AS)”, aparte de los pecados que uno comete durante su vida, también se incluye el pecado que Adán cometió con su caída, el cual pasa de generación en generación a toda la humanidad, haciéndolos pecadores desde el momento en que nacen. Como en Romanos 5:18-19 dice:
Romanos 5:18-19
18 Así que, como por la transgresión de uno (Adán) vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno (Jesús) vino a todos los hombres la justificación de vida.
19 Porque así como por la desobediencia de un hombre (Adán) los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno (Jesús), los muchos serán constituidos justos.
La desobediencia de Adán no le costó solo su propia caída , sino que también hizo pecadores a todos los que han nacido después de él, aunque ellos mismo no hayan cometido ese pecado. Así que, no hay ningún hombre que pueda decir que no necesita redención, porque aun en el caso hipotético de que no haya hecho nada malo, aun sigue teniendo el pecado de Adán que lo hace pecador desde el momento de su nacimiento.
Obviamente, nuestra redención sería completamente inadecuada, si no incluyera el pecado de Adán.
En realidad, ¿cuál sería la ganancia si fuéramos “redimidos” por los pecados que ya hemos cometido y no por los pecados que aun no hemos hecho, y aun se nos ha cobrado el pecado de Adán?
Por lo cual, Jesucristo también nos ha redimido del pecado que Adán nos heredó. Y esto es lo que hizo, Romanos 5:19 dice:
Romanos 5:19
“Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la OBEDIENCIA DE UNO [Jesús], LOS MUCHOS SERÁN CONSTITUIDOS JUSTOS”.
Aunque el pecado de Adán pase de generación en generación, infectando a todos los hombres, a través de la obediencia y sacrificio del Señor Jesús, todos nos podemos librar no solo de ese pecado sino también todo pecado que haya infectado nuestras vidas. Tito 2:14 dice:
Tito 2:14
“quien [Jesús] SE DIO A SÍ MISMO POR NOSOTROS PARA REDIMIRNOS DE TODA INIQUIDAD”
Cuando dice TODA iniquidad significa TODA iniquidad obviamente incluyendo el pecado de Adán.
Hoy cuando alguien nace, sigue naciendo como pecador.
Sin embargo, ahora hay una salida de esa situación, que se llama creer en el Señor Jesucristo. Hechos 10:43 dice:
Hechos 10:43
“De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.”
Así de fácil: tu crees en Jesucristo y todos tus pecados son perdonados. Ya costó mucho para obtenerlo, costó la preciosa sangre del unigénito Hijo de Dios.
Entonces para concluir, aunque en el primer nacimiento nacemos pecadores, en el segundo nacimiento, el nacimiento de arriba (ver Juan 3:3-8), el cual ocurre en el momento en que creemos en el Señor Jesús y en su resurrección, somo nacidos de nuevo, totalmente puros, puesto que esta creencia, que es responsable de este segundo nacimiento, nos limpia de TODO pecado.
3. Jesucristo: el perfecto sacrificio
Habiendo visto que el sacrificio de Jesucristo nos redimió de todo pecado, es posible que alguien pregunte ¿cuál era el rol de los varios sacrificios y ofrendas que están registradas en la ley , cuyo objetivo era el perdón de pecados por los cuales eran ofrecidos?
Antes de decir algo sobre el valor de esos sacrificios, se debe poner en claro, que no había nada anticipado en la ley para el perdón del pecado de Adán.
No había nada que pudiera ayudar al hombre a deshacerse de el.
Así que la gente nacía como pecadora y seguía como pecadora aunque hayan ofrecido todos los sacrificios de la ley por los varios pecados registrados ahí.
Esta situación cambió con el sacrificio de Jesús después del cual, aunque hayamos nacido pecadores, podemos ser limpios de este pecado y de hecho de todos los pecados, creyendo en Cristo.
Ahora, dejando a un lado el pecado de Adán y regresando a los sacrificios y ofrendas registrados en la ley, la Palabra de Dios los caracteriza como inadecuados. Hebreos 10:1-4 dice:
Los sacerdotes de la ley ofrecían becerros y cabras mediante los cuales intentaban obtener remisión por sus pecados.
Como veremos más delante, lo que hacían era inadecuado. Por otro lado, Jesús presentó a Dios SU PROPIA SANGRE mediante la cual obtuvo LA ETERNA REDENCIÓN POR NOSOTROS”. Como en Efesios 1:7 y Colosenses 1:14 también dicen:
Efesios 1:7
“en quien TENEMOS REDENCIÓN POR SU SANGRE, el perdón de pecados según las riquezas de su [de Dios] gracia,”
Colosenses 1:14
“En quien ]Jesús] TENEMOS REDENCIÓN POR SU SANGRE, el perdón de pecados:”
La redención no está en nuestras buenas obras y comportamiento.
No está en nuestra devoción religiosa.
No está en nuestro valor personal.
Sino que está en JESÚS.
Y es una redención “según las riquezas de su gracia” esto es, abundante y completa, así como leemos, eterna redención.
2. Jesucristo: nuestro redentor por el pecado de Adán
Como se mencionó en la última sección, Jesucristo era el rescate que se pagó por TODOS nuestros pecados, por “TODAS nuestras iniquidades” como en Tito 2:14 dice.
Sin embargo, se debe poner en claro que para ese “TODOS (AS)”, aparte de los pecados que uno comete durante su vida, también se incluye el pecado que Adán cometió con su caída, el cual pasa de generación en generación a toda la humanidad, haciéndolos pecadores desde el momento en que nacen. Como en Romanos 5:18-19 dice:
Romanos 5:18-19
18 Así que, como por la transgresión de uno (Adán) vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno (Jesús) vino a todos los hombres la justificación de vida.
19 Porque así como por la desobediencia de un hombre (Adán) los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno (Jesús), los muchos serán constituidos justos.
La desobediencia de Adán no le costó solo su propia caída , sino que también hizo pecadores a todos los que han nacido después de él, aunque ellos mismo no hayan cometido ese pecado. Así que, no hay ningún hombre que pueda decir que no necesita redención, porque aun en el caso hipotético de que no haya hecho nada malo, aun sigue teniendo el pecado de Adán que lo hace pecador desde el momento de su nacimiento.
Obviamente, nuestra redención sería completamente inadecuada, si no incluyera el pecado de Adán.
En realidad, ¿cuál sería la ganancia si fuéramos “redimidos” por los pecados que ya hemos cometido y no por los pecados que aun no hemos hecho, y aun se nos ha cobrado el pecado de Adán?
Por lo cual, Jesucristo también nos ha redimido del pecado que Adán nos heredó. Y esto es lo que hizo, Romanos 5:19 dice:
Romanos 5:19
“Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la OBEDIENCIA DE UNO [Jesús], LOS MUCHOS SERÁN CONSTITUIDOS JUSTOS”.
Aunque el pecado de Adán pase de generación en generación, infectando a todos los hombres, a través de la obediencia y sacrificio del Señor Jesús, todos nos podemos librar no solo de ese pecado sino también todo pecado que haya infectado nuestras vidas. Tito 2:14 dice:
Tito 2:14
“quien [Jesús] SE DIO A SÍ MISMO POR NOSOTROS PARA REDIMIRNOS DE TODA INIQUIDAD”
Cuando dice TODA iniquidad significa TODA iniquidad obviamente incluyendo el pecado de Adán.
Hoy cuando alguien nace, sigue naciendo como pecador.
Sin embargo, ahora hay una salida de esa situación, que se llama creer en el Señor Jesucristo. Hechos 10:43 dice:
Hechos 10:43
“De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.”
Así de fácil: tu crees en Jesucristo y todos tus pecados son perdonados. Ya costó mucho para obtenerlo, costó la preciosa sangre del unigénito Hijo de Dios.
Entonces para concluir, aunque en el primer nacimiento nacemos pecadores, en el segundo nacimiento, el nacimiento de arriba (ver Juan 3:3-8), el cual ocurre en el momento en que creemos en el Señor Jesús y en su resurrección, somo nacidos de nuevo, totalmente puros, puesto que esta creencia, que es responsable de este segundo nacimiento, nos limpia de TODO pecado.
3. Jesucristo: el perfecto sacrificio
Habiendo visto que el sacrificio de Jesucristo nos redimió de todo pecado, es posible que alguien pregunte ¿cuál era el rol de los varios sacrificios y ofrendas que están registradas en la ley , cuyo objetivo era el perdón de pecados por los cuales eran ofrecidos?
Antes de decir algo sobre el valor de esos sacrificios, se debe poner en claro, que no había nada anticipado en la ley para el perdón del pecado de Adán.
No había nada que pudiera ayudar al hombre a deshacerse de el.
Así que la gente nacía como pecadora y seguía como pecadora aunque hayan ofrecido todos los sacrificios de la ley por los varios pecados registrados ahí.
Esta situación cambió con el sacrificio de Jesús después del cual, aunque hayamos nacido pecadores, podemos ser limpios de este pecado y de hecho de todos los pecados, creyendo en Cristo.
Ahora, dejando a un lado el pecado de Adán y regresando a los sacrificios y ofrendas registrados en la ley, la Palabra de Dios los caracteriza como inadecuados. Hebreos 10:1-4 dice:
Hebreos 10:1-4
1 Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.
2 De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.
3 Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados;
4 porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
Como el ultimo versiculo del pasaje anterior pone en claro, los sacrificios animales que la ley contemplaba para la remisión de pecados era insuficiente, porque dice “porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.” Y puesto que en Hebreos 9:22 dice:
Hebreos 9:22
“sin derramamiento de sangre no se hace remisión”.
Es obvio que para la verdadera remisión se necesitaba derramar otra sangre. Y cual era? La sangre de Jesucristo. En Hebreos 10:6-12 dice:
Hebreos 10:10-12
10 En esa voluntad[ver vers. 5-9 para el contexto] somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.
11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
Como el ultimo versiculo del pasaje anterior pone en claro, los sacrificios animales que la ley contemplaba para la remisión de pecados era insuficiente, porque dice “porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.” Y puesto que en Hebreos 9:22 dice:
Hebreos 9:22
“sin derramamiento de sangre no se hace remisión”.
Es obvio que para la verdadera remisión se necesitaba derramar otra sangre. Y cual era? La sangre de Jesucristo. En Hebreos 10:6-12 dice:
Hebreos 10:10-12
10 En esa voluntad[ver vers. 5-9 para el contexto] somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.
11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,
Jesús trató con el problema del pecado UNA VEZ Y PARA SIEMPRE.
Por otro lado, los sacerdotes quienes repetidamente ofrecían los mismo sacrificios “los cuales nunca pueden quitar los pecados”, Su sacrificio por los pecados fue UNO, mediante el cual obtuvo “eterna redención” (Hebreos 9:12).
Es por eso que ya no hay necesidad de otros sacrificios, como también en Hebreos 10:18 muy claramente dice:
Hebreos 10:18
Jesús trató con el problema del pecado UNA VEZ Y PARA SIEMPRE.
Por otro lado, los sacerdotes quienes repetidamente ofrecían los mismo sacrificios “los cuales nunca pueden quitar los pecados”, Su sacrificio por los pecados fue UNO, mediante el cual obtuvo “eterna redención” (Hebreos 9:12).
Es por eso que ya no hay necesidad de otros sacrificios, como también en Hebreos 10:18 muy claramente dice:
Hebreos 10:18
“Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.”
Este pasaje no dice que ya no hay pecado.
Lo que dice es que ya no hay más ofrenda por el pecado.
Y esto porque la ofrenda de Jesucristo tiene poder eterno contra el pecado.
No solo contra los pecados que ya hemos cometido como impíos o contra el pecado de Adán, sino también contra los pecados que podamos haber cometido después de convertirnos a Cristo.
Esos pecados también son perdonados a través del poder redentor de la sangre de Jesús, cuando son confesados a Dios. 1 de Juan 1:7-9 dice:
Este pasaje no dice que ya no hay pecado.
Lo que dice es que ya no hay más ofrenda por el pecado.
Y esto porque la ofrenda de Jesucristo tiene poder eterno contra el pecado.
No solo contra los pecados que ya hemos cometido como impíos o contra el pecado de Adán, sino también contra los pecados que podamos haber cometido después de convertirnos a Cristo.
Esos pecados también son perdonados a través del poder redentor de la sangre de Jesús, cuando son confesados a Dios. 1 de Juan 1:7-9 dice:
1 Juan 1:7-9
7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
La sangre de Jesús es la única medicina que puede curarnos de la enfermedad del pecado. La ley ordenaba cierto sacrificio para un cierto pecado, otro sacrificio para otro tipo de pecado etc.
Y aun así todos esos sacrificios no pudieron curar el problema del pecado. Sin embargo, lo que la ley no pudo obtener, Jesucristo lo obtuvo sacrificándose a sí mismo.
Ahora, todo aquel que cree en Él es lavado de TODOS sus pecados. Como en Apocalipsis 1:5 dice:
Apocalipsis 1:5
“y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,”
Jesucristo nos lavó de nuestros pecados con su sangre.
Él fue quien hizo el trabajo. Ni si quiera dice que nos lavamos a nosotros mismos.
Él lo hizo todo.
Y lo hizo COMPLETAMENTE sin la necesidad de algo más.
4. Jesucristo; nuestra reconciliación con Dios
Habiendo visto que el sacrificio de Jesucristo nos dio la remisión de nuestros pecados, avancemos para ver algo mas que también nos dio, a través de su remisión.
¿Qué es eso? Nuestra reconciliación con Dios.
Antes del sacrificio de Jesús eramos pecadores y de ese modo enemigos de Dios, después de su sacrificio y de creer en él, somos redimidos y lavados de nuestros pecados.
Eso nos hace justos y nos reconcilia con Dios. Como en Romanos 5:6-10 dice:
Romanos 5:6-10
6 Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.
La sangre de Jesús es la única medicina que puede curarnos de la enfermedad del pecado. La ley ordenaba cierto sacrificio para un cierto pecado, otro sacrificio para otro tipo de pecado etc.
Y aun así todos esos sacrificios no pudieron curar el problema del pecado. Sin embargo, lo que la ley no pudo obtener, Jesucristo lo obtuvo sacrificándose a sí mismo.
Ahora, todo aquel que cree en Él es lavado de TODOS sus pecados. Como en Apocalipsis 1:5 dice:
Apocalipsis 1:5
“y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,”
Jesucristo nos lavó de nuestros pecados con su sangre.
Él fue quien hizo el trabajo. Ni si quiera dice que nos lavamos a nosotros mismos.
Él lo hizo todo.
Y lo hizo COMPLETAMENTE sin la necesidad de algo más.
4. Jesucristo; nuestra reconciliación con Dios
Habiendo visto que el sacrificio de Jesucristo nos dio la remisión de nuestros pecados, avancemos para ver algo mas que también nos dio, a través de su remisión.
¿Qué es eso? Nuestra reconciliación con Dios.
Antes del sacrificio de Jesús eramos pecadores y de ese modo enemigos de Dios, después de su sacrificio y de creer en él, somos redimidos y lavados de nuestros pecados.
Eso nos hace justos y nos reconcilia con Dios. Como en Romanos 5:6-10 dice:
Romanos 5:6-10
6 Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.
7 Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.
8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.
Jesucristo murió por nosotros, cuando aun eramos pecadores y enemigos de Dios.
Con su muerte, nos reconcilió con Dios, porque su muerte pagó por todos nuestros pecados y nos transformó, cuando creímos, de pecadores a justos. Como en 1 de Pedro 3:18 dice:
1 de Pedro 3:18
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;”
Jesucristo, el justo que sufrió por todos nosotros, los injustos, y con su sacrificio nos LLEVÓ a Dios. Ahora, si Cristo nos llevó a Dios, ¿necesitaremos todavía que nos lleven a Él?
No, porque Cristo ya lo hizo.
Como cristianos, ya no estamos lejos de Dios ni necesitamos ser llevados a Él, sino que estamos reconciliados con Él.
Y no fuimos nosotros los que hicimos esto posible, sino Jesús. Como el texto dice: “PADECIÓ... para llevarnos a Dios”.
Además, Colosenses 1:19-23 agrega:
Colosenses 1:19-23
19 por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,
Jesucristo murió por nosotros, cuando aun eramos pecadores y enemigos de Dios.
Con su muerte, nos reconcilió con Dios, porque su muerte pagó por todos nuestros pecados y nos transformó, cuando creímos, de pecadores a justos. Como en 1 de Pedro 3:18 dice:
1 de Pedro 3:18
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;”
Jesucristo, el justo que sufrió por todos nosotros, los injustos, y con su sacrificio nos LLEVÓ a Dios. Ahora, si Cristo nos llevó a Dios, ¿necesitaremos todavía que nos lleven a Él?
No, porque Cristo ya lo hizo.
Como cristianos, ya no estamos lejos de Dios ni necesitamos ser llevados a Él, sino que estamos reconciliados con Él.
Y no fuimos nosotros los que hicimos esto posible, sino Jesús. Como el texto dice: “PADECIÓ... para llevarnos a Dios”.
Además, Colosenses 1:19-23 agrega:
Colosenses 1:19-23
19 por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,
20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.
21 Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado
21 Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado
22 en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;
23 si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.
¿Seguimos siendo enemigos de Dios? ¿Seguimos siendo extraños frente a él? No, “erais en otro tiempo extraños y enemigos”, ya no.
Porque “ahora [Dios] os ha reconciliado en su [Jesús] cuerpo de carne, por medio de la muerte”.
Como en Efesios 2:19 dice:
Efesios 2:19
“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,”
5. Conclusión
En este articulo examinamos algunos de los efectos del sacrificio de Jesús, dando un énfasis especial a la redención de los pecados que se obtuvo mediante esto.
Como vimos, por su muerte Jesús nos redimió de todo pecado, incluyendo el pecado de Adán, reconciliándonos con Dios. Por lo cual, ya no somos pecadores, ni extraños, ni enemigos de Dios. De lo contrario, somos salvos, justos, santificados y reconciliados con Dios, y todo esto no porque hicimos algo, sino porque Jesucristo, nuestro redentor lo hizo, dándose a sí mismo en rescate por todos nosotros.
Entonces para cerrar este artículo, tengamos en mente las palabras de 1 de Pedro 18-19 que dicen:
1 de Pedro 1.18-19
18)sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,
¿Seguimos siendo enemigos de Dios? ¿Seguimos siendo extraños frente a él? No, “erais en otro tiempo extraños y enemigos”, ya no.
Porque “ahora [Dios] os ha reconciliado en su [Jesús] cuerpo de carne, por medio de la muerte”.
Como en Efesios 2:19 dice:
Efesios 2:19
“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,”
5. Conclusión
En este articulo examinamos algunos de los efectos del sacrificio de Jesús, dando un énfasis especial a la redención de los pecados que se obtuvo mediante esto.
Como vimos, por su muerte Jesús nos redimió de todo pecado, incluyendo el pecado de Adán, reconciliándonos con Dios. Por lo cual, ya no somos pecadores, ni extraños, ni enemigos de Dios. De lo contrario, somos salvos, justos, santificados y reconciliados con Dios, y todo esto no porque hicimos algo, sino porque Jesucristo, nuestro redentor lo hizo, dándose a sí mismo en rescate por todos nosotros.
Entonces para cerrar este artículo, tengamos en mente las palabras de 1 de Pedro 18-19 que dicen:
1 de Pedro 1.18-19
18)sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,
19)sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,”
Versión Bíblica: Reina- Valera
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